70 años de la USAL: una identidad a la luz de la Compañía de Jesús en la disertación de Juan Bautista García Bazán
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Como hemos comentado en números anteriores de Noticias USAL, en el marco del 70 aniversario de la fundación de la Universidad del Salvador, el miércoles 26 de agosto la Escuela de Historia dependiente de la Facultad de Filosofía, Historia, Letras y Estudios Orientales, organizó una jornada académica titulada “70 años de la USAL: una identidad a la luz de la Compañía de Jesús”. En ella, expusieron académicos, docentes e investigadores de distintas Unidades Académicas de nuestra institución Y reflexionaron sobre el aporte que diferentes miembros de la Compañía de Jesús realizaron para forjar y consolidar nuestra identidad como universidad. La convocatoria de los expositores buscó propiciar la reflexión mediante miradas diversas a partir de disciplinas como la Historia, la Filosofía, la Teología y la Psicología.
En esta oportunidad queremos compartir la disertación de Juan Bautista García Bazán doctor en filosofía, actual Director del Instituto de Investigación en Humanidades de la USAL, quien presentó “Los estudios orientales en la universidad: el legado del Padre Ismael Quiles S.J.”, tomando en cuenta que la Escuela de Estudios Orientales está próxima a cumplir los 60 años en el 2027.
García Bazán comentaba: 60 años de identidad, de tradición y de trayectoria. ¿Cuál es el legado de Quiles en los estudios relativos al Oriente? Si se buscan antecedentes en el país, están los que van desde lo más literario, en el siglo XIX, en la Universidad de La Plata, de la mano de Joaquín V. González y las traducciones de Tagore y del poeta místico Kabir; hasta llegar a los más eruditos, en 1915 y en la UBA, con los estudios de papiros neotestamentarios de Clemente Ricci y las cátedras de historia del oriente antiguo con Abraham Rosenvasser o las traducciones de las Upanisads realizadas en Tucumán por Salvador Bucca. Obviamente hay que citar la obra pionera en filosofía y misticismo de Vicente Fatone, de los años 40 al 60, que marca un camino en intelectuales como el filósofo Víctor Massuh, o el epistemólogo Armando Asti Vera.
A partir de los 60 es que comienza la propuesta de Quiles. ¿Conocía anteriormente al Oriente? Se dice que practicaba yoga de joven, pero un dato interesante es que, cuando era novicio, había querido misionar a Bombay, una de las sedes de la compañía. Este dato puede insinuar algunos alcances de algo así como una impronta jesuítica con respecto a este tema.
Entonces, ¿cuáles fueron los factores que permitieron el pasaje de un Quiles filósofo occidental a otro de carácter oriental? Hay dos circunstancias que suelen citarse: el proyecto mayor de la Unesco y, algo posterior, la Declaración Nostra Aetate.
Por empezar, en 1956, la UNESCO reafirmó la necesidad del conocimiento y comprensión mutua de las culturas y dedicó un decenio al Proyecto Mayor denominado “Oriente-Occidente”. Precisamente, un año después, en 1957, Quiles escribe un artículo sobre los católicos y la UNESCO, sosteniendo que lo que se hacía en esa entidad era: "una labor a la cual los católicos no podemos ser indiferentes". Y, en referencia al Proyecto Mayor, agregaba que este era un ejemplo de "un trabajo profundo de todas las organizaciones internacionales católicas" para ilustrar y coordinar la orientación de sus expertos dentro de la UNESCO. Quiles habla como católico y desde esa obligación, si se quiere, es que presta atención y servicio a la organización.
Claro que unos años más tarde, fruto de ese compromiso, gana una beca, viaja al Oriente y conoce Japón, India, China, Mongolia. Está la anécdota repetida de cuando llega a la biblioteca de la Universidad de Tokio: al ver esos volúmenes dice: "Nos falta la mitad de la biblioteca". Lo que significaba que, como filósofo o amante de un saber pleno, era consciente de que le faltaba esa otra mitad de la cultura. Y luego de esa experiencia es que se conformará lo que solicitaba la Unesco a las universidades latinoamericanas, de crear cátedras que promovieran el estudio del oriente, primero con un centro llamado de orientalismo, en 1962, y la licenciatura de EEOO, en el 67. Entre los cursos y las materias que abarcaban el amplio arco de lo asiático, están algunos llamativos para el momento y para una universidad católica: ideología moderna del oriente y pensamiento marxista en oriente.
Si uno repasa algunos puntos de Nostra Aetate, de 1965, encuentra un espíritu común, pero ya anticipado por Quiles: valoración de grandes tradiciones como el hinduismo y el budismo, el islam y el judaísmo; y un mandato que el propio Quiles había buscado cimentar y encarnar desde su propia filosofía de la in-sistencia: el mandato de un diálogo colaborativo con prudencia y caridad con los seguidores de otras fes para descubrir, preservar y promover sus bienes espirituales.
García Bazán prefiere citar al propio Quiles en relación con su mirada en torno a la Escuela de Estudios Orientales: la culminación de la Escuela de Estudios Orientales es la creación del I.L.I.C.O.O. Este sintetiza el espíritu de la Escuela de Estudios Orientales como escuela universitaria católica y del Salvador al haber asumido el nivel superior de la ciencia: la investigación (Quiles, 2016, p. 82).
Es decir, la tarea de la universidad y los estudios debían alcanzar ese nivel superior de la ciencia que era la investigación. Y esa conclusión la emparentaba con algo que ya se repasó: una Universidad no es completa si no contiene también el estudio de las culturas orientales, porque ignora la mitad de la cultura de la humanidad. Y más si es católica. Esta debe dar un mensaje católico a los que son católicos, pero también tiene máxima obligación de darlo a los no católicos. Para dar un mensaje a los no cristianos hay que conocer sus culturas, estudiarlas y apreciarlas en sus valores (2016, p. 82).
El quehacer filosófico reclamaba tener una mirada integral de la experiencia humana. Ahora bien, en esa una responsabilidad, al católico (quizás teniendo presente el sentido implícito de católico-katholikós, “universal”). Es decir, adoptar un ideario de apertura que es el que continúa siendo esencial para la misión universitaria y las humanidades. Toda la contribución de Quiles representa un hito para los estudios orientales en Argentina y América Latina.
A diferencia de otras iniciativas más restringidas y acotadas en el tiempo, como sería el caso de las asignaturas impartidas en la Universidad de Buenos Aires con Asti Vera y Fatone (que fueron suprimidas de los planes de estudio de la carrera de Filosofía a mediados de la década del setenta y a comienzo de los ochenta), la labor dejada por Quiles continúa entregándose, abarcando el amplio espectro de los países asiáticos, desde perspectivas que estudian tanto la antigüedad como los aspectos del mundo contemporáneo.
Finalizaba así el Dr. García Bazán: “resulta hoy una necesidad de revisitar más a fondo este legado mediante el abordaje de sus archivos y producción bibliográfica —desde la obra editada a la que no lo está— para comprender no solo la génesis de su propuesta, sus alcances y proyecciones, sino la figura de este intelectual que hizo toda su carrera en la Argentina y la propia época, que pudo haber sido la oportunidad de afianzar esta clase de estudios a nivel interuniversitario de manera colaborativa, rigurosa y sostenida.
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