La Universidad como motor vital: el programa UPAMI transforma la rutina de los adultos mayores
El Programa UPAMI de la Universidad del Salvador (USAL) se consolida como un espacio de inclusión, estímulo intelectual y contención social para los adultos mayores. A través de testimonios de estudiantes como Débora, Héctor, Horacio y María Adela, la propuesta refleja cómo la vida universitaria activa y el alto nivel académico transforman la cotidianeidad y combaten la soledad en esta etapa vital.
Al ser consultada sobre su ocupación actual, Débora Logiovoco afirma con humor: “Me dedico a ser jubilada, ¡que no es poco!”. Sin embargo, aclara que se mantiene en plena actividad: “Hago asesoramiento administrativo para empresas. Muchas veces las organizaciones empiezan con buenas ideas, pero a medida que crecen van arrastrando vicios comerciales y operativos. Todo se complica cuando se pierde el foco de lo básico, como cumplir con una planilla o una entrega. Mi trabajo consiste justamente en limpiar esos procesos y armar una estructura nueva que funcione para la realidad actual de la empresa”.
En el plano personal, Débora comparte que disfruta mucho de su vida familiar junto a su pareja y las hijas de él. Como integrante de los talleres desde hace tres años, se suma al sentimiento de profunda gratitud hacia el programa de PAMI y la propuesta de la USAL. Tras haber pasado por casi todas las sedes de la universidad cursando Musicoterapia y Coro, destaca la calidez del entorno: “Yo empecé estos cursos tímidamente. Siempre me gustó la música, pero vine con timidez. Acá me sentí cómoda, muy contenida y cuidada. Desde que ponés un piecito en la sede te miran, te observan y están atentos a que no te pase nada. Eso es muy importante, porque a veces uno se siente más inseguro si el cuerpo no responde de la misma forma. Qué bueno es saber que estás en un lugar donde alguien te va a prestar atención”.
Para Débora, el mayor logro de estos tres años universitarios no se evalúa con una nota, sino con los vínculos humanos cosechados: “Lo que particularmente más obtuve es el hecho de haber conseguido un grupo de amigas nuevas, algo que a esta altura del partido es raro. A veces esta etapa de la vida es de mucha soledad para algunas personas; yo soy bastante solitaria, así que ahora siento que tengo una familia”.
Por su parte, María Adela Alonso confiesa que su ocupación principal actual son las aulas: “Yo me dedico a UPAMI; tomo clases todos los días en la facultad y me encanta. Me fascina todo lo cultural y me engancho en todos los programas”. Su semana se reparte entre los cursos, paseos, cafés con amigas y su familia, compuesta por su hijo y dos nietos. Sin embargo, su rutina va mucho más allá: dedica un par de horas cada mañana a operar en la bolsa y cumple un rol social clave en el ámbito de la salud. “Formo parte del Consejo Asesor de Pacientes del Sanatorio Otamendi”, explica. “Nuestra función no es el contacto clínico con los enfermos, sino la gestión de calidad del sanatorio. Analizamos lo que observamos como pacientes o las inquietudes que nos acercan familiares y amigos, y nos reunimos periódicamente para transmitirlas de forma directa a la dirección. A partir de esto nacen muchos proyectos; actualmente el sanatorio busca certificar con Planetree, una entidad internacional que califica a las instituciones según la excelencia y calidez de su atención”.
Para María Adela, la USAL no es un lugar más: es un espacio donde se cruzan el presente y la historia familiar, ya que allí se recibió su hijo de abogado. “Hace tres años que vengo y me encanta todo. Tengo ese defecto: me gusta todo y, aparte, me fascina estar con la gente”, confiesa entre risas al enumerar su cargada agenda semanal, que incluye Radioteatro, Historia Latinoamericana, Ceremonial y Protocolo, Coro y Teatro.
Uno de sus talleres predilectos de este cuatrimestre es La guerra civil española: “La profesora es una genia, sabe muchísimo. Tiene una virtud maravillosa para su materia que es ser imparcial. En un grupo de casi 30 personas hay diferentes ideologías y costumbres”. Para María Adela, la combinación de aprendizaje y humor es vital: “En Coro, Teatro y Radioteatro nos reímos desde que llegamos hasta que nos vamos. Y eso es salud”.
