In Memoriam: José María Guibert SJ., referente indiscutido del liderazgo ignaciano en la Universidad
Con profundo dolor recibimos la noticia del fallecimiento de José Mari Guibert SJ, referente indiscutido en el ámbito universitario y académico del pensamiento educativo, el liderazgo ignaciano y la vida universitaria contemporánea. Su partida deja un vacío, pero también una huella profunda y duradera en quienes tuvieron la oportunidad de compartir su camino intelectual, institucional y humano.
A lo largo de su extensa trayectoria, se destacó especialmente por su compromiso con la universidad como espacio de formación integral, diálogo crítico y transformación social. Su rol en el diseño y la puesta en marcha del nuevo plan de formación en liderazgo ignaciano constituye uno de los aportes más relevantes de los últimos años en el ámbito de la educación superior jesuita, proyectando una visión donde el liderazgo se entiende inseparable del servicio, la ética y la responsabilidad social.
Su labor académica es vasta y diversa, difícil de abarcar en pocas líneas. Ocupó roles de gran relevancia en instituciones universitarias de referencia, entre ellas la Universidad de Deusto, la Universidad Loyola, y la Universidad de Comillas, donde dejó una impronta marcada por la seriedad intelectual, la apertura al diálogo interdisciplinario y la búsqueda constante de sentido en la educación. Sus publicaciones abarcan campos tan diversos como la ética, la empresa, la industria y el liderazgo, siempre atravesadas por una perspectiva humanizadora e ignaciana.
Más allá de sus aportes académicos, quienes lo conocieron destacan su integridad personal, su capacidad de escucha y su modo sereno y comprometido de acompañar procesos institucionales complejos. Su testimonio de fe, esperanza y resiliencia no fue solo una convicción teórica, sino una forma concreta de habitar la vida universitaria y comunitaria, inspirando a generaciones de estudiantes, docentes y equipos de gestión.
Nacido en Azpeitia (Gipuzkoa, País Vasco), cuna de San Ignacio de Loyola, su biografía parece inscribirse desde sus orígenes en la tradición espiritual que luego vivenciaría en profundidad. Esa raíz ignaciana se expresó en su permanente preocupación por una Iglesia y una universidad abiertas al mundo, capaces de salir de sí mismas y comprometerse con las realidades sociales, económicas y culturales de su tiempo.
Su fallecimiento ha generado una amplia resonancia en múltiples espacios académicos y eclesiales, que reconocen su aporte desde diversas perspectivas. Sin embargo, más allá de los homenajes, queda el desafío que su vida propone: continuar construyendo una educación universitaria que forme líderes capaces de transformar la realidad desde la ética, la compasión y el servicio.
Su legado no se agota en sus obras ni en sus cargos, sino que permanece vivo en las comunidades que ayudó a formar y en la visión de universidad que supo encarnar. Hoy su ausencia duele, pero su pensamiento y su ejemplo siguen siendo una invitación a profundizar el camino del liderazgo ignaciano como una tarea siempre abierta, exigente y esperanzadora.
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