Paradigma Ledesma-Kolvenbach: la fe
Continuamos presentando el Paradigma Ledesma-Kolvenbach (PLK), esta vez nos concentramos en su tercer componente: la fe.
El P. Diego Ledesma sj (1524-1575), al fundamentar las razones por las que era conveniente que la Compañía de Jesús se dedicara a la educación, sostenía que las instituciones educativas eran un medio para “conducir al hombre con más facilidad y seguridad al cumplimiento de su último fin”. Ese “último fin”, o sentido general de la vida, se identificaba espontáneamente con Dios. De algún modo, a mediados del siglo XVI se podía ser buen o mal creyente, pero era una rareza la incredulidad y la indiferencia religiosa.
Siglos después el Concilio Vaticano II, a mediados del siglo XX, consideraba al ateísmo como “uno de los fenómenos más graves de nuestro tiempo”, ya no como limitado a ciertas minorías intelectuales, sino como un fenómeno de masas, en que “muchos de nuestros contemporáneos nunca han reconocido este vínculo íntimo y vital con Dios, o lo han rechazado explícitamente”. Un ateísmo práctico, como si Dios no existiera, caracterizado por el nihilismo, el pesimismo y el relativismo moral.
En esos años, Pablo VI encarga solemnemente a los jesuitas que enfrentaran el ateísmo en todas sus formas. Téngase en cuenta que todavía persistía un “ateísmo militante” y hasta virulentamente hostil como era el caso de la Unión Soviética, China y de otros lugares. Un eco de esa tarea es la misión que el entonces P. Jorge Bergoglio le encarga en 1974 a la Asociación Civil, al traspasarle el gobierno de la Universidad del Salvador, señalando la “lucha contra el ateísmo” – junto con el “avance mediante el retorno a las fuentes” y el “universalismo a través de las diferencias”– como uno de los tres pivotes que orientarán la espiritualidad y la misión de la Univer¬sidad del Salvador en su nueva etapa.
Hablar de “lucha” es una expresión fuerte, dicha con un tono beligerante propio de una época, que luego será raro encontrar en boca de Francisco que aborda la increencia con otro lenguaje y con un cambio en el enfoque, insistiendo en el diálogo y el encuentro pese a las diferencias.
Si bien la fe es vivencia propia del ser humano (le creo a otro, creo en la razón como fuente de conocimiento, etc.) aquí se trata de la fe religiosa. En concreto para la USAL tiene una referencia identificatoria con la fe católica y no meramente como “expresión cultural” o una religiosidad difusa.
Esto implica atención especial a la relación entre la fe y la racionalidad en el ámbito universitario. De este modo, la fe se postula en su razonabilidad y se ofrece como un modo de “ensanchar la razón” (Benedicto XVI, Caritas in Veritate, 33) y hacer “crecer la conciencia humana universal” (Francisco, Veritatis Gaudium 4).
La Universidad es un espacio y un momento privilegiado de la vida –especialmente de los estudiantes– para facilitar y madurar una fe adulta que incluye una sistematización de creencias y prácticas, y “la construcción de un futuro lleno de esperanza”(León XIV), que supere la reducción de la de la fe a la moral, al mero compromiso social o al cumplimiento ritual y externo.
De esta manera, según el P. Hans-Peter Kolvenbach sj, se está lejos de convertir la universidad “en un mero instrumento para la evangelización, o peor aún, para el proselitismo”. Por el contrario, afirma:
“La universidad tiene sus propias finalidades que no pueden ser subordinadas a otros objetivos. Es preciso respetar la autonomía institucional, la libertad académica, y salvaguardar los derechos de la persona y de la comunidad dentro de las exigencias de la verdad y del bien común. Pero una universidad de la Compañía persigue otros objetivos, más allá de los objetivos obvios de la misma institución. En una universidad católica, o de inspiración cristiana, bajo la responsabilidad de la Compañía de Jesús, no existe –no puede existir– incompatibilidad entre las finalidades propias de la universidad, y la inspiración cristiana e ignaciana que debe caracterizar a toda institución apostólica de la Compañía. Creer lo contrario, o actuar en la práctica como si hubiera que optar entre o ser universidad, o ser de la Compañía, sería caer en un reduccionismo lamentable” (La universidad de la Compañía de Jesús a la luz del carisma ignaciano, 2001).
Dicho en términos positivos, y no sólo apologéticos, la fe implica incorporar en la vida una perspectiva trascendente en Dios que tiene su correlato en la valorización de la dignidad irrenunciable de la persona humana y en la potenciación de su dimensión social.
Justamente el P. Kolvenbach sj, al contribuir a la actualización de la Ratio Studiorum, afirmaba que la obra educativa de la Compañía de Jesús, y las instituciones vinculadas a ella, debían ofrecer “una experiencia de trascendencia en Dios que desemboca en la justicia, pues la fe bien entendida se traduce en obras de justicia”. La justicia es así el cuarto y último componente del PLK que abordaremos en una próxima entrega.
Mg. Eloy Mealla
Seminario Permanente Pedagogía Ignaciana
Vicerrectorado de Formación
Universidad del Salvador
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