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SECRETARÍA DE PRENSA
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Formación integral en Arte Dramático: el compromiso de la Universidad del Salvador con el artista del siglo XXI

Con motivo del "Día Mundial del Teatro" este 27 de marzo —instituido por el Instituto Internacional del Teatro con el apoyo de la UNESCO—, la Secretaría de Prensa conversó con la Lic. Marisa Cotignola Novoa, Directora de la Licenciatura en Arte Dramático de la Facultad de Psicología y Psicopedagogía de la Universidad del Salvador (USAL). En un encuentro centrado en la vocación y el campo laboral, la Licenciada analizó el perfil distintivo de los profesionales formados en nuestra Casa de Estudios.

Desde sus orígenes, el teatro ha tenido como esencia la catarsis y el encuentro presencial. Es de las pocas artes que permite habitar un mismo tiempo y espacio físico entre la historia que transcurre ante nuestros ojos y quienes, desde la butaca, podemos reír o llorar “junto” a los personajes.

En un mundo cada vez más mediado por pantallas y que busca la gratificación instantánea, el teatro “obliga” a mirar a los ojos al otro, a escuchar lo que tiene para decir y a accionar. El teatro sigue siendo ese acto "revolucionario" de presencia física y mirada compartida. Bajo esta premisa, la Directora destaca que la función social de la disciplina reside en su capacidad para “mostrar, ser espejo y reflejo de las sociedades. No es únicamente un mero entretenimiento, por más que pueda ser propuesto y consumido desde ese lugar”.

Al ser consultada sobre la enseñanza del Arte Dramático en la carrera, la Directora destaca que la Carrera trasciende la mera interpretación, buscando un equilibrio entre el hacer y el pensar. Este camino se recorre “con una formación práctica y teórica que despliega un abanico amplio de conocimientos en actuación; entrenamiento vocal tanto para la voz hablada como para el canto; entrenamiento corporal para disponer de un cuerpo flexible y dispuesto a habitar diversos personajes. Dramaturgia y nociones de dirección de actores y puesta de escena. Formación en Historia, Teoría y Análisis del teatro”.

Habitar el escenario con verdad no es una tarea azarosa; exige una entrega que va mucho más allá del talento innato. Para la Lic. Cotignola Novoa, la excelencia actoral se construye sobre pilares éticos y técnicos fundamentales, donde el artista se transforma en un atleta del espíritu y la mente. Esto implica “La preparación constante y la disciplina. El respeto y el amor por la profesión, así como su defensa. Es de suma importancia entender que se requiere de una preparación física y vocal en diversas técnicas, así como el estudio no solo de un papel/rol específico sino también adentrarse y comprender el contexto histórico de la obra”.

Habitar el tiempo del teatro hoy es, en sí mismo, un acto de resistencia. En una era donde el consumo cultural es efímero y cualquiera puede 'actuar' ante una cámara de celular, la formación académica se enfrenta a un escenario complejo. Al ser consultada sobre estos desafíos, la Directora identifica que el mayor reto es “Combatir la inmediatez de las pantallas y la generación de contenido digital donde se llevan adelante escenas actuadas por gente con escasa o nula preparación en actuación. Comprender que construir un personaje y llevar adelante una puesta en escena requiere tiempo de búsqueda, preparación, análisis de texto, estudio, ensayos”. 

Lejos de la visión tradicional que limita al actor a la espera de un casting, el perfil del graduado de nuestra Facultad es proactivo y analítico. La formación académica les otorga la solvencia necesaria para diversificarse en la industria. Al respecto, la Directora destaca que “Un graduado de Arte Dramático puede actuar diversos personajes y géneros, tener una visión crítica sobre el hecho artístico. Puede escribir sus propios textos dramáticos, actuarlos, dirigirlos e incluso llevar adelante una producción teatral independiente. Están preparados para proyectos de autogestión”.

En un mundo que confunde a menudo lo nuevo con lo puramente tecnológico, la Universidad propone una mirada mucho más profunda sobre el concepto de vanguardia. Para la Lic. Cotignola Novoa, la verdadera disrupción nace de la libertad creativa y el cruce de lenguajes “La innovación no se entiende solo como el uso de tecnología en escena, sino como la capacidad de reinventar el lenguaje teatral con espacios de experimentación donde el alumno no solo repita textos clásicos, sino que pueda proponer nuevas formas de habitar el espacio y de narrar. Recurriendo al cruce con otras artes (música, artes visuales, nuevas tecnologías) para que el estudiante comprenda que el teatro es un organismo vivo y mutable. 

La formación no busca replicar modelos del pasado, sino brindar las herramientas conceptuales para que el futuro profesional sea un sujeto activo y crítico de su tiempo. En este sentido, la propuesta educativa trasciende la repetición: “Se incentiva al alumno a cuestionar las estructuras tradicionales y a buscar una 'voz propia' como artista”.

La versatilidad del Arte Dramático permite que sus técnicas trasciendan el escenario para insertarse en contextos de sanación y autoconocimiento. Sin embargo, la Directora es enfática al distinguir entre la expresión artística y el proceso clínico profesional. Sobre este cruce de caminos, explica: “Existe desde hace años una disciplina como el Psicodrama desarrollado por Levy Moreno que utiliza herramientas propias del teatro en el espacio clínico. Lo ideal sería que se aborde desde un trabajo interdisciplinario entre un profesional de la psicología y/o carreras afines, así como uno de teatro, para acompañar la ejercitación planteada que facilite al paciente poner en palabras sus emociones, representando en escena aquello que lo llevó inicialmente a la consulta. Pero bajo ningún punto de vista se puede tomar al taller de teatro por más beneficioso que sea como propiamente una terapia. Sin la intervención de un profesional terapéutico será únicamente un espacio recreativo”.

El teatro no puede ser ajeno a las realidades y luchas de su tiempo. La formación de un artista implica también cultivar una sensibilidad social que permita romper barreras y abrir espacios para todos. Sobre la responsabilidad de la disciplina en la construcción de una sociedad más justa, a modo de cierre, la Directora sostiene: “La inclusión es un eje fundamental que transforma al teatro en un espacio democrático. Se debería promover con historias que visibilicen colectivos que históricamente han sido invisibilizados, asegurando así que el escenario sea un reflejo real de la pluralidad humana y sus vínculos. Pensar también puestas en escena que contemplen tanto a actores como a públicos neurodivergentes y formar a los futuros profesionales para que puedan trabajar en contextos diversos”.


 

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