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Patrimonio artístico: La Colección Pagano–Merellano en el Campus Universitario de la USAL

Universos convergentes. De los mitos y los sueños…
El patrimonio artístico de la Universidad del Salvador se ha enriquecido a lo largo de los años mediante donaciones y legados que testimonian no sólo la trayectoria de destacados creadores argentinos, sino también el compromiso de la Universidad con la preservación, investigación y difusión de las artes visuales. Entre estos conjuntos ocupa un lugar significativo la Colección Pagano–Merellano, integrada por obras de los artistas Norberto Pagano e Isabel Merellano y conservada en el edificio de la Biblioteca realizada por el Arq. Clorindo Testa en el Campus Universitario “Nuestra Señora del Pilar” de la USAL.

El origen de este acervo se remonta a 2015, cuando los artistas realizaron una importante donación de sus obras a la Universidad del Salvador. A partir de ese gesto, las piezas ingresaron al patrimonio institucional y encontraron en el Campus de Pilar un ámbito para su conservación y exhibición permanente. La colección permite acercarse a dos trayectorias artísticas estrechamente vinculadas en la vida, pero definidas por universos plásticos de fuerte personalidad propia.

La exposición permanente y retrospectiva lleva por título “Universos convergentes. De los mitos y los sueños…”, una denominación que sintetiza el diálogo establecido entre ambos artistas. En Pagano, el universo de los mitos, símbolos y cosmovisiones americanas constituye uno de los núcleos fundamentales de su producción. En Merellano, en cambio, adquieren particular intensidad el sueño, la memoria, los recuerdos, los silencios y la introspección. Dos miradas diferentes que convergen y se complementan, construidas durante décadas de creación compartida.

Norberto Pagano: América como memoria y símbolo
Norberto Pagano (1940–2017) fue pintor, dibujante, muralista, docente e investigador. Se formó en las escuelas nacionales de Bellas Artes “Manuel Belgrano”, “Prilidiano Pueyrredón” y “Ernesto de la Cárcova”, desarrollando posteriormente una extensa actividad artística y académica. Fue profesor titular concursado en el IUNA y su producción ingresó en más de treinta museos e instituciones de la Argentina y del extranjero.

Desde la década de 1970, su obra profundizó una orientación americanista que se convertiría en una de las claves de su lenguaje. Pagano recurrió al imaginario prehispánico, a las culturas originarias, sus mitologías, ceremonias y símbolos, no como una reconstrucción arqueológica del pasado sino como componentes de una memoria americana susceptible de ser reinterpretada desde la contemporaneidad.

En sus composiciones, figuras humanas, animales, signos y seres míticos se articulan dentro de una iconografía personal de gran potencia expresiva. Obras y series como “Danza de los Apu”, “Toro Zupay”, “Yaguareté-Avá”, “Sikuri”, “El sueño de los brujos”, “Popol-vuh” y “Ekeko” permiten advertir esa búsqueda constante de las raíces culturales del continente.

La trayectoria de Pagano estuvo asimismo estrechamente ligada a la enseñanza y a la investigación. Su producción obtuvo reconocimientos desde temprana época —entre ellos, el Premio Pío Collivadino en 1968— y su actividad se proyectó también hacia acontecimientos fundamentales de la escultura argentina, entre ellos las Bienales de Escultura de Resistencia, Chaco.

Isabel Merellano: memoria, intimidad y poesía
Isabel Merellano (Buenos Aires, 1933) desarrolló una extensa trayectoria como pintora, dibujante, grabadora, ilustradora y docente. Se formó, al igual que Pagano, en las escuelas “Manuel Belgrano”, “Prilidiano Pueyrredón” y “Ernesto de la Cárcova”, y amplió sus investigaciones en torno a la percepción y la imagen mediante estudios de Psicología de la Forma con Juan Batlle Planas.

Su carrera comprende una intensa actividad expositiva: participó en 208 exposiciones, 31 de ellas individuales, y en 1997 fue seleccionada para representar a la Argentina en Yakarta. A lo largo de su trayectoria articuló de manera permanente la práctica artística con la docencia.

Si Pagano dirige su mirada hacia la memoria cultural americana, Merellano parece desplazarse hacia un territorio más íntimo. Sus imágenes se nutren de los sueños, la infancia, los afectos, la soledad, los recuerdos y el paso del tiempo. Obras como “Soledad”, “Como en los días de la infancia”, “Del pasado”, “Meditación” y “Cartas de amor” revelan un universo en el que la experiencia cotidiana se transforma mediante una mirada poética y evocadora.

En otras piezas —“Mascarada”, “La Presentación”, “El cuerpo y las máscaras” o “La taza de café”— aparecen nuevamente algunos de los elementos que atraviesan su producción: la figura, el gesto, la máscara y los objetos convertidos en portadores de significados que exceden su apariencia inmediata.

Dos universos, un patrimonio compartido
La particularidad de la Colección Pagano–Merellano reside precisamente en la posibilidad de contemplar conjuntamente estas dos poéticas. No se trata de lenguajes idénticos, sino de universos que convergen. Mientras Pagano indaga en una memoria ancestral y colectiva, Merellano se interna en los territorios de la memoria individual. El mito y el sueño, lo americano y lo íntimo, la historia y el recuerdo establecen así un diálogo permanente.

A esa relación estética se suma una dimensión humana inseparable de la historia de la colección: cincuenta años de amor y pintura, como expresa el texto curatorial de la muestra. Una vida compartida en la que creación, docencia e investigación acompañaron el recorrido de dos artistas que construyeron, cada uno desde su singularidad, una extensa trayectoria dentro del arte argentino.

La incorporación de sus obras al patrimonio de la Universidad del Salvador permite que ese legado trascienda el ámbito privado y adquiera una nueva dimensión institucional. Instaladas en el Campus “Nuestra Señora del Pilar”, las piezas pasan a formar parte de un espacio universitario en el que patrimonio, educación y cultura se encuentran.

La Colección Pagano–Merellano constituye, por ello, mucho más que un conjunto de obras. Es el testimonio de dos trayectorias artísticas y de una historia compartida, pero también de una concepción del patrimonio universitario como instrumento de conocimiento y transmisión cultural. Su presencia permanente en el Campus de Pilar reafirma la responsabilidad de la Universidad en la conservación, investigación, puesta en valor y difusión del patrimonio artístico, haciendo posible que estas obras continúen generando nuevas miradas y nuevos diálogos con la comunidad universitaria y con las generaciones futuras.


Dra. María del Carmen Magaz, docente de la Especialización y Maestría en
Curaduría de Arte Contemporáneo y miembro del Consejo de Profesores Eméritos de la USAL.
 

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