Paradigma Ledesma-Kolvenbach: la utilidad
Una de las maneras de sistematizar los lineamientos principales de le pedagogía ignaciana es a través del Paradigma Ledesma Kolvenbach (PLK). El PLK es un esquema que comprende cuatro dimensiones: práctica, humanista, social y religiosa. Estas dimensiones son valiosos indicadores para establecer un autodiagnóstico y un proyecto –tanto personal como institucional– que oriente la marcha de una universidad según la propuesta ignaciana o jesuítica.
En esta oportunidad nos referiremos a la dimensión práctica, o a la “utilidad”. Es decir, la universidad debe proveer los conocimientos y habilidades para facilitar a los estudiantes los medios que necesitan para desenvolverse en la vida. Se trata de buscar activamente -entre alumnos y profesores– una formación integral de calidad en forma eficaz (alcanzando los objetivos) y eficiente (utilizando los recursos y los tiempos adecuados). Significa proponerse la excelencia humana en todo lo que somos y hacemos que, a su vez, está conectado con la dinámica del “magis” ignaciano.
Este enfoque no debe confundirse con el “utilitarismo” ni con el “competitivismo” pues la utilidad personal no está escindida de la dignidad de los otros ni del bien común. En ese sentido, la auténtica utilidad tampoco debe confundirse con el pragmatismo unilateral, pues no todo lo técnicamente posible es éticamente aceptable. La excelencia profesional, no utiliza atajos, incluye la dimensión ética. La ética, aunque sea de manera más ardua y a largo plazo, nos hace más eficientes.
Otra cosa es el eficientismo, cuando en nombre de un mejor rendimiento, por ejemplo, en el campo productivo no se establecen mecanismos de transición justa o medios compensatorios y de recualificación laboral. La eficiencia mal entendida sería también el uso de la violencia física o verbal, o naturalizar la mentira y el insulto con tal de alcanzar determinados fines supuestamente beneficiosos. Por el contrario, las sociedades que practican la igualdad y la cooperación se desarrollan más y muestran eficiencia. La ética favorece en lugar de impedir el desarrollo.
El desafío que abordamos es que hay “hipertrofia de medios” y “atrofia de fines” que nos acostumbran a un uso meramente instrumental de la razón, desentendiéndonos de fines y consecuencias. Si bien la ciencia, tiene un valor intrínseco, cabe siempre preguntarse “‘para quién” y “para qué”.
Ignacio Ellacuría –el rector jesuita asesinado en la república de El Salvador en 1989– advertía que no se puede formar profesionales exitosos en sociedades fracasadas, queriendo indicar que las universidades no deben limitarse a otorgar títulos técnicos o crear expertos enfocados solo en la utilidad personal. El éxito individual de un profesional carece de valor real si la comunidad entera se hunde en la miseria y la desigualdad. ●
Mg. Eloy Mealla
SEMINARIO PERMANENTE PEDAGOGÍA IGNACIANA
Vicerrectorado de Formación
Universidad del Salvador – Buenos Aires
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