Santiago Rosso: el pianista de Luján que cruza arquitectura, dirección musical y docencia
Santiago Rosso cruza piano, dirección musical, docencia y arquitectura sin dejar de definirse como un aprendiz. “Soy pianista cuando estoy al piano. Después soy una persona que se pone distintos trajes según el contexto”.
Santiago es arquitecto, graduado con Diploma de Honor en la Universidad del Salvador (USAL), donde también se desempeña como docente e investigador en la Facultad de Arte y Arquitectura. Actualmente es Profesor Titular de Historia y Teoría de la Arquitectura IV y coordina el Trayecto de Historia y Teoría de la Arquitectura de la carrera.
Nacido en Luján en 1986, Santiago inició su formación musical en el piano y continuó sus estudios con Pía Sebastiani y Fernanda Morello. Fue becario del Fondo Nacional de las Artes para perfeccionarse en armonía y composición con Oreste Chlopecky. Más tarde egresó de Preparación Musical de Ópera del Instituto Superior de Arte del Teatro Colón y, entre 2024 y 2025, completó en Madrid el Máster en Dirección Sinfónica Instrumental y Vocal del Centro Superior Katarina Gurska.
Como concertista se ha presentado en salas emblemáticas como el Teatro Colón, el CCK, el Teatro San Martín y el Teatro Solís de Montevideo, además de escenarios de Madrid, Barcelona y Bilbao. Siente una fascinación especial por los teclados antiguos; de hecho, promovió la restauración del fortepiano Collard & Collard del Museo Udaondo y, en 2010, ofreció el concierto de presentación del instrumento restaurado con un programa dedicado a compositores argentinos.
“Soy aprendiz y maestro”
A la pregunta de quién es Santiago Rosso, él prefiere responder según el contexto: “Soy hijo de mi familia, hijo de Luján, una persona muy curiosa. Luego surge que soy además pianista, arquitecto, director, maestro, docente y aprendiz. Yo no voy por la vida pianísticamente. Soy pianista cuando estoy sentado al piano; después soy una persona. Me divierte ponerme distintos trajes según el contexto… Todo eso viene después. Hay que mirar lo pequeño, porque ahí están las cosas más importantes”.
Se define más como un aprendiz que como un personaje consagrado. “Es necesario estar volcado a vivir entrenándose. Incluso aquello que uno cree que sabe muy bien tiene que volver a ponerse en cuestión. Trato de vivir esas dos dimensiones, la de aprendiz y la de maestro, con el mayor arrojo y con alegría”.
Para él, la arquitectura y la música no compiten, sino que se complementan. Ese cruce interdisciplinario también lo traslada a las aulas: “Cuando estoy entre músicos trato de ser un poco más arquitecto; y cuando estoy entre arquitectos, trato de ser un poco más músico. En los intersticios entre ambos lenguajes es donde se juega la verdadera disciplina”. Comenta que materias como Gerenciamiento Técnico de Proyecto, que cursó en la Facultad, le otorgaron herramientas clave que luego aplicó a la gestión de ensayos, equipos y teatros.
Respecto de sus alumnos, destaca que no llegan vacíos a las aulas: “No hay que subestimarlos. Llegan con preguntas y problemas contemporáneos que no son los mismos que atravesaron mi propia formación. Yo estudié sin inteligencia artificial. ¿Qué hubiese sido de mí con esa herramienta? Es un desafío precioso, incómodamente precioso”.
Una carrera entre orquestas, dirección y composición
El teatro musical ocupa un lugar central en la trayectoria de Santiago, con participación en más de quince producciones y un recorrido que abarca la interpretación, la dirección musical y la composición. Entre sus primeros trabajos se destaca Master Class junto a Norma Aleandro y bajo la dirección de Agustín Alezzo. Más tarde asumió la dirección musical de importantes títulos del repertorio internacional, entre ellos Falsettos, Papaito Piernas Largas, The Who’s Tommy y Come From Away, consolidando una trayectoria ligada a algunas de las obras más relevantes del teatro musical contemporáneo, que le valió distintas nominaciones a los Premios Hugo y ACE.
