"Nos vemos pronto", el saludo del Papa León
Entre el 25 y el 27 de agosto tuve el privilegio de participar en la delegación argentina encabezada por Monseñor Eduardo García, Obispo de San Justo, del encuentro internacional "A Faith-Based Response to Drugs and Youth Criminal Recruitment: A Dialogue from Latin America and the Caribbean to the World", celebrado en la Ciudad del Vaticano. La actividad fue organizada conjuntamente por la Comisión Interamericana para el Control del Abuso de Drogas de la Organización de los Estados Americanos (OAS/CICAD), la Oficina de Asuntos Internacionales de Estupefacientes y Aplicación de la Ley del Departamento de Estado de los Estados Unidos (INL), el Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (CELAM) y la Red Pastoral Latinoamericana para el Acompañamiento y la Prevención de las Adicciones (PLAPA), con la participación de la Comisión Pontificia para América Latina y la Pontificia Academia para la Vida.
El encuentro se propuso tres objetivos centrales: iniciar un proceso global de concientización dentro de las organizaciones religiosas sobre la problemática del consumo de drogas y el reclutamiento de jóvenes por el crimen organizado; abrir un diálogo interreligioso sobre las respuestas que las distintas confesiones ofrecen frente a estas realidades; y someter a discusión los materiales técnicos elaborados por CICAD para organizaciones confesionales, junto con el documento desarrollado por PLAPA, como base para la acción conjunta.
Un recorrido de tres jornadas
La primera jornada, dedicada a relevar la realidad regional, incluyó presentaciones sobre las respuestas comunitarias y confesionales existentes en Brasil, Chile, Ecuador, Paraguay, además de experiencias de África y Asia, lo que permitió dimensionar la magnitud global del fenómeno. A continuación, se presentó el manual elaborado por OAS/CICAD, que fue analizado en sesiones de trabajo orientadas a identificar patrones transversales en el consumo de sustancias, factores de riesgo compartidos y poblaciones vulnerables, así como los desafíos pastorales que enfrentan las iglesias en materia de prevención, tratamiento y recuperación.
La segunda jornada se concentró en las tendencias del reclutamiento juvenil por parte de organizaciones criminales, con especial referencia al caso de México, y en el trabajo en pequeños grupos sobre posibles líneas de intervención. Por la tarde, el padre Carlos Olivero presentó y sometió a discusión el documento elaborado por PLAPA, cuyo análisis se extendió durante buena parte de la sesión vespertina. La jornada cerró con una plenaria de propuestas para dar continuidad al proceso iniciado.
La tercera y última jornada tuvo su momento culminante en la audiencia con Su Santidad el Papa León XIV, ante quien se presentaron formalmente los manuales elaborados por CICAD y por PLAPA.
El mensaje del Santo Padre
En esa audiencia, el Papa pidió que la Iglesia fortalezca su acompañamiento a las familias atravesadas por el consumo de drogas, la violencia y la pobreza, y sostuvo que "no hay mejor protección contra las drogas que una buena familia", a la que definió como "Iglesia doméstica": el lugar donde la vida se nutre, se cuida y se guía.
León XIV subrayó que el sufrimiento y la esperanza "no conocen fronteras", en referencia a la diversidad de orígenes de los participantes —provenientes de Asia, África, Europa y América— y propuso cuatro puentes como caminos de cooperación: la colaboración con organismos internacionales, el diálogo entre la ciencia y la fe, el intercambio pastoral entre continentes y el lenguaje común de la fe puesto al servicio del amor concreto hacia quienes sufren.
Particularmente significativa resultó su referencia al vínculo entre fe y ciencia: "La Iglesia no pretende competir con la neurociencia, la psiquiatría ni la salud pública. Más bien, busca iluminarlas con la luz del Evangelio mediante una comprensión integral de la persona humana". Esta afirmación sintetiza, a mi juicio, el espíritu que atravesó las tres jornadas de trabajo: la convicción de que la respuesta a las adicciones y al reclutamiento criminal de menores requiere la articulación —y no la competencia— entre el saber científico-técnico y el acompañamiento espiritual y comunitario.
Una convocatoria a perseverar
Al cierre del encuentro, el Santo Padre animó a la Comisión Pontificia para América Latina y a quienes trabajan en el campo de las adicciones a perseverar en su servicio, y expresó su deseo de que "la Iglesia sea la familia de todos aquellos que quedan abandonados en el camino". Monseñor García, por su parte, destacó la calidez con que fuimos recibidos y transmitió el augurio del Papa de cara a su próximo viaje a la Argentina: "Nos vemos pronto".
Regresé de este encuentro con la convicción de que el trabajo de prevención y acompañamiento que desarrollan a diario los centros, los clubes, las parroquias y las organizaciones comunitarias en toda América Latina y el Caribe encuentra ahora un marco de cooperación más amplio, respaldado por organismos internacionales, por la red episcopal regional y por el propio magisterio pontificio. La academia, la educación y nuestra Universidad tienen un papel ineludible en esta tarea. El trabajo que sigue es traducir los cuatro puentes propuestos por León XIV —y los materiales técnicos discutidos durante estas jornadas— en políticas concretas de prevención, tratamiento y reinserción, allí donde el sufrimiento de las adicciones y la violencia sigue golpeando a nuestras familias.
Esta experiencia interpela de manera particular a la academia. Frente a fenómenos tan complejos como las adicciones, la violencia y el reclutamiento de jóvenes, la universidad no puede limitarse a observar y analizar la realidad. Tiene la responsabilidad de producir conocimiento, formar profesionales, generar evidencia para orientar las políticas públicas y, al mismo tiempo, poner ese conocimiento al servicio de las comunidades que más lo necesitan.
La universidad puede y debe ser otro de los grandes puentes de los que habló León XIV: un espacio capaz de articular la ciencia con la dimensión humana y espiritual, la investigación con la acción, la formación profesional con el compromiso social. Su aporte resulta particularmente relevante porque permite integrar disciplinas y miradas que muchas veces trabajan de manera fragmentada: medicina, psicología, educación, derecho, ciencias sociales, comunicación, políticas públicas y también las distintas expresiones del saber humanístico y espiritual.
Por eso, el desafío que surge de este encuentro en el Vaticano no es ajeno a nuestra misión universitaria. Por el contrario, nos convoca a profundizar un camino que ya venimos recorriendo: investigar para comprender mejor, formar para prevenir y asistir, trabajar con las comunidades y contribuir a construir políticas públicas capaces de proteger especialmente a niños, adolescentes y jóvenes en contextos de vulnerabilidad.
La Universidad del Salvador puede aportar a este proceso una mirada interdisciplinaria y humanista, fiel a su identidad y abierta al diálogo con la ciencia, las instituciones públicas, las organizaciones sociales, las comunidades religiosas y los organismos internacionales. La prevención no puede ser tarea de un solo sector: requiere redes, conocimiento compartido y una responsabilidad colectiva.
En definitiva, si uno de los grandes desafíos planteados por León XIV es construir puentes, la universidad tiene una misión privilegiada en esa tarea.
Regreso de este encuentro con la convicción de que el trabajo que realizan diariamente los centros, las parroquias, las organizaciones comunitarias y las instituciones educativas de América Latina y el Caribe encuentra ahora una oportunidad para profundizar su articulación.
Porque prevenir no es solamente evitar un consumo o una conducta de riesgo. Es también generar condiciones para que cada joven pueda encontrar vínculos, oportunidades, educación, cuidado y un proyecto de vida.
Por Gabriela Agosto, Decana de la Facultad de Ciencias Sociales, Educación y Comunicación de la Universidad del Salvador (USAL).
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