Premio "Corte Suprema de Justicia de la Nación" a nuestra graduada Abog. Catalina Gallardo
La Facultad de Ciencias Jurídicas de la Universidad del Salvador felicita a la abogada Catalina Gallardo, graduada de la sede Campus Pilar, por haber recibido el “Premio Corte Suprema de Justicia de la Nación”, distinción otorgada el jueves 7 de mayo en el Palacio de Justicia.
El premio, creado por la Acordada CSJN N.º 6/91, reconoce el mérito académico de los graduados de las carreras de Abogacía de todo el país que hubieran obtenido el promedio más alto en el año de su graduación. En esta edición se distinguió a los graduados del año 2024.
Catalina Gallardo se graduó el 11 de diciembre de 2024 con Diploma de Honor y también recibió el “Premio a la Excelencia Académica” otorgado por el Colegio de Abogados de la Ciudad de Buenos Aires.
Durante su trayectoria universitaria participó en actividades académicas internacionales, entre ellas el Programa Euromodelo Joven de la Unión Europea, y se desempeñó como Asesora en la Cámara de Diputados de la Provincia de Buenos Aires.
En una conversación con la Secretaria de Prensa, Catalina Gallardo señaló que haber recibido el “Premio Corte Suprema de Justicia de la Nación” en el Palacio de Justicia fue uno de los momentos más importantes y emocionantes de su vida académica y profesional. “Lo viví con un profundo orgullo y también con mucha gratitud. Detrás de ese reconocimiento hay años de esfuerzo, disciplina, constancia y sacrificio, no solamente míos, sino también de mi familia, que siempre me acompañó y sostuvo en cada etapa. Para mí tiene un significado muy especial porque representa la confirmación de que el trabajo serio y comprometido siempre deja huella. Desde muy chica soñé con ser abogada; fue una vocación que tuve muy clara desde los seis años. Poder culminar ese camino con un reconocimiento de esta magnitud, representando además a la Universidad del Salvador, fue realmente movilizante.
Además, haber ingresado al