Docente de Agronomía participó en Brasil del Foro Internacional sobre “Fiebre Aftosa TAFS 2026”
El Ing. Matías F. T. Lestani, docente de la Carrera de Agronomía, participó del TAFS FORUM Foz do Iguaçú 2026, un Taller y encuentro internacional enfocado en el "Fortalecimiento de la resiliencia regional frente a la Fiebre Aftosa", celebrado recientemente en Foz do Iguaçú, Brasil, el 28 y 29 de octubre.
El evento fue organizado por el TAFS Forum (Foro Internacional para Enfermedades Animales Transfronterizas y Seguridad Alimentaria), una prestigiosa Organización independiente con sede en Suiza.
El objetivo principal del Foro Internacional fue analizar estrategias de prevención, vigilancia, rastreabilidad, preparación y capacidad de respuesta frente a la fiebre aftosa para proteger la Salud Animal en la región.
Las enfermedades tienen un origen epidemiológico, pero su impacto es productivo y social. La fiebre aftosa es una de ellas, donde la estrategia sanitaria se adapta territorialmente de acuerdo con la situación epidemiológica y los objetivos sanitarios.
Un concepto esencial de la epidemiología es no confundir la ausencia de enfermedad con la ausencia de riesgo. Es por eso que el debate correcto no debería simplemente acotarse a la discusión de si vacunamos o dejamos de vacunar; esto sería una absurda simplificación.
La modificación de una estrategia de vacunación requiere reemplazarla solo cuando epidemiológicamente corresponda, y por un sistema de vigilancia, diagnóstico, trazabilidad y respuesta que mantenga o mejore el nivel de protección actual. Ahí es donde se disparan una serie de preguntas a las cuales deberíamos responder:
¿Tenemos evidencia epidemiológica suficiente para modificar la estrategia?
¿Tenemos un sistema de vigilancia robusto?
¿Contamos con capacidad de diagnóstico rápida?
¿En qué situación nos encontramos en temas como trazabilidad y bioseguridad?
¿Contamos con la capacidad de reaccionar rápidamente ante una reintroducción?
Un programa sanitario se puede modificar, pero la decisión tiene que estar basada en el riesgo y la evidencia, no solamente en la ausencia reciente de casos.
Otro aspecto a tener en cuenta es que gran parte de los países del mundo utilizan referencias sanitarias en común. Esto nace por la necesidad de homologar protocolos sanitarios y fitosanitarios, lo cual se vuelve un requerimiento fundamental para el comercio internacional. La normativa internacional establece estándares, pero las políticas sanitarias deben adaptarse al riesgo.
Y aquí cabe una aclaración importante: tener estándares comunes no significa tener riesgos epidemiológicos idénticos, y eso es precisamente parte del desafío. Cada país tiene enfermedades, vectores, sistemas productivos, climas y condiciones epidemiológicas diferentes; es por eso que hay que prestar atención a la calidad de las vacunas procedentes de otros países.
Cuando una enfermedad desaparece durante muchos años, aparece una paradoja. La sociedad empieza a preguntarse: si no tenemos la enfermedad, ¿por qué seguimos vacunando?, ¿por qué seguimos controlando?, ¿por qué seguimos invirtiendo recursos? En estos casos podríamos estar confundiendo causa y consecuencia.
Cuando un sistema sanitario exitoso empieza a relajarse, si se reduce la cobertura, aumenta la población susceptible, puede comenzar la circulación silenciosa, después aparece el brote y, finalmente, llegan las pérdidas productivas, las restricciones comerciales y la pérdida de mercados.
“Quizás no tenemos la enfermedad precisamente porque estamos vacunando, vigilando y controlando”. Por eso, la ausencia de casos no necesariamente significa ausencia de riesgo.
A la Sanidad Animal muchas veces se la observa solamente como un costo, pero yo propondría mirarla de otra manera: la sanidad animal es infraestructura productiva. De la misma manera que necesitamos caminos, puertos o energía para producir y exportar, necesitamos un estatus sanitario único, vigilancia y certificación para acceder a los mercados. Un país que pierde su condición sanitaria puede perder en días mercados que tardó años en construir.
Tenemos que entender que detrás de estos programas hay enfermedades concretas que muestran por qué los países necesitan una estructura de implementación en forma de APP (asociación público-privada); en nuestro caso, las fundaciones de vacunación. Esto adquiere todavía mayor dimensión cuando ponemos en la balanza cuánto depende Argentina de la producción de proteínas animales y, por ende, la seguridad alimentaria regional.
Por todo esto es importante sostener los programas preventivos con una evaluación permanente del riesgo, manteniendo la capacidad diagnóstica y una capacidad de respuesta rápida. Para esto último se vuelve central la figura de los bancos de germoplasma.
Si tenemos claro que el costo de recuperar un estatus sanitario es muy superior al costo de conservarlo, y que el mayor riesgo sanitario puede aparecer cuando el éxito de la prevención nos hace olvidar por qué comenzamos a prevenir, entenderemos perfectamente que la vigilancia y la prevención no deberían depender de la memoria de una crisis. Tienen que constituir una política permanente.
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