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Misas por el primer aniversario del fallecimiento del Papa Francisco

Al cumplirse un año de la partida del Papa Francisco a la Casa del Padre se celebró una Santa Misa en la Iglesia del Salvador y en la Capilla “Santa Mama Antula” del Campus Universitario “Nuestra Señora del Pilar”. Toda la Comunidad de la Universidad del Salvador (USAL) se reunió para dar gracias por su vida, su Ministerio y su testimonio, que los sigue alentando a vivir una Iglesia en salida, cercana y misericordiosa, especialmente con quienes más sufren. Comunitariamente unidos en oración pidieron que su memoria los anime a renovar su compromiso con el Evangelio, especialmente en el encuentro con los demás y el cuidado de los más frágiles. 

La Santa Misa oficiada en la Iglesia del Salvador, fue celebrada por el Padre Andrés Tocalini y concelebrada por el Rector de la Iglesia del Salvador, R.P Salvador Verón S.J.; el Padre Gabriel Tomás y Alejandro Sánchez Kulik; y en el Campus de Pilar fue celebrada por el Padre Hugo Acuña.

El Lic. Francisco Liaudat, Colaborador Académico del Vicerrectorado de Formación, señaló:

Al cumplirse el primer año del fallecimiento del Papa Francisco, queremos no solo recordar la partida del primer Sumo Pontífice Argentino, Latinoamericano y Jesuita, sino abrazar con fuerza su legado ya que reconocemos en él un protagonista decisivo para la identidad y misión de la comunidad universitaria.

La historia de la Universidad del Salvador está profundamente entrelazada con la vida y el pensamiento de Jorge Mario Bergoglio. Muchos miembros de la comunidad han compartido con él momentos cotidianos y especiales que forman parte del recuerdo en nuestra casa de estudios.  Su huella permanece de manera particular en la Carta de Principios “Historia y Cambio”, texto fundacional que continúa orientando el camino institucional. Allí, el entonces Provincial jesuita nos invitaba a mirar la realidad con discernimiento, un ejercicio característico del liderazgo ignaciano. Este espíritu no sólo configuró una etapa histórica, sino que sigue siendo fuente viva de identidad y criterio para la planificación y acción universitaria. 

A lo largo de su pontificado, Francisco profundizó esas intuiciones iniciales: una Iglesia en salida, que ubica a las periferias en el centro, comprometida con los más vulnerables y abierta al diálogo con la cultura. Estos rasgos encuentran en la vida académica un campo privilegiado de encarnación. La Universidad, como espacio de formación integral, investigación y servicio, está llamada a plasmar esa visión en cada ámbito donde se despliegue.

Por eso, este primer aniversario no es solo un tiempo de recuerdo, sino de responsabilidad. El legado recibido no puede conservarse de modo estático: exige ser interpretado, actualizado y proyectado hacia el futuro. El legado de Francisco implica la tarea de difundir sus valores y de hacerlos vida en el ámbito universitario.

Continuar el camino que él abrió supone, para la comunidad universitaria, formar profesionales con sentido ético y compromiso social, promover el diálogo interdisciplinario y cultivar una mirada crítica y esperanzada sobre la realidad. Supone también sostener una universidad fiel a sus raíces ignacianas, capaz de “refundarse” continuamente volviendo a sus fuentes para responder creativamente a los desafíos del presente.

A un año de su muerte, queremos ofrecer un homenaje que se exprese en la fidelidad dinámica a su pensamiento: hacer de la tarea universitaria un verdadero servicio a la sociedad, especialmente a quienes más lo necesitan, manteniendo viva la convicción de que el conocimiento, iluminado por el Evangelio, puede transformar la realidad. Volvamos a escuchar hoy, lo que hace unos años él decía a los argentinos reunidos en la JMJ de Río de Janeiro: “hagan lío”.

Así, el legado de Francisco permanece entre nosotros no como la añoranza de un tiempo pasado, sino como un llamado a la misión para ofrecer “ciencia a la mente y virtud al corazón”.