Como compositor, se destacan sus obras para teatro musical Lord y La dama de las rosas, ambas con libro de Pepe Cibrián Campoy, además de una extensa labor en música incidental para teatro. Ha compuesto para puestas de grandes clásicos como Otelo, de William Shakespeare; Medea, de Eurípides, y Edipo, de Sófocles, así como para obras de dramaturgia contemporánea como Una magnífica desolación, de Daniel Dalmaroni, y Gertrudis, de Fernando Musante. Su trabajo también se extiende al arreglo y la recreación musical: recientemente tuvo a su cargo la dirección musical y los arreglos de Rey Arturo, de Henry Purcell, producción del Instituto Superior de Arte presentada en la Sala Principal del Teatro Colón.
Los reconocimientos internacionales llegaron con fuerza gracias a Come From Away. En 2025, Santiago recibió en Madrid el Premio del Teatro Musical de España a la Mejor Dirección Musical por su trabajo en la producción argentina, presentada en el Teatro Marquina de Madrid durante la temporada 2024-2025. El espectáculo fue el gran triunfador de la edición, con seis galardones, entre ellos Mejor Musical, Mejor Dirección de Escena y Mejor Dirección Musical.
“Fue impensado. Casi no viajamos porque pensábamos que no íbamos a ganar nada y hacerlo implicaba un esfuerzo importante para todos. Pero lo hicimos y, para nuestra sorpresa, el jurado eligió nuestro trabajo. Fue una enorme alegría. Lo dediqué a mis músicos, actores, directores y a la gente de mi pueblo, Luján, especialmente a los coreutas del coro municipal”, cuenta. Y agrega: “Cuando pasé a recibir el premio en Madrid me acordé de mis bisabuelos. Ellos llegaron a la Argentina con carencias, con dolor, después de un viaje enorme. Encontrarme, generaciones más tarde, viajando a Europa para recibir un premio me pareció una caricia para ellos”.
De Come From Away rescata, sobre todo, su mensaje: “En circunstancias de extrema crisis, uno todavía puede mirar al otro. Cualquiera de nosotros, en la vida cotidiana, puede convertirse en un héroe anónimo”.
Durante diez años estuvo al frente del Teatro Municipal Trinidad Guevara de Luján, período en el que desarrolló una sostenida tarea de gestión y promovió nuevos espacios de formación y producción artística. En ese marco fundó el Coro Municipal de Cámara “Ernesto Storani” y el Coro Municipal de Niños de Luján. En noviembre de 2021, el Coro Municipal de Cámara viajó a Sumampa, Santiago del Estero, donde se estrenó su Ave María Sumampa y se entregó una carta destinada a promover un hermanamiento cultural entre Luján y Sumampa.
Compromiso y futuro
Para Santiago, el compromiso es el elemento ineludible en cualquier labor: “Para mí, el compromiso tiene una dimensión ética, pero también muy concreta: estar ahí, dar soluciones. Y es además un compromiso de amor por lo que uno hace. Por más sencilla que parezca la tarea, estamos todos conectados”.
Este año asumió como Asistente de Dirección del Coro de Niños del Teatro Colón, creado en 1908 y uno de los cuerpos artísticos más antiguos del país. “Poder ayudar a hacer crecer un semillero con tanta historia me honra mucho. Las empresas verdaderamente importantes se hacen en equipo”.
Sobre sus proyectos futuros, prefiere entregarse al asombro: “Afortunadamente no lo sé. Lo que más disfruto es ese primer asombro que aparece frente a un desafío, incluso cuando incomoda”. Quiere seguir mezclando saberes, explorando espacios nuevos e investigando.
A quienes dudan del camino que eligieron, les propone una pregunta directa: “Si mañana eso que hacés desapareciera de tu vida, ¿lo extrañarías? ¿Sentirías que te falta una parte de vos? Porque una cosa es dudar de cómo ejercer tu propósito y otra muy distinta es preguntarse si realmente eso forma parte de quien sos”.
Por Mgtr. Mariana Bonelli, de la Secretaría de Prensa.
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