“La Agronomía del futuro es digital y sostenible”. Entrevista a Orlando Rodríguez Mata
La formación académica de Orlando Rodríguez Mata comenzó con la carrera de Técnico Superior Universitario en Ciencias Agropecuarias. Luego se formó en la carrera de Ingeniería en Agroalimentaria, dentro de la misma Facultad de Ciencias Agropecuarias, lo que le permitió consolidar una base sólida en sistemas productivos e industriales. Posteriormente cursó 2 años de la Maestría en Desarrollo Rural en la Universidad de Buenos Aires (UBA), y finalmente completó el Doctorado en Ciencias Aplicadas con Orientación en Biotecnología en la Universidad Nacional de Misiones (UNaM). En el marco de su trayectoria postdoctoral, realizó una estancia posdoctoral en el área de Microbiología, y más recientemente incorporó formación específica en herramientas digitales mediante una Diplomatura en Ciencia de Datos Agrícolas, que hoy constituye un pilar transversal en su trabajo académico y científico.
Su recorrido dentro de la Agronomía ha sido intencionalmente amplio y heterogéneo, porque siempre le interesó comprender el sistema productivo como un todo. “Si tuviera que definir mi especialidad, diría que se orienta a la integración de sistemas agroproductivos y la mejora de procesos, con énfasis en la recolección, análisis y procesamiento de datos agronómicos y productivos, y en su aplicación para la toma de decisiones. A esto se suma una mirada integral de desarrollo rural, entendiendo que la producción no se sostiene solo con tecnología y eficiencia: también se sostiene con conocimiento, organización, inclusión y capacidad local para adoptar innovaciones en territorios con realidades diversas, como los de Misiones o Corrientes”.
Antes de incorporarse a la Universidad del Salvador (USAL) Orlando Rodríguez Mata trabajó en distintas instituciones y contextos que marcaron su trayectoria profesional. En primer lugar, desarrolló su carrera en el Ministerio de Ambiente de Venezuela, donde trabajó más de ocho años.
Posteriormente, ya en nuestro país, ingresó al Instituto de Biología Subtropical, donde se desempeñó durante seis años; luego, su camino siguió en la Estación Experimental Rafaela del INTA (Centro Regional Santa Fe). Actualmente se encuentra trabajando en la Estación Experimental Agropecuaria Cerro Azul (INTA – Centro Regional Misiones).
“Desde esta institución, y al estar dentro del radio de acción territorial de la Universidad del Salvador, surgió la oportunidad de presentarme a convocatorias vinculadas con las cátedras de Agroindustrias y Maquinaria Agrícola, donde la conexión con mis líneas de investigación es directa.
En Agroindustrias, mi trabajo se vincula especialmente con la digitalización y la incorporación de tecnologías digitales en cultivos industriales. Y en Maquinaria Agrícola, desarrolló una línea orientada a agricultura de precisión, que hoy está estrechamente asociada a la mecanización moderna basada en tecnologías digitales”.
¿Cómo se involucró con la docencia?
Mis primeros pasos en la enseñanza comenzaron dentro de proyectos de extensión y actividades extracurriculares en distintas universidades. Con el tiempo, al avanzar en mis líneas de investigación, me interesó cada vez más el desafío de que esos avances —especialmente los vinculados a tecnologías emergentes— se incorporarán de manera real a los programas de estudio.
En carreras como Agronomía, esto es clave: los estudiantes deben prepararse para ejercer en un mundo productivo que cambia aceleradamente. En regiones como el noreste argentino, con economías regionales y periféricas, la formación debe ser moderna y rigurosa, pero también realista y profundamente conectada con el territorio.
¿Qué cátedras dicta y hacia qué están orientadas?
Actualmente dicto la cátedra de Agroindustrias y la cátedra de Maquinaria Agrícola. En ambas, mi objetivo es ofrecer un enfoque donde la modernización de los sistemas productivos y la incorporación de tecnologías digitales formen parte central del aprendizaje.
Busco que los estudiantes no solo conozcan herramientas avanzadas que ya están presentes en muchos modelos productivos, sino que también puedan comprender cómo adaptarlas y aplicarlas en realidades regionales, con diferentes niveles de tecnificación.
¿Cuáles considera que son sus principales cualidades como docente?
Una de mis principales fortalezas es el enfoque basado en casos reales. Me interesa que el aula funcione como un espacio donde los estudiantes se enfrenten a situaciones problemáticas similares a las que encontrarán en el ámbito profesional, y que desde el contenido conceptual puedan construir alternativas de solución.