El Padre Andres Tocalini en su Homilia realizó una sentida reflexión sobre el legado espiritual del Papa Francisco, su testimonio de fe y su vínculo con nuestra Universidad “Francisco sigue presente. Nuestra mente sabe que está con nosotros, en la memoria agradecida y en la fe compartida”. Agregó que: “nos visita en la comunión de los santos, en la certeza de que camina con nosotros y en la memoria agradecida de una institución que se dispone a celebrar siete décadas de vida (..) Francisco fue un regalo para la Iglesia, un regalo para nosotros”, destacó. Su figura se evocó no solo como Pontífice, sino como testimonio de resiliencia. Pasó por momentos difíciles, como alguna vez nos toca a todos. Señaló que, frente a la adversidad, Francisco dejó una enseñanza: “no apartó la mirada de lo esencial. No dejó de poner los ojos en Jesús, en el Salvador. Sus ojos fijos en Jesús lo ayudaron a seguir caminando, viviendo su misión con esperanza, con alegría, con mucha fe, sin claudicar el mensaje del Evangelio. Porque lo importante, lo central, lo definitivo del principio y fundamento de nuestras vidas es Jesús. Y Francisco nos lo recordó con su palabra, con su Magisterio, pero sobre todo con su vida, con sus gestos, con signos”. 

También el Padre Tocalini hizo memoria del Magisterio de Francisco, el menos citado. “Muchas veces olvidamos las grandes encíclicas y alocuciones más reconocidas de Francisco: Laudato Si’, Fratelli Tutti, que están encabezadas por su primera exhortación, Evangelii Gaudium. Y esa hermosa encíclica sobre el Sagrado Corazón”, en referencia a Dilexit Nos. Como el salmista, Francisco pudo vivir una relación profunda con Jesús y repetir “pongo mi vida en tus manos, Señor”. “Ese es el llamado para la Universidad del Salvador en sus 70 años: descubrir que lo fundamental en nuestras vidas es volver a Jesús. Que todo lo que hagamos, pensemos y planifiquemos no puede dejar de tenerlo a Él como fundamento, como roca, como principio y como horizonte”. 

Finalizó su homilía con la misma frase con la que Francisco despedía cada encuentro: “Recen por mí”.  Hoy la comunidad invierte el pedido: “Hoy le pedimos a Francisco: reza por nosotros. Ayudanos a vivir fieles a Jesús, a nuestra fe. Ayudanos a vivir cada uno desde su lugar, desde su vocación, desde su misión, siguiendo el Evangelio”.
 A las puertas del 70° Aniversario, la Universidad del Salvador pidió su intercesión para recuperar la identidad que lleva en el nombre: “No somos otra cosa que la Universidad del Salvador, de Jesús, nuestro Señor. Que así sea”.

El Rector de la Iglesia del Salvador, R.P Salvador Verón S.J. señaló que su Casa, es la Casa de todos nosotros y recordó una experiencia que vivió con al Papa Francisco, que uno va guardando en el corazón. Su estilo cercano y su capacidad para “sintonizar con la gente”  no fueron rasgos personales aislados: se trasladaron como sello distintivo a cada Colegio y a Universidad de la Compañía de Jesús. Remarcó que la formación que promovió Jorge Bergoglio apunta a un objetivo claro: que los dones recibidos y la excelencia académica “nos hagan profundamente humanos, cercanos a los demás, especialmente a los más sufridos, a los más humildes, a los más vulnerables. No se trata solo de quilate intelectual, sino de ponerlo al servicio de un mundo más justo, más fraterno y más solidario. Ese horizonte bebe de una fuente concreta. Los jesuitas de España, reunidos estos días, celebran el aniversario del Decreto 4° de la Compañía de Jesús, documento que unió para siempre fe y justicia. “Eso hemos bebido los jesuitas y la familia ignaciana”, se recordó en el homenaje: toda la exigencia académica debe buscar transformar la realidad.

“Otro rasgo central de Francisco fue su amor entrañable a la Iglesia entendida como pueblo. Defendía la “unidad indestructible” entre la institución y el pueblo vivo de Dios. Esa convicción la transmitía desde sus años de formador, cuando les pedía a los estudiantes ser “constructores de una patria de hermanos”.

Hoy, a un año de su partida, esa consigna resuena como mandato: “que viva el Papa Francisco en cada aula, en cada proyecto y en cada gesto que ponga a los últimos en el centro”.

Para finalizar la Santa Misa en la Iglesia del Salvador, Agustín Podestá, Director Departamento de Teología del Vicerrectorado de Formación, leyó unas palabras emotivas señalando que, a un año de la partida del Papa Francisco a la Casa del Padre, “su memoria permanece viva en la Iglesia y, de un modo particular, en la vida de la Universidad del Salvador. Su figura sigue iluminando caminos, despertando preguntas y alentando procesos que continúan desplegándose en el presente.

Su vínculo con la Universidad del Salvador se inscribe en su identidad jesuita y en su modo de comprender la misión educativa. En esta casa, marcada por la espiritualidad ignaciana, tuvo un papel decisivo en su configuración institucional, manteniendo a lo largo del tiempo una cercanía real y constante, así como una atención sostenida a su desarrollo y a su misión. Desde esta perspectiva, la universidad se configura como lugar de encuentro, de diálogo con la cultura y de búsqueda compartida de la verdad, en atención a los desafíos concretos de nuestro tiempo.

