Voces desde el silencio: testimonios de un encuentro profundo con Jesús en la Casa "Mama Antula"
En un mundo marcado por el ruido y la aceleración, el Retiro de Espiritualidad Ignaciana propone volver a lo esencial: el silencio, la oración y un encuentro profundo con Jesús.
Basado en los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús, este retiro no es un curso ni una serie de charlas grupales. Es un camino personal acompañado. Cada persona reza, mira su vida y discierne con la guía de un acompañante espiritual. Como decía San Ignacio, el objetivo es “buscar y hallar la voluntad de Dios en la propia vida”: ordenar los afectos, liberarse de lo que ata y elegir con libertad aquello que lleva a vivir con más sentido. La espiritualidad ignaciana tiene 3 ideas fuerza: "encontrar a Dios en todas las cosas", "magis" = dar lo mejor, y "amar y servir".
Un método práctico para el corazón
Durante los días de retiro, el silencio es protagonista. Se reciben propuestas de oración ajustadas a lo que cada uno va viviendo. La oración se realiza con la Biblia en mano, pero no para estudiar. Se trata de leer los pasajes, imaginar las escenas del Evangelio y hablar con Jesús como un amigo. Al cerrar el día, se comparte con el guía sobre que nos ayudó a mirar ese pasaje, reflejado en nuestra vida.
Una búsqueda interior
A través del Retiro de Espiritualidad Ignaciana uno puede conocerse mejor, reconocer patrones, heridas, talentos y deseos profundos, sin juicio. Profundizar la relación con Dios, a través de la oración contemplativa y el silencio. Discernir decisiones, de pareja, trabajo, vocación o perdón, aprendiendo el método ignaciano de discernimiento. Sanar y agradecer, reconciliarse con el propio pasado y reconocer lo bueno recibido. Descansar interiormente, saliendo del apuro para recuperar paz y dirección.
El Retiro Ignaciano es, en definitiva, una invitación a poner orden donde hay ruido. Un espacio para que cada persona pueda escuchar, decidir y retomar el camino con el corazón en paz.
Ecos del silencio: Testimonios de la Comunidad USAL
La experiencia de los Ejercicios Espirituales no se cuenta desde la teoría, sino desde la huella que deja en quienes la transitan. Para la Secretaría de Prensa de la Universidad, no hay mejor manera de dimensionar el alcance de este encuentro que compartiendo las voces de los miembros de nuestra comunidad. Ellos se propusieron volver a lo esencial y se animaron al silencio en el Retiro de Espiritualidad Ignaciana en la histórica Casa de Ejercicios Espirituales "Santa Mama Antula". A continuación, sus vivencias, sus búsquedas y sus descubrimientos:
María Victoria Scarpatti, Directora del Departamento de Filosofía del Vicerrectorado de Formación
- ¿Qué te motivó a hacer el retiro ignaciano y qué esperabas encontrar?
Hice el retiro por búsqueda personal de discernimiento de la voluntad de Dios en mi vida, y esperaba encontrar respuesta y paz interior.
- ¿Hubo algún momento "bisagra" donde sentiste que algo cambió adentro tuyo?
Más que momentos bisagra, lo espiritual sucede como desvelamiento, como apertura interior a nociones o sitios nuevos que son como espacios que aparecen ante la propia interioridad. Uno comprende que en la espiritualidad se puede crecer, dedicándole el tiempo necesario.
Victoria Zunino, Secretaria Académica del Vicerrectorado de Formación
- Si tuvieras que describir el retiro en 3 palabras, ¿cuáles serían?
Discernimiento, Cercanía y Serenidad.
- ¿Qué fue lo más difícil del silencio y la oración diaria para vos?
La verdad es que no me costó estar en silencio, habitarlo. En cuanto a la oración diaria, al principio me costó concentrarme porque aparecía esa voz interior que generalmente dispersa. Luego del segundo ejercicio todo fluyó con mucha más naturalidad. Creo que la Casa de Ejercicios Espirituales Santa Mama Antula es un lugar perfecto para la reflexión, para estar en silencio y sentir la cercanía de Jesús.
Soledad Herrera, Directora de Publicaciones Científicas
- ¿Sentís que el objetivo de "buscar la voluntad de Dios" te ayudó a ver algo concreto de tu vida?
Esto todavía está en proceso de discernimiento; no es fácil lidiar con la razón que quiere comprender causas, efectos y procesos. Lo que sí sé es que ese fin de semana de abril inicié un camino. Tal vez hoy todavía no pueda compartir hacia dónde me conduce, pero sí que me dejó la disposición de escuchar con confianza su voluntad.
- ¿Qué descubriste sobre vos misma que no veías antes del retiro?
Como seguramente podrán decir los que eligen participar de un retiro, la idea inicial era crear el espacio para sostener un diálogo más cercano con Dios. Personalmente, me interpela la figura de Marta, la hermana de Lázaro, que, aun recibiendo la visita de Jesús, no podía dejar de hacer cosas, en lugar de elegir lo más importante, escucharlo a Él. Luego del retiro, me trajo mucha paz descubrir que tengo el poder de crear el espacio para ese diálogo, que es una práctica que requiere ejercitación. Así fue como en ese momento entendí las palabras de Mama Antula: "La paciencia es buena, pero mejor la perseverancia".
Liliana Rega, Directora de la RedBus (Red de Bibliotecas USAL)
- Después del retiro, ¿qué cambió en tu forma de rezar o de mirar el día a día?
En principio ha sido muy importante tener la experiencia de dos días dedicados a la oración sin sobresaltos, pero sobre todo sin los estímulos propios de la vida cotidiana de una ciudad como Buenos Aires. En ese contexto urbano quizás estemos acostumbrados a la oración devocional, de agradecimiento, de alabanza. En el retiro hemos intentado la oración del silencio. Digo intentado porque la oración del silencio u oración contemplativa es un camino que de ninguna manera puede reducirse a un retiro. Pero efectivamente esta experiencia ha impactado en el día a día, porque se me ha presentado una dimensión, una manera de contacto con Dios que anhelo no perder en medio de los trajines ordinarios. Incluso he pensado que lo cotidiano, la vida laboral, familiar, social podrían tener otra luz y otro sentido si lo enraizamos en el silencio. Enraizar la vida en Cristo en el silencio, que no es vacío sino espacio para que Dios se manifieste, ha sido quizás la motivación que me he llevado del retiro. Ese enraizamiento cotidiano, ese espacio de silencio es también una entrega a la escucha de Dios. Es un camino tan arduo como decisivo en mí para encontrar a Jesús en todas las cosas.
- ¿Cómo fue para vos el encuentro diario con el guía espiritual? ¿Qué te aportó?
El encuentro diario con los guías me ha ayudado a profundizar en aquellos momentos de los Evangelios que quizás damos por “sentado” o conocido. La guía amable pero certera que nos llevó a re gustar en nuestra intimad la Palabra en cada uno de los momentos (fueron varios), provocó nuevas resonancias “en mi propia vida”. Esa frase o idea “qué me dice Jesús a mí” ha sido posible a partir de la guía que ha insistido en dejar el corazón a la espera del Cristo que nos habla.
Sandra Inés Costales y Viviana Galdo, docentes de la Universidad.
- ¿Qué frase, idea o imagen del retiro te quedó grabada y te acompaña todavía?
Para Sandra Costales: La Santa Misa de cierre del Retiro Ignaciano, celebrada por los sacerdotes que nos acompañaron, fue un momento de acción de gracias por todo el bien recibido que aún me acompaña y alienta en la tarea cotidiana.
Para Viviana Galdo: Antes del retiro no había prestado especialmente atención a las palabras que "tal vez" Jesús resucitado habría dicho a su madre en el primer encuentro. En una meditación nos invitaron a compartir la Alegría de María con su Hijo Resucitado, y leímos Cantar de los cantares 2, 8 ss.
Usando la imaginación como nos enseñó San Ignacio de Loyola, imaginé a María después de la muerte de su único y amado Hijo. Sufriendo sin entender y sin respuesta a todo lo que durante su vida venía guardando en su corazón. ¡María vivía en un Seol pero en vida! Sin saber cómo comunicarse con Dios, sin entender qué había pasado, en una soledad que nadie podía acompañar, en la oscuridad más tenebrosa de su vida y totalmente desorientada... y de pronto, Jesús con una sonrisa le toma la mano y de dice: "¡Mamá! ¡Hermosa mía, amada mía! ¡Ven aquí que ya pasó el invierno y es el tiempo de la alegría! ¡Aquí estoy!". Y ella, desconcertada como cuando se le apareció el Ángel anunciando y solicitando su Sí para ser la Madre del Salvador, preguntó: "pero ¿cómo puede ser esto si yo te vi muerto y sepultado?" Y Jesús le respondió como el Ángel aquella vez "¡Porque NADA es imposible para Dios! ¡Resucité!".
El rostro de María cambió y corrió a abrazarlo. Luego lo miraba, Jesús mostró sus manos, sus pies, y su costado. Y María lo abrazó con el amor y la fuerza de una madre que en el abrazo también se siente sostenida, por el abrazo del Hijo. ¡Inunda la alegría! ¡Abrazos, contacto, besos! Y ella resurge, renace, radiante.
- Les propongo que completen la frase: "Antes del retiro yo ……., y hoy siento que ………".
Para Sandra Costales: Antes del retiro ignaciano, yo había participado de algunas jornadas en la Santa Casa de Ejercicios Espirituales, tenía un profundo deseo de hacer un retiro ignaciano en la casa donde vivió Mama Antula. Vivir una experiencia de Dios en ese lugar que Mama Antula preparó para sus peregrinos y hoy siento que la invitación de USAL a participar fue un regalo que agradezco a todos y aliento que muchos puedan vivir.
Para Viviana Galdo: Aprendí que Jesús es nuestra alegría desde un lugar que nunca lo había vivido.
Lo que me sigue acompañando es la voz de Jesús que tendiéndome la mano me dice "¡Vamos Viviana! ¡A seguir anunciando la Alegría de la Salvación!
La Mirada del Acompañante: El Rol del Guía Espiritual
Para comprender la dinámica de este camino personal, es fundamental la perspectiva de quienes facilitan el espacio de discernimiento. El Padre Andrés Tocalini, uno de los encargados de acompañar a la comunidad de la USAL en esta experiencia, comparte sus reflexiones sobre la misión de guiar en clave ignaciana:
“Acompañar procesos de crecimiento espiritual al estilo ignaciano es una consecuencia de mi propia experiencia de los ejercicios y de la formación realizada para tal fin. Guardo especialmente el recuerdo de la experiencia vivida hace ya 20 años en el Centro de Espiritualidad de los jesuitas en Guatemala, donde hicimos todo el proceso y nos preparamos para acompañar a otros.
Acompañar implica escuchar y ser testigo del proceso que el Espíritu va haciendo en la persona acompañada. No se trata de dar consejos, sino a veces de reflejar para ayudar a descubrir el propio camino. El acompañamiento ayuda a que quien se anima a lanzarse en la aventura de entrar en lo más profundo de sí mismo pueda encontrarse con Jesús, el Señor. El objetivo no es otro que encontrarse con Él y poner la vida a su disposición para mayor gloria de Dios, viviendo conscientes de que estamos llamados 'en todo amar y servir'.
A veces el proceso se dificulta cuando la persona está entrampada en cuestiones psicológicas o personales que desvían el camino interior; por eso es importante complementar el proceso espiritual con un serio camino de autoconocimiento y aceptación personal. En cuanto al discernimiento personal, es una gracia, porque Dios también nos habla de manera constante a través de aquellos a quienes uno acompaña”.
Con estas voces, la Secretaría de Prensa de la Universidad del Salvador concluye una crónica que va más allá de lo institucional para adentrarse en lo profundamente humano. De este modo, el Retiro de Espiritualidad Ignaciana se consolida no como un encuentro aislado, sino como un punto de partida. Los testimonios reflejan que, en la mística de San Ignacio y bajo el amparo histórico de la Casa "Mama Antula", el silencio da frutos concretos, mayor claridad para el discernimiento y un renovado compromiso para "encontrar a Dios en todas las cosas".
La Universidad del Salvador celebra y acompaña estos espacios de hondo crecimiento humano y espiritual, reafirmando su vocación de formar no solo profesionales excelentes, sino personas dispuestas, en todo, a amar y servir.
Por Mgtr. Mariana Bonelli, Secretaría de Prensa de la USAL.
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