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“La responsabilidad de la universidad frente a un cambio de época” por Jorge Cámpora

Comparto una reflexión acerca de uno de los grandes desafíos que enfrenta actualmente la Educación Superior: repensar el papel de la universidad en un contexto donde las profundas transformaciones científicas, tecnológicas y sociales nos invitan a renovar el sentido de su misión formativa.

Durante casi un milenio, la universidad contribuyó decisivamente a las grandes transformaciones de la humanidad. Ha sido el lugar donde generaciones de estudiantes aprendieron a comprender el mundo; allí el conocimiento encontró un espacio para crecer y se formaron muchas de las personas que hicieron posible el desarrollo científico, económico y social de sus comunidades. Sin embargo, el contexto en el que hoy desarrolla esa misión ha cambiado profundamente.

Vivimos una época en la que la velocidad del cambio supera nuestra capacidad habitual para comprender plenamente sus consecuencias. La inteligencia artificial constituye quizá su expresión más visible, aunque no la única. En este escenario, el conocimiento circula con una velocidad y una amplitud sin precedentes. Acceder a la información ya no representa el principal desafío. La verdadera diferencia comienza a manifestarse en la capacidad para interpretarla, relacionarla con otros saberes y utilizarla con responsabilidad frente a problemas cada vez más complejos.

Este cambio nos invita a revisar una pregunta que considero esencial: ¿qué justifica hoy la existencia de la universidad cuando el conocimiento deja de ser el principal factor diferenciador? Si durante siglos gran parte de nuestros esfuerzos estuvieron orientados a ampliar el acceso al conocimiento, hoy ese propósito debe complementarse con otro igualmente decisivo: formar personas capaces de ejercer un criterio sólido para orientar ese conocimiento hacia el desarrollo humano y el bien común.

El conocimiento seguirá siendo el fundamento de toda formación universitaria. Ninguna sociedad progresa renunciando al rigor académico ni a la investigación. Sin embargo, comprender los hechos, analizar alternativas y reconocer las consecuencias de nuestras decisiones se convierten hoy en capacidades tan relevantes como el dominio de cualquier disciplina profesional.

Por esa razón, considero que la universidad está llamada a fortalecer una de las capacidades más profundamente humanas: el discernimiento. No se trata únicamente de elegir entre distintas opciones, sino de comprender el sentido de nuestras decisiones, sostener una reflexión crítica y asumir responsablemente el impacto de aquello que decidimos.

La Educación Superior siempre fue mucho más que un espacio para transmitir conocimientos. Es una comunidad donde se aprende a argumentar con fundamento, a escuchar posiciones diferentes, a revisar las propias convicciones y a comprender que toda decisión genera consecuencias que trascienden a quien la toma.

Esa dimensión formativa adquiere hoy una relevancia aún mayor porque las transformaciones de nuestro tiempo exigen profesionales competentes, pero también ciudadanos capaces de actuar con responsabilidad y compromiso.

Tengo la convicción de que allí reside una de las mayores oportunidades para la universidad. Cada cambio de época obliga a revisar nuestras prioridades. El que hoy atravesamos nos recuerda que la contribución más valiosa de la Educación Superior no consiste únicamente en ampliar el universo de las respuestas disponibles, sino en formar personas capaces de formular las preguntas que orientarán responsablemente el conocimiento hacia la construcción de una sociedad más humana.

La universidad no solo forma personas capaces de comprender el mundo. Forma personas capaces de descubrir nuevas posibilidades para transformarlo responsablemente. Allí reside, probablemente, una de sus contribuciones más valiosas y una de las razones que explican su vigencia a través de los siglos.

La historia demuestra que ninguna gran transformación fue obra exclusiva de la ciencia o de la tecnología. Siempre necesitó personas capaces de interpretar su tiempo, asumir responsabilidades y orientar el conocimiento hacia propósitos que trascendieran sus propios intereses. Precisamente allí continúa residiendo la responsabilidad más profunda de la universidad.

Durante siglos la universidad enseñó a responder las grandes preguntas de su tiempo. Hoy está llamada a formar personas capaces de formular las preguntas que orientarán responsablemente el futuro.

Si durante casi un milenio contribuyó a formar a las generaciones que hicieron posible el mundo que hoy habitamos, el desafío de nuestro tiempo consiste en formar a quienes imaginarán, liderarán y harán posible el mundo que todavía no existe. 

Ese futuro pertenecerá a quienes no solo acumulen conocimiento, sino a quienes sean capaces de darle sentido, ejercer el discernimiento y ponerlo responsablemente al servicio de los demás.



Dr. Jorge Cámpora, Ph.D. Doctor en Educación Superior.
Director de la Maestría en Coaching y Cambio Organizacional.
Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales – Universidad del Salvador
 

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