La impronta de la espiritualidad de la Compañía de Jesús atraviesa todo su pontificado. El discernimiento, la atención a los procesos, la lectura creyente de la realidad y la convicción de que Dios actúa en la historia configuran un modo de ejercer el ministerio marcado por la cercanía y la escucha. Desde allí, Francisco impulsó una Iglesia en salida, con capacidad de habitar las periferias y de acompañar la vida concreta de las personas.

Entre los núcleos más significativos de su magisterio se destacan la misericordia como clave de comprensión del Evangelio, la sinodalidad como forma de vida eclesial, el cuidado de la creación como responsabilidad compartida y la fraternidad como horizonte para la convivencia humana. Su enseñanza propone volver al centro del mensaje cristiano, con una renovación del anuncio que recupere la fuerza del kerygma y su capacidad de transformar la existencia.

En este contexto, la Universidad del Salvador está comprometida en continuar, custodiar y proyectar este legado en su vida académica y pastoral, integrando la reflexión teológica, el compromiso social y la formación de nuevas generaciones. Recordar a Francisco implica también asumir la tarea de profundizar su herencia, dejándose interpelar por sus intuiciones y llevándolas adelante con creatividad y fidelidad.

En el marco de esta celebración eucarística, su memoria se convierte en acción de gracias y en compromiso. Su legado queda abierto como camino para la historia de la Iglesia, invitando a seguir avanzando con esperanza, en comunión y al servicio del mundo”.

Por su parte, el Padre Hugo Acuña, en la Santa Misa celebrada en la Capilla “Santa Mama Antula” del Campus Universitario “Nuestra Señora del Pilar”, reflexionó: “Hoy es un día muy especial, de mucha tristeza, pero también de mucha alegría porque él está junto a Jesús y nos está alentando…Él tenía mucho amor por todos, pero podemos decir especialmente por los jóvenes…Así que es la tarea de ustedes y de todos 'hacer lío', que él pienso que lo que quería decir era que dejemos llevarnos de la Gracia para hacer la historia que Dios quiere hacer en nuestro mundo”(…) Ojalá nosotros aprendamos hoy del Papa Francisco el mensaje que él nos dio. Entregó su vida a Dios, la entregó…no sé si saben, pero él primero estaba estudiando creo que Bioquímica o algo así y después bueno, fue descubriendo su vocación y siendo muy joven, a la edad de ustedes, se decidió por seguir esa hambre, esa sed que tenía en su corazón. Y desde ahí lo siguió siempre y no buscó otra cosa; tuvo esa gracia especial. A mí, entre todas las imágenes, me impresionó cuando ya lo habían nombrado Obispo de Roma, que con su bolsito y sus zapatos sube la escalera para su primera visita, que uno se imaginaba '¿a dónde va a ir estando Roma? ¿A París? ¿A Madrid? ¿A dónde iríamos nosotros?'. Bueno, él fue al lugar a donde nadie quería ir: a una isla donde estaban todos los refugiados que venían del África, en el sur de Italia.

Entonces, lo que quiero decir es simplemente que él nos mostró con su vida lo que es seguir a Jesús, enamorarse de Jesús y entregarle la vida a Jesús, el Pan de Vida. Ojalá todos nosotros podamos con nuestra vida poder seguir a Cristo, enamorarnos de Cristo y, bueno, seguir el ejemplo de nuestro querido Papa Francisco”.

Tras la homilía, el Padre Hugo Acuña invitó a los asistentes a compartir sus reflexiones sobre la figura del Papa Francisco. En respuesta, la Jefa Administrativa del Campus, María José, expresó su gratitud por la dedicación del Pontífice hacia la institución, destacando su rol fundamental en los orígenes de la misma: "Agradezco la dedicación que tuvo hacia la Universidad y de ser uno de nuestros fundadores, que hoy la Universidad muy pronto cumple 70 años. Y también agradecerle que hoy estamos acá por esa visión que él tenía junto a otros jesuitas, ¿verdad? Pero agradecerle eso, que hoy estamos acá porque él hizo mucho también." 

Por su parte, el Padre Acuña ante una Capilla desbordante de jóvenes universitarios unidos en oración por Francisco, enfatizó que el Papa no solo fue un pilar en la Universidad del Salvador, sino que su influencia y guía  ha sido y es permanente: “Ahora continúa guiándonos desde el Cielo en nuestra misión educativa”.
 

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