En la cocina del Periodismo: el recorrido de Román Iglesias Brickles
El primer acercamiento de Román Iglesias Brickles al Periodismo no fue en una Redacción, sino en el Archivo de El Cronista Comercial. Corría 1997 y todavía estudiaba en la Facultad de Ciencias de la Educación y Comunicación Social cuando entró en plena digitalización del material histórico. “No estaba en el día a día de la noticia, pero estaba en la cocina de un medio”, recuerda. Su tarea consistía en abrir sobres, escanear documentos y ordenar años de producción periodística que hasta ese momento se guardaban de forma artesanal.
Ese trabajo, aunque alejado de la escritura, le permitió entender la lógica interna de un diario. “Veías cómo los periodistas iban a buscar sus antecedentes, cómo se armaban las notas. Había una sinergia, un clima de laburo muy particular”, explica. La experiencia no le resultaba del todo ajena: desde chico había frecuentado redacciones acompañado de su padre, que trabajaba en el armado gráfico de periódicos en una época previa a la digitalización. “Era todo manual, las páginas se armaban a mano. Yo ya venía viendo ese mundo desde muy chico”, cuenta.
Entre la frustración y el aprendizaje
Su paso por la Universidad del Salvador estuvo lejos de ser lineal. Durante los primeros años, la formación le resultó teórica y poco conectada con el oficio. El cambio llegó en el tramo final de la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación, cuando empezaron a aparecer materias más prácticas y profesores vinculados a los medios. “Ahí sí, cuarto y quinto fueron bravísimos”, señala. Recuerda en especial la materia de Redacción que dictaba la Lic. Érica Walter que la describió como exigente y formativa: “Me costó muchísimo, pero aprendí un montón”.
Ese aprendizaje se dio en paralelo con un contexto histórico atravesado por la crisis de 2001. “Rendí un final el 20 de diciembre, en pleno caos”, cuenta. Se trataba de Análisis Político y Opinión Pública, con Luis González Balcarce, el mismo día en que caía el gobierno de Fernando de la Rúa. “Era todo lo que me gustaba: actualidad, política, discusión. Me saqué un 10”, recuerda. La escena sintetiza el cruce entre formación y realidad: estudiar periodismo mientras el país se desmoronaba.
Mientras la carrera avanzaba con sus tiempos, el aprendizaje real –según cuenta– pasaba por otro lado. “Todo lo que haces suma, incluso lo que no te pagan”, afirma. Durante esos años armó un programa de radio, hizo coberturas con amigos y empezó a meterse en el periodismo deportivo, especialmente en el rugby. “Hacíamos móviles desde las canchas, inventábamos cosas. Era meter mano todo el tiempo”, dice. Ese proceso fue clave para construir su identidad profesional. “Te vas formando, haciendo. Después, cuando te toca algo más grande, ya sabes resolver”, explica.
Coberturas en terreno
El salto llegó con el Mundial de Rugby 2011 en Nueva Zelanda. Pero no fue una asignación: fue una construcción propia. “Conseguimos sponsors, armamos todo desde cero. Fue una locura”, recuerda. Esa experiencia marcó un antes y un después, no solo por el viaje, sino por la forma de trabajar: producir, gestionar y cubrir al mismo tiempo.
Las coberturas en Estados Unidos sumaron otra capa a esa experiencia internacional, sobre todo por el contexto en el que se dieron. En 2020 viajó para cubrir las elecciones en medio de la pandemia de COVID-19, con un escenario completamente atípico. “No había vuelos, no había nada. Conseguimos uno hasta Miami por un contacto y de ahí manejamos hasta Washington”, cuenta. El recorrido no fue menor: alquilaron un auto gracias a un canje y cruzaron varios estados en un país con fuertes restricciones internas.
Al llegar, el clima era todavía más complejo. “Washington estaba todo tapiado. Veníamos del caso George Floyd, había tensión social y miedo a disturbios”, recuerda. A eso se sumaban las limitaciones sanitarias: hoteles sin servicios, poca circulación y protocolos estrictos. “Era un contexto rarísimo: pandemia, conflicto social y elecciones todo junto”, describe.
La cobertura tampoco fue lineal. El sistema de voto por correo demoró los resultados y generó días de incertidumbre. “No se sabía quién ganaba, se estiraba el conteo, había mucha tensión”, explica. Recién varios días después se confirmó el triunfo de Joe Biden, en medio de un clima cargado. “Fue como una olla a presión que se liberó de golpe”, dice.
Esa experiencia le dejó algo más que lo periodístico. “Ahí entendés que no alcanza con mirar encuestas. Tenés que hablar con la gente, ver cómo vive, qué piensa”, señala. Ese mismo criterio lo aplicó en la cobertura más reciente en Estados Unidos, donde —según cuenta— pudo anticipar el resultado a partir del contacto directo con la realidad cotidiana. “Vas, hablas con la gente en la calle, en un café, en un taxi… y empezás a ver por dónde viene la mano”, explica. En ese sentido, marca una diferencia clave entre el análisis a distancia y el trabajo en el lugar. “El termómetro real está en la calle”, resume.
Trabajar con Víctor Hugo
En ese recorrido también aparece su paso por espacios vinculados a Víctor Hugo Morales. “Es una gran persona”, dice. Destaca la importancia de los vínculos en el periodismo: “Los contactos son clave. Nunca sabes cuándo vas a necesitar a alguien”. Ese aprendizaje se volvió concreto en situaciones límites, como el Mundial de Rusia 2018, cuando circuló el rumor de que Diego Armando Maradona había muerto. “Era un caos, todos decían cosas distintas”, recuerda.
En ese momento, decidió chequear la información antes de salir al aire. “Llamé a Matías Canillan, que tenía llegada directa al entorno. Me dijo: ‘no, no se murió, tuvo una descompensación y lo llevaron a atender”, cuenta. Con ese dato confirmado, pudieron dar la información correcta en medio de la confusión. “Ahí entendés lo importante que es tener buenas fuentes y no salir a decir cualquier cosa”, resume.
Mundial Rusia 2018: la cobertura al límite
Otra escena que lo marcó ocurrió también en ese Mundial. Después del partido en que Argentina le ganó a Nigeria 2 a 1 y logró una clasificación agónica, tenía que trasladarse para cubrir el cruce de octavos de final ante Francia.
El destino era Kazán, pero nada salió como estaba previsto. “El viaje era de diez horas y tardamos dieciocho. La ruta era un desastre”, recuerda. Sin vuelos ni trenes disponibles, decidieron hacerlo en auto junto a otros colegas. El cansancio se acumuló durante la madrugada, con tramos largos, poca señal y paradas improvisadas.
Llegaron alrededor de las seis de la mañana, el mismo día del partido. “Estábamos cansadísimos, sin dormir y con el partido a la tarde”, cuenta. Pero el problema recién empezaba: el alojamiento que habían reservado no coincidía con lo pactado. “Habíamos alquilado por fuera de las plataformas y cuando llegamos no era lo que nos habían dicho. Prácticamente, nos habían estafado”, explica. Con pocas horas por delante y sin margen de error, tuvieron que resolver sobre la marcha. “Tuvimos que discutir, insistir, hasta que logramos que nos den una habitación antes de tiempo”, dice. El descanso fue mínimo: apenas un par de horas antes de salir a trabajar.
Ese mismo día, Argentina quedó eliminada tras perder 4 a 3 frente a Francia en uno de los partidos más intensos del torneo. “Salimos al aire igual, como si nada. Ahí no hay excusas”, resume.
La tesis: cerrar una etapa pendiente
La tesis fue, durante años, una deuda pendiente. “La dejé colgada por la vida, por el trabajo”, reconoce Román Iglesias Brickles. Con la carrera ya terminada y en plena actividad profesional, esa instancia quedó relegada frente a la dinámica del día a día.
El impulso final llegó desde la propia Universidad. Fernando Gorza, Director de las Licenciaturas en Periodismo y Periodismo Deportivo, insistió en que la finalizara. Esa misma fue decisiva para retomar un trabajo que había quedado inconcluso durante años.
Cuando finalmente se sentó a hacerla, eligió no correrse de su recorrido profesional, sino todo lo contrario: convertirlo en objeto de análisis. El eje fue su propia agencia, MediaKit. “Hice exactamente lo que hago: cómo una productora independiente le propone a un medio una cobertura internacional”, explica. A partir de ese punto, desarrolló de manera detallada todo el proceso: desde la idea inicial hasta la salida al aire. “Incluí cómo se consigue la acreditación, cómo se arma el equipo, cómo se financia el viaje, cómo se negocian canjes y cómo se genera contenido para distintos medios”, enumera. La tesis no se quedó en lo teórico, sino que desarmó el detrás de escena del trabajo periodístico en coberturas internacionales.
Uno de los aspectos centrales fue la lógica de producción integral. “No es solo ir a cubrir: es pensar el proyecto completo, desde lo comercial hasta lo editorial”, señala. En ese sentido, el trabajo también abordó la articulación entre periodismo y gestión, mostrando cómo se construyen este tipo de coberturas en un contexto donde los recursos no siempre están garantizados.
La defensa, realizada a fines del 2025, incluyó además casos concretos de su trayectoria. “Llevé ejemplos reales, coberturas que hicimos, cómo se armaron, cómo se sostuvieron”, cuenta. La instancia no solo implicó cerrar una etapa académica, sino también poner en palabras una forma de trabajo que venía desarrollando desde hacía años. “Fue bajar a tierra todo lo que venía haciendo”, resume. Más que un requisito formal, la tesis funcionó como una sistematización de su experiencia: ordenar, explicar y darle marco a un modelo que combina periodismo, producción y estrategia.
Lo que sigue: Mundial de Fútbol 2026 en el horizonte
Ese recorrido no quedó en el plano académico. Hoy, mientras continúa con su trabajo en la agencia, ya está enfocado en una nueva cobertura internacional. “Ahora estamos con todo lo del Mundial, hablando con la parte comercial para ver qué les podemos ofrecer, conseguir acreditaciones…”, cuenta.
La lógica es la misma que describe cuando explica su trabajo: pensar, gestionar y producir cada cobertura de manera integral. “Tenés que armar todo: el viaje, los contactos, cómo lo financias, qué contenido vas a hacer”, dice.
Del archivo de El Cronista a las rutas de Rusia, de la crisis de 2001 a un Mundial en el horizonte, la trayectoria de Román Iglesias Brickles muestra que el Periodismo no se hereda ni se improvisa: se construye. Gestionar, producir y salir al aire con criterio. Porque al final, como él mismo aprendió en la calle y en las canchas, el termómetro real no está en las encuestas ni en los dashboards, está en la gente. Y ahí es donde el Periodismo, cuando es humano, sigue teniendo sentido.
Por Jimena Rocío Lucero, estudiante de la Licenciatura en Periodismo de la Facultad de Ciencias Sociales, Educación y Comunicación de la Universidad del Salvador (USAL) en el marco de las prácticas educativas de capacitación.
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