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SECRETARÍA DE PRENSA
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Anécdotas que enseñan: “Las pequeñas cosas"

Esta nueva sección del Portal de la Secretaría de Prensa a través de “Noticias USAL” está dedicada a difundir anécdotas de nuestra Universidad, actuales o de sus orígenes históricos. Las anécdotas tratarán temas y circunstancias diversas y, en cada caso, se podrá pensar en una enseñanza que dejará la historia, que también es la historia de la Universidad del Salvador (USAL).

Anécdotas que enseñan aparecerá en cada primera publicación de "Noticias USAL" de cada mes, y su objetivo es anticipar la celebración del 70° Aniversario con historias breves y entretenidas.

Se invita a la Comunidad Universitaria a enviarnos anécdotas para publicar que, por supuesto, responderán a nuestra historia y a nuestra época, a: prensa@usal.edu.ar

Hoy presentamos: “Las pequeñas cosas”
Como, seguramente muchos de ustedes sabrán, los jesuitas fueron expulsados de América en 1767 por el Rey Carlos III. Cuando esto sucedió, además de contar con las florecientes universidades de Córdoba y Chuquisaca, ya habían establecido cátedras de nivel universitario en Buenos Aires, Mendoza y Asunción del Paraguay, y habían dado los primeros pasos para fundar universidades en otras localidades.

La creación y fundación de la de Asunción dio lugar a una anécdota que es un verdadero ejemplo del interés y la valoración que la región y sus pobladores daban a la educación que los jesuitas ofrecían, más allá de la política y sus disquisiciones sobre el poder. Generosamente, con el objeto de conseguir los recursos imprescindibles para que la universidad fuera acreditada y obtuviera la aprobación real y pontificia, toda la población paraguaya contribuyó, en la medida de sus posibilidades, con donaciones humildes, pero de un simbolismo al que hay que darle la lectura que se merece.

El Gobernador y Capitán General de Chuquisaca, Jaime San Just, donó 1000 pesos; el General Juan Antonio Zabala, 500 pesos; el Fiel Ejecutor, Jaime Bentez, 6 pesos; y el Mayordomo de la ciudad, Juan Romero, 15 pesos. A estos nombres siguen otros 100, todos con cantidades que fluctúan entre 5 y 20 pesos.

Pero lo más conmovedor fueron las donaciones de todos los paraguayos, tanto los de la capital como los de la campaña, que se consignaron de esta forma (solo doy un ejemplo):


“-     Juan Blásquez de Valverde:  un tercio de yerba.
Fulgencio de Yegros: 15 arrobas de yerba y tres reses.
Juan Bautista José de Herze: un cuarto de yerba.
Blas Martínez: 5 pesos en tabaco… “

Nadie puede pensar que estos aportes hicieron una diferencia sustancial, que permitió el cumplimiento de los objetivos fundacionales; su valor radica en el sólido significado de lo pequeño.

 

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