También considero que una cualidad importante, y en todo docente, es la capacidad de equilibrar lo grupal y lo individual. No todos los estudiantes aprenden al mismo ritmo ni de la misma manera, por lo que durante los primeros encuentros dedico tiempo a comprender esas particularidades. Eso me permite adaptar el dictado de la cátedra para que todos puedan sentirse incluidos y, sobre todo, para que todos puedan aprender con profundidad y aplicar lo aprendido.
¿Qué rasgos considera fundamentales en una buena práctica docente?
En carreras como Agronomía, una buena práctica docente debe centrarse en formar profesionales capaces de resolver problemas en contextos reales. La docencia no es sólo transmitir contenidos: es construir puentes entre el conocimiento y la realidad productiva.
Por eso considero fundamentales: la problematización del contenido, la actualización permanente, la conexión con la realidad territorial, el desarrollo de pensamiento crítico, y el entrenamiento de habilidades aplicadas para la toma de decisiones.
¿Cómo se integra la teoría y la práctica en la enseñanza?
No concibo la teoría separada de la práctica. La teoría es el fundamento de las habilidades y destrezas, pero solo se vuelve realmente útil cuando se aplica.
Por eso mi estrategia principal es el estudio de caso. Para cada unidad conceptual, llevó al aula situaciones reales —muchas veces complejas o conflictivas— y las analizamos en profundidad. A partir de allí, los estudiantes integran contenido, identifican variables, discuten alternativas, y construyen propuestas.
Un punto clave es que estas propuestas suelen requerir integrar saberes de otras cátedras y otras disciplinas, lo que favorece una visión sistémica. Además, he comprobado que esta metodología mejora notablemente el desempeño en evaluaciones, porque el estudiante aprende a expresar ideas concretas, fundamentadas y aplicables.
¿Cuáles son los desafíos más comunes que enfrentan los estudiantes de Agronomía en su formación?
Uno de los desafíos más frecuentes es el estrés o la sensación de sentirse abrumados cuando se enfrentan a situaciones reales y no logran relacionarlas con los contenidos teóricos.
Esto es particularmente común en estudiantes que no tuvieron contacto directo con el agro. La teoría por sí sola muchas veces no alcanza para formar criterio profesional, y allí aparece la dificultad para abordar sistemas productivos complejos.
Otro desafío frecuente es el arraigo a modelos tradicionales de enseñanza basados en la memorización. Cuando los estudiantes se enfrentan a contenidos que requieren pensamiento crítico, integración y toma de decisiones, pueden sentirse desorientados si no han entrenado esas habilidades previamente.
¿Cómo se mantiene actualizado sobre las últimas investigaciones y avances en el campo de la agronomía?
Me mantengo actualizado porque mi actividad principal es la investigación aplicada dentro del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), donde soy responsable de líneas de investigación y ensayos en sistemas agroproductivos.
Trabajo con el método científico para generar conocimiento, validarlo, transferirlo y favorecer su adopción en territorio. En la actualidad desarrollo principalmente dos líneas: Agricultura de precisión en cultivos industriales, y Alfabetización digital aplicada a la agricultura, con el objetivo de impulsar el desarrollo rural mediante capacidades digitales en comunidades rurales y sistemas productivos de baja tecnificación.
¿Cómo cree que la Agronomía puede contribuir a la conservación del medio ambiente y la biodiversidad?
En sistemas productivos como los del noreste argentino —particularmente en Misiones— la conservación ambiental no es un tema secundario: es una condición estructural del territorio. Muchos sistemas agrícolas productivos están inmersos en áreas protegidas o conviven con ecosistemas de alta sensibilidad, por lo que es imprescindible incorporar indicadores para medir el impacto de la actividad productiva.
La Agronomía puede contribuir mediante: análisis integrales del ecosistema y del paisaje agrícola, medición de huella de carbono y eficiencia del uso de recursos, indicadores de biodiversidad (organismos benéficos, patógenos, plagas y enfermedades), y monitoreo de expansión de frontera agrícola.
En mi caso, el uso de tecnologías como drones, fotogrametría aérea e imágenes satelitales permite mejorar el seguimiento de estos procesos y construir modelos de producción más sustentables. La modernización, bien aplicada, es una herramienta clave para producir con eficiencia y en armonía con la biodiversidad del territorio.
¿Qué papel cree que juega la tecnología en la agricultura moderna?
La tecnología hoy no es una opción: es una condición de competitividad y sostenibilidad. La velocidad de cambio es enorme, impulsada por herramientas como inteligencia artificial, internet de las cosas, Big Data, robótica y blockchain, que están transformando los sistemas productivos y potenciando la agricultura de precisión.
Hoy hablamos de una agricultura 4.0, e incluso ya se proyecta una nueva etapa vinculada a sistemas autónomos, donde la operación humana se reduce gracias a la sensorización masiva y el procesamiento inteligente de datos.
Por eso es fundamental que la formación agronómica incorpore estas tecnologías no como “anexo”, sino como parte del núcleo de la profesión.
¿Qué papel cree que juega la práctica en el campo en la formación de los estudiantes de Agronomía?
La práctica de campo es insustituible. No puede reemplazarse con ninguna dinámica de aula ni con conocimiento teórico. Es en el campo donde el estudiante ejercita habilidades, construye criterio, aprende a observar, diagnosticar, y evaluar variables reales. En Agronomía, el aprendizaje pleno ocurre cuando el estudiante se enfrenta al sistema productivo real y comprende su complejidad.
¿Cómo evalúa el progreso y el desempeño de los estudiantes en su cátedra?
Para evaluar el progreso me enfoco en dos dimensiones: la evolución del grupo como colectivo y la evolución de cada estudiante en particular.
Durante los primeros encuentros identifico cómo aprende cada estudiante, cuáles son sus fortalezas y qué aspectos necesita desarrollar. A partir de allí, evalúo principalmente: la calidad de las propuestas que elaboran, la integración de teoría y práctica, la capacidad de fundamentar decisiones, y la evolución en habilidades para resolver problemas.
Al final de la cursada, suelo ofrecer devoluciones que incluyen tanto la dimensión grupal como la individual, porque considero que reconocer fortalezas y dificultades ayuda a mejorar el desempeño en materias posteriores y en la formación profesional.
¿Qué consejos le daría a un estudiante de Agronomía que está comenzando su carrera?
Siempre les digo que sean curiosos, que se involucren, que interactúen y que no se angustien por “memorizar contenido”. Hoy el contenido está disponible a un clic; el verdadero desafío es aprender a seleccionar información útil, distinguir evidencia sólida, y convertir conocimiento en habilidades aplicadas.
También les recomiendo que “pongan el cuerpo”: que participen en prácticas, extensión, investigación, visitas a campo, experiencias reales. Eso los ayuda a descubrir qué área les interesa, en qué se destacan y dónde pueden aportar con mayor potencia.
¿Cuál es su visión para el futuro de la Agronomía y cómo cree que los estudiantes pueden contribuir a ella?
Estamos ante una de las mayores revoluciones tecnológicas que ha vivido la sociedad, y la agronomía no puede quedar afuera. La forma en que producimos alimentos está cambiando, y con ello también debe cambiar la manera en que enseñamos y ejercemos la profesión.
El futuro de la Agronomía “grita digitalización”: datos, sensorización, automatización, modelos predictivos y sistemas inteligentes. Y aquí los estudiantes tienen un rol central. Las nuevas generaciones ya traen la cultura digital incorporada, lo cual abre una ventana enorme para acelerar la modernización del sector.
Como docente, también observo que la incorporación de tecnologías digitales en el aula mejora el compromiso y la atención de los estudiantes, y potencia su capacidad para proponer soluciones en situaciones reales.
¿Qué oportunidades cree que existen para los Ingenieros Agrónomos en el mercado laboral actual?
La Agronomía siempre ha tenido un abanico amplio: producción, asesoramiento técnico, extensión, gestión, docencia e investigación. Pero hoy ese abanico se amplía aún más con el avance de las tecnologías digitales.
Existen oportunidades crecientes en: modernización de sistemas productivos tradicionales, agricultura de precisión, gestión tecnológica y digitalización, análisis y ciencia de datos, marketing agrícola, diseño y evaluación de nuevas estrategias productivas.
El mercado está demandando profesionales capaces de acompañar la transición hacia la agricultura 4.0, y en muchos casos la oferta profesional todavía no cubre completamente esa demanda. Por eso, un agrónomo hoy puede ser tanto un técnico y asesor clásico como un analista de datos, un gestor de innovación o un agente de transformación tecnológica del agro.
Por Mgtr. Mariana Bonelli, de la Secretaría de Prensa de la Universidad del Salvador (USAL).
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