Alumnos de la carrera de Veterinaria de la sede Virasoro realizaron rotaciones de alta complejidad en Buenos Aires
Desde el pasado 27 de julio, estudiantes de los últimos años de la carrera de Veterinaria de la Facultad de Ciencias Agrarias y Veterinarias del Campus Universitario “San Roque González de Santa Cruz”, Gobernador Virasoro, provincia de Corrientes, de la Universidad del Salvador (USAL), participan de intensivas rotaciones hospitalarias en la Provincia de Buenos Aires. La iniciativa, coordinada por el Secretario Académico Damián Cohn, busca fortalecer la formación práctica en entornos de alta exigencia académica y asistencial.
El itinerario formativo combina la atención especializada en pequeños animales dentro del Hospital Escuela "San Francisco de Asís" del Campus Universitario “Nuestra Señora del Pilar” con el entrenamiento en medicina e intervenciones de alta exigencia en el Centro de Rehabilitación Hospital Equino Kawell (Solís), reconocido por ser el primer hospital integral de alta complejidad con rehabilitación equina de Latinoamérica.
De la teoría a la práctica quirúrgica
Durante la estadía en Kawell, los alumnos Maira Vianna, Luciana Riccardo, Maia Lorena Da Silva, Andrea Pezuk y Agustín Borrath se adentraron en la rutina médica e interactuaron con equipamiento e infraestructura de estándar internacional, participando desde el primer día en intervenciones de alta exigencia.
“Llegamos el lunes 27 y nos mostraron las instalaciones, los casos del momento y cómo se manejan los equinos deportivos. Justo el día que llegamos había una ovariectomía; para mí era la primera vez que veía una cirugía en una yegua y estuvo muy bueno”, destacó la estudiante Luciana Riccardo.
Por su parte, la alumna Maira Vianna participó de forma activa en la intervención quirúrgica como instrumentista:“Me sorprendió llevar la teoría a la práctica. Todo lo que estudié sobre métodos de esterilización estaba ahí cumplido. Como tenía el equipo estéril junto a los dos cirujanos, era de las únicas que podía tocar los instrumentales y las suturas. Por ser el primer día fue una experiencia totalmente diferente: fue asistir a alguien que no conocíamos en una cirugía de una yegua de 600 kilos, con otro equipamiento y todo en dimensión grande”.
Además de la práctica quirúrgica bajo estrictos protocolos, el recorrido incluyó el aprendizaje sobre técnicas avanzadas de fisioterapia, rehabilitación y preparación física de ejemplares de elite que compiten en los torneos más exigentes del país, como el Abierto de Polo de Palermo. El estudiante Agustín Borrath resaltó el impacto de conocer una infraestructura de esta magnitud: “Kawell estuvo tremendo. Recorrimos la pileta, la cámara hiperbárica y vimos cómo hacen el pre-training de los caballos de polo. Son caballos de punta que en el interior generalmente no se ven. Ver cómo aplican radiofrecuencia en las articulaciones y observar toda la parte de fisioterapia, que es gigantesca, estuvo buenísimo”.
Asimismo, los alumnos destacaron el valor humano y la especialización del cuerpo profesional a cargo del centro, compuesto por veterinarios, internos y pasantes dedicados en exclusividad a la medicina equina: “Sorprende el control que tienen en el día a día de cada caballo en los boxes y la atención tan personalizada. Hay un equipo dedicado toda la vida a los equinos; es gente a la que le apasionan los caballos y eso se nota desde el primer momento”, concluyó Agustín.
La experiencia en el Hospital Escuela Veterinario “San Francisco de Asís”
En el Campus Universitario “Nuestra Señora de Pilar” los estudiantes fueron recibidos por donde la Directora académica del Hospital Escuela Veterinario “San Francisco de Asís” , Dra. Marina Belliard, quién les ofreció una recorrida por las instalaciones antes de comenzar las jornadas con los casos clínicos.
Durante la semana, los alumnos rotaron diariamente con distintos especialistas de la sede: “Vimos Cardiología, Oftalmología, Rayos y Dermatología. Por ahí uno como veterinario está más acostumbrado a ver clínica general, no tantas especialidades que son cosas más de Buenos Aires. Esto nos permitió profundizar mucho”, explicaron los estudiantes.
Desafíos académicos: el salto del libro al paciente real
Enfrentar la práctica en centros de alta complejidad implicó también poner a prueba los conocimientos teóricos y medirse profesionalmente en escenarios reales de salud animal.
Por su parte, Maira Vianna destacó el impacto positivo de ver confirmada la teoría leída en los exámenes recientes a través del diagnóstico por imágenes: “En Kawell coordinaron para que podamos hacer ecografía de tendones. Yo venía de rendir Patología Quirúrgica en julio y tenía los conceptos muy frescos sobre el aparato locomotor. Cuando estábamos ahí vimos un equino que tenía roto el ligamento extensor y era exactamente la misma patología y la misma postura corporal que yo había estudiado en la teoría. Verlo tal cual, en vivo, y no en una imagen o video, fue impresionante. Nos sirvió para medirnos y ver el buen nivel con el que venimos desde allá”, explicó Maira.
El valor diferencial de la formación en la USAL: campo propio, atención personalizada y práctica diaria
Consultados sobre qué marca la diferencia en su trayectoria como futuros graduados de la Universidad del Salvador, los alumnos hicieron hincapié en la práctica intensiva y la cercanía pedagógica que caracteriza a la sede de Virasoro: “El diferencial principal es la práctica y el día a día. Estar en contacto constante con los animales desde que comenzas el ciclo profesional, es lo mejor que te puede pasar como estudiante: casos diarios de castraciones a través de la articulación comunitaria con Patitas Solidarias y, en Virasoro, la ventaja de contar con el campo propio. Tenemos un campo con vacas, toros, ovejas y rodeos, lo cual representa un aprendizaje gigantesco”, destacó Agustín.
A través de esta articulación, la Facultad recibe animales rescatados que requieren atención médica y tratamientos específicos: “Aprendemos mucho con la Dra. Laura, quien nos da Clínica de Pequeños y nos enseña a desarrollar nuestro propio criterio y a tomar decisiones con los pacientes, algo que para mí es clave”, agregó Agustín.
A esto se suma la disponibilidad de una Clínica Veterinaria propia en la sede correntina y la posibilidad de moldear el aprendizaje práctico de acuerdo a las necesidades y prioridades del alumnado junto al equipo docente: “En la Sede de Virasoro la Facultad nos ofrece una clínica propia. Durante el cuatrimestre anterior, todos los martes y viernes teníamos prácticas clínicas de pequeños animales con la Dra. Laura Piedades. Los martes veíamos consultas y la doctora nos preguntaba individualmente el criterio médico a cada uno: qué haríamos, si abordaríamos un caso de una forma u otra”, relató Luciana.
Luciana compartió además una vivencia personal sobre cómo la flexibilidad y personalización de las clases le permitieron superar temores en la práctica quirúrgica: “Por haber parado un año para rendir finales, cuando volví sentía que no me animaba más a la cirugía. Le pedí especialmente a la doctora si podíamos implementar cirugías los viernes para perder el miedo. Antes le decía a mi compañera: ‘Cortá vos, hacelo vos, Maira’, pero ahora me siento mucho más segura y me animo. La USAL nos da la posibilidad de personalizar la formación según los intereses o necesidades de cada uno”, explicó.
Acompañando esta mirada, los alumnos resaltaron las ventajas de estudiar en comisiones reducidas: “Al ser una sede donde nos conocemos todos, las clases son sumamente personalizadas. En nuestro caso, siendo el curso completo de quinto año realizando esta rotación, las prácticas se aprovechan al máximo y el acompañamiento docente es directo y constante”.
Sueños, desarrollo profesional y un abanico de posibilidades
Más allá de la consolidación técnica, la rotación funcionó como un espacio de reflexión sobre el futuro profesional y las diversas áreas de la medicina veterinaria en las que los alumnos proyectan dar sus primeros pasos o profundizar su vocación.
Maira Vianna compartió su experiencia previa en la atención de pequeños animales y su valiosa labor con la fauna autóctona en su provincia natal: “Trabajo en una veterinaria privada de pequeños animales, pero también hice varias prácticas en un centro de rescate de fauna en Misiones llamado “Ohana”. Allí se dedican a rehabilitar animales que sufrieron traumatismos o atropellamientos en rutas para poder liberarlos, o a cuidar en santuarios a aquellos que sufrieron mascotismo por tenencia ilegal”, explicó.
Por su parte, Maia Lorena Da Silva combina el trabajo en clínica privada con una marcada inclinación quirúrgica: “Trabajo en una veterinaria de pequeños animales con un profesor de la Facultad. Me gusta mucho la parte de clínica y de cirugía. Pero lo que vimos acá también me atrajo; por ejemplo, la parte de oftalmología me gustó mucho”, comentó dando cuenta de cómo estas experiencias abren el interés hacia nuevas especialidades.
Andrea Pezuk, por su parte, valora el contacto con el cuerpo docente y la diversidad de campos de aplicación: “Me llaman mucho la atención los pequeños animales y me tiro más por ese lado. Si bien todavía no estoy trabajando en ninguna veterinaria, acá me gustó mucho el tema de las especialidades y los profesionales que hay. Fue una experiencia muy linda”, expresó.
Para quienes se orientan al campo y la producción, la visita a Centros de Alta Complejidad representa un estímulo para profundizar sus conocimientos. Agustín Borrath señaló: “A mí me gusta mucho la parte de grandes animales, más enfocada en la producción, el manejo y el asesoramiento en los campos. Venir acá y ver un hospital de punta con especialistas de cada rubro te abre el abanico y te hace pensar en todas las opciones que existen cuando no estás del todo decidido”.
En el caso de Luciana Riccardo la rotación en Kawell despertó en ella una nueva motivación académica: “En la clínica de nuestra facultad hacíamos clínica de pequeños, que me llamaba la atención. Pero acá es otro mundo. Cuando nos mostraron el establecimiento de Kawell me encantó; es más, me incentivó a buscar cursos acerca de medicina equina ahora cuando vuelva a Virasoro”.
Un consejo para el camino profesional
Consultados sobre qué recomendación le darían a los ingresantes y estudiantes de los primeros años de la Carrera, los alumnos coincidieron en que la constancia y la actitud frente a las dificultades son pilares fundamentales para llegar a la meta. “Que le metan. Esto más que una carrera es perseverancia. Que estudien, pero sobre todo que no bajen los brazos y sean perseverantes. Es una carrera que lleva tiempo, pero le tenés que meter ganas y pasión”, enfatizaron los estudiantes.
Luciana Riccardo sumó una valiosa reflexión sobre el manejo de las frustraciones académicas a partir de su propia vivencia: “Es clave no frustrarse, porque salir mal en un final a veces te hace sentir mal o dudar de tu capacidad. Pero la verdad es que te hace aprender más. Yo tuve que rendir Semiológica tres veces; en la tercera sentía que sabía muchísimo más que antes y hoy puedo poner en práctica todo eso que estudié. No hay que frustrarse”, aconsejó entre risas.
Finalmente, respecto a las instancias de práctica clínica y hospitalaria, dejaron un mensaje directo para aprovechar cada oportunidad al máximo: “No tengan miedo. Si está la posibilidad y el doctor a cargo les da el espacio, participen. Aprovechen cada oportunidad”, concluyeron los futuros profesionales.
Con estas rotaciones y vivencias en el campo laboral, los estudiantes del Campus de la USAL de la Sede Virasoro no sólo consolidan conocimientos teóricos e instrumentales, sino que reafirman la vocación y el entusiasmo que impulsan el ejercicio de la Medicina Veterinaria.
Por Vanesa Sola, Secretaria de Prensa.
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