El paso por UPAMI también derriba el mito de que los adultos mayores están peleados con la tecnología. Varios realizan cursos de Inteligencia Artificial para no quedarse en el tiempo, “porque todo avanza muy rápido”, señalaron. Agregaron que hacer un curso sobre Inteligencia Artificial es muy interesante, ya que puede ser un peligro según cómo se la use. “Hoy en día los chicos usan tanto la tecnología que están dejando de usar su cerebro para la comprensión de textos. Igualmente el uso correcto depende de uno”, remarcaron.
El testimonio de Héctor Mairet, vecino de San Telmo, refleja a la perfección ese rechazo al sedentarismo: “Siempre tengo alguna actividad en la semana. Hago yoga, una tecnicatura en tecnología y le ayudo a mi mujer con su taller de la memoria. Con ella llevamos 60 años de casados”.
Además de su orgullo familiar —tiene cuatro hijos, seis nietos y un hijo mayor que es capitán de barco—, Héctor destaca su pasión por descubrir lugares: “Fuimos a Europa varias veces, pero acá salimos todo lo que podemos para mantenernos en movimiento. Vamos al Delta del Tigre, a Escobar, al Botánico y hace poco hice la recorrida en barco por el Riachuelo desde la Vuelta de Rocha; me quedé asombrado. Todo lo que implique salir, lo hacemos. Hay que evitar 'pisar el pozo' de la inactividad”.
Su debut universitario fue en la materia Historia del siglo XIX. Lejos de sentir los nervios o la timidez lógicos del primer día, Héctor se encontró con un espacio sumamente ameno: “La profesora es amorosa. Hacía que una cosa tan pesada como la historia se volviera gustosa, le ponía sal a la clase”.
En sintonía con este ritmo, María Adela Alonso reconoce que mantenerse enérgica es su receta de salud: “A mí me hace bien, es fundamental para estar sana. El fin de semana fui al Colón, viajé a Pilar a lo de mi hijo y hoy ya arranqué otra vez”. Para ella, la jubilación actual representa una era de oportunidades muy distinta a la de generaciones pasadas: “Mi papá sentía que si se jubilaba se le terminaba la vida. Yo, en cambio, contaba los días como los presos para jubilarme porque sabía todo lo que quería hacer. Antes el jubilado se quedaba adentro y no hacía más nada; hoy tenemos la suerte de contar con paseos y con la propuesta académica de UPAMI de forma permanente”.
El perfil de Horacio Reynoso demuestra que la jubilación es solo el inicio de otra etapa activa. Con un pasado académico que incluye la carrera de Arquitectura y gran parte de la de Derecho en la UBA, Horacio capitalizó cada aprendizaje: “No llegué a sacar el título de abogado porque me faltaban cinco materias cuando me tomé un año sabático para cuidar a mi madre. De todas formas, no perdí el tiempo para nada. Hoy manejo leyes de medicina prepaga, defensa del consumidor y contratos de alquiler a tal punto que mis conocidos me piden que se los corrija antes de firmar con las inmobiliarias”.
Además de administrar sus propios ahorros y propiedades, Horacio divide sus días entre el cuidado de su salud y la tecnología: “Soy celíaco, así que me cocino yo mismo y le dedico mucho tiempo a la cocina. También voy al gimnasio dos veces por semana y leo mucho en la computadora. Prefiero informarme leyendo diarios como La Nación o Infobae antes que ver los noticieros actuales. Mantenerse al día y saber los alcances de tus derechos es fundamental”, concluye.
Para Horacio, la universidad es un complemento vital en sus días. Antes de llegar a las aulas de la USAL, buscó alternativas de estimulación cognitiva en otros centros, pero no tuvo una buena experiencia debido a la intensa politización que encontró en esos espacios. Cuando se enteró de que la Universidad del Salvador abría la propuesta de UPAMI en esta casa de estudios, sintió un cambio rotundo. “Cuando apareció acá, dije: 'Esto es lo ideal, está a 15 minutos de mi casa'”, recuerda con entusiasmo. “Además, el trato que recibí es inmejorable; me sentí muy cómodo desde el principio. Cuando probé el primer año, me encantó la disciplina, la seriedad con que se encara la enseñanza y el nivel de las instalaciones”.
Aunque reconoce que su vida siempre tendió a la soledad, el programa le abrió una puerta invaluable hacia la sociabilización: “Me encuentro con gente con la que nos reconocemos enseguida y con la que da gusto compartir. Mi expectativa era complementar el día con un espacio para sociabilizar y salir del supuesto espacio de confort que es la casa, donde uno corre el riesgo de anquilosarse”.
Al ser consultado sobre qué lo impulsó a inscribirse a esta altura de la vida, Horacio es categórico sobre la importancia de desafiar al paso del tiempo: “Buscaba tener una mente activa. Eso es fundamental. Entiendo que cuanto más activo uno se siente, mejor está y se siente útil. Eso es lo importante, porque a nuestra edad ya tenemos bastantes turnos médicos a los que ir y venir... Qué mejor que hacer algo que uno realmente quiere, en un lugar donde te resulta grato estar y con un grupo humano excelente”.
Horacio también valora el alto nivel y la actualización constante de sus compañeros, rompiendo con el prejuicio de que el aprendizaje tiene fecha de caducidad: “Yo vine con una autolimitación, pensando que ya la época del aprendizaje se había terminado y que esta era una etapa más del 'dolce far niente'. Sin embargo, me encontré con una gran sorpresa: muchas de las personas que vienen acá están sumamente actualizadas, debaten sobre Inteligencia Artificial y se ponen a prueba constantemente. Hacer un curso no es solamente aprender algo más; conlleva un movimiento completo desde que salís de tu casa hasta que volvés, compartiendo opiniones y enriqueciéndote de cada persona que encontrás en el camino”.
Más allá del pizarrón: una nueva familia institucional
El impacto del programa no se limita a los contenidos teóricos. El verdadero valor de UPAMI, coinciden los estudiantes, radica en el factor humano y la contención. “Para mí esto es una familia”, define María Adela. “Desde la persona que está en la guardia, los docentes, los administrativos, hasta la gente de mantenimiento, todos son un encanto de educados y respetuosos. Armamos un subgrupo hermoso con Débora y otras chicas; nos invitamos a casa, cocinamos y nos quedamos toda la tarde charlando”.
La experiencia compartida por estos alumnos deja en claro que la verdadera excelencia del programa UPAMI en la USAL excede el marco del pizarrón. La clave de su éxito radica en la dignidad de una propuesta que les ofrece un altísimo nivel académico —con los mismos docentes de las carreras de grado— en un entorno que los cuida, los integra y los mantiene proactivos. Como bien sintetiza Héctor, “aprender es una virtud y se aprende toda la vida, hasta que uno se muere. Hay que estar actualizado para poder integrarse y no ser un paria”.
Al momento de dejar un mensaje para aquellos adultos mayores que aún dudan en dar el paso y se quedan en sus casas, los entrevistados son unánimes: la vida universitaria es un motor que revive y devuelve la utilidad. Desde la experiencia de Débora, quien recuerda haber empezado con timidez y hoy tiene un nuevo grupo de pertenencia, la invitación es directa: “Les diría que se animen, que se puede. A mí esto me revivió desde un montón de lugares, desde la simple rutina de tener que vestirse y arreglarse para salir a la calle, hasta el hecho de ganar amistades profundas que se vuelven una nueva familia. Es el motor que te va motivando cada vez más”.
Aprender, socializar, reírse y mantenerse en movimiento son las claves con las que el programa UPAMI de la USAL demuestra, cuatrimestre a cuatrimestre, que los años no son un límite, sino una nueva oportunidad para seguir entregando experiencia y conocimiento al mundo.
Por Mgtr. Mariana Bonelli, de la secretaria de Prensa de la Universidad del Salvador.
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