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SECRETARÍA DE PRENSA
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R.P Pedro Arrupe S.J, un hombre para los demás

El R.P Pedro Arrupe S.J fue Superior General de la Compañía de Jesús entre 1965 y 1983. Había nacido el día 14 de noviembre de 1907, en Bilbao, España. Realizó estudios de medicina con brillantes resultados, pero en 1927 decidió ingresar al noviciado de los jesuitas en Loyola, tierra natal de San Ignacio. En 1932, el nuevo gobierno republicano disolvió la Compañía de Jesús en todo el territorio español, y el joven Arrupe, al igual que sus compañeros, debió emprender el exilio y completar sus estudios filosóficos en Bélgica, iniciando un largo éxodo que de algún modo durará toda su vida y que lo capacitó en el manejo de varios idiomas y en la experiencia intercultural e internacional. En 1936 es ordenado sacerdote.

Luego se tiene que desplazar a Holanda, a raíz de las turbulencias de la Segunda Guerra Mundial, donde prosigue sus estudios con una atención especial a la Moral Médica que hizo a su vez que lo destinaran a especializarse en ese campo en Estados Unidos. 

Finalmente, luego de solicitarlo varias veces, se le concede ir como misionero a Japón. Se esforzó en estudiar la lengua y la idiosincrasia de ese país, iniciando un profundo diálogo e inmersión en la cultura oriental. No obstante, al ingresar Japón en la guerra, dada su condición de extranjero, Arrupe es acusado sorprendentemente de espionaje y es encarcelado e incomunicado durante un mes, experiencia que él recordaba como el período más aleccionador de su vida. 

Al ser nombrado luego Maestro de Novicios intensificó sus esfuerzos para adentrarse más en la vida y en el alma japonesa y así guiar mejor a los jóvenes que se unían a la Compañía, apreciando los modos de actuar y de reaccionar, la ceremonia del té, el arte de escribir, el disparo del arco, bajo la orientación de bonzos budistas. 

El día 6 de agosto de 1945 estalló la primera bomba atómica sobre Hiroshima a 6 km de donde se hallaba la Casa del Noviciado. Con los jóvenes novicios decide hacer del Noviciado un hospital de campaña en medio de una horrorosa devastación.

Años después, es designado Vice-Provincial y se lanzó durante un año a recorrer España, Italia, Francia, Estados Unidos y varios de América Latina para conseguir recursos humanos y materiales, estableciendo un puente de ida y vuelta entre Oriente y Occidente. Convirtiéndose en un “vasco universal” como muchos lo mencionan. En 1958 el Japón se constituyó en Provincia Jesuítica independiente y el R.P Pedro Arrupe S.J fue nombrado su primer Provincial. Gracias a su talento organizativo, dio un gran empuje al crecimiento de la Compañía durante su gobierno, así como a la Universidad de Sophia que los jesuitas tienen en Tokio. 

Arrupe, un protagonista del pos-Concilio
El Concilio Vaticano II (1962-1965), fue el acontecimiento eclesial más significativo del siglo veinte que repercutió hondamente en la Compañía, que casi simultáneamente en esos años celebraba su Congregación General XXXI (1965-1966). En el transcurso de esta Asamblea –órgano supremo de gobierno de la Compañía de Jesús– Pedro Arrupe fue elegido como Superior General. Bajo su liderazgo la orden adquiere una renovación y una reorientación que hace que muchos lo designen como un “segundo fundador”. 

Entre 1974 y 1975, prolongando y profundizando el proceso de renovación pedido por el Concilio, tuvo lugar la Congregación General XXXII que manifiesta una notable redefinición de la la identidad y el ministerio de los jesuitas mediante una formulación contundente: “el servicio de la fe y la promoción de la justicia que esta fe implica.” Esta “opción focal” significa que el objetivo de la fe y la justicia tienen que informarlo todo en simultáneo: la vida personal y comunitaria, la acción y las instituciones.

Arrupe presintió que esta decisión causaría nuevos mártires en la Compañía de Jesús. Efectivamente fueron varias decenas de jesuitas que desde entonces fueron violentamente eliminados, a causa de su empeño evangelizador en favor de la fe y de la justicia. Aquí solamente mencionamos al jesuita salvadoreño R.P. Rutilio Grande S.J –beatificado el 22 de enero de 2022– y a R.P Ignacio Ellacuría S.J –Rector de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas– y a otros profesores jesuitas. 

Un antecedente de la importancia que Arrupe otorgaba a esta perspectiva fue la creación en 1969 del Secretariado para la Justicia Social. En conexión estrecha con esta tarea por la justicia, el R.P. Arrupe S.J también impulsó la creación en 1980 del Servicio Jesuita a Refugiados para responder inicialmente a la situación de los refugiados vietnamitas y luego a refugiados de todo el mundo, que hoy día es una de las mayores preocupaciones del Papa Francisco.

Otro gran aporte de Arrupe fue introducir la cuestión de la “inculturación” en que señalaba que, sin renunciar a la universalidad de los valores humanos, el valorar propio de cada cultura y la necesidad de buscar un sereno equilibrio entre lo universal y lo contingente, entre unidad y pluralismo, entre autoridad y subsidiariedad. También tuvo gran repercusión su carta de 1980 sobre el Análisis Marxista, cuestión muy candente de esos años. Asimismo, sus consideraciones sobre la Vida Religiosa, impactó fuertemente no sólo entre los jesuitas sino en otras muchas Órdenes y Congregaciones que le valieron ser elegido Presidente de la Unión de Superiores Generales desde 1965 hasta 1983.

En cuanto a la educación –además de crear el Secretariado de Educación para fortalecer la unión y coordinación global de los establecimientos jesuíticos– ahora solamente podemos mencionar una de sus alocuciones más significativas cuando en 1973 –dirigiéndose extensamente al  X Congreso Europeo de Asociaciones de Antiguos Alumnos– proclama como objetivo de las instituciones educativas formar “agentes de cambio” y “hombres para los demás”, comprometidos con la dignidad humana y el bien común, al servicio de la fe y la promoción de la justicia. 

No obstante, sus pronunciamientos y decisiones también provocaron fuertes tensiones dentro y fuera de la Compañía y de la Iglesia. Sus últimos años fueron difíciles teniendo que orientar la Compañía entre quienes no querían cambiar nada y los que pretendían cambiarlo todo. En 1980 decide presentar su renuncia, era la primera vez que un Superior General de los jesuitas dimitía a su cargo que hasta entonces era vitalicio. Juan Pablo II no la acepta. 

Luego de una intensa gira por Filipinas y Tailandia, al aterrizar en Roma en agosto de 1981, sufrió una trombosis cerebral que le dejó incapacitado, además de limitarle severamente el habla. Para el R.P. Arrupe S.J comenzaban diez años de silencio. El Papa nombró un delegado interventor y la Compañía no pudo elegir a su sucesor hasta dos años más tarde. 

Arrupe falleció en Roma el día 5 de febrero de l991. Había estado en Argentina en 1973 cuando el Papa Francisco en ese entonces era Provincial de los Jesuitas. En 2019 con el inicio de su proceso de beatificación se ha revitalizado el legado del R.P. Arrupe S.J, un hombre ciertamente para los demás. 

Eloy Mealla
Seminario Permanente Pedagogía Ignaciana
Vicerrectorado de Formación
Universidad del Salvador – Buenos Aires
Febrero 2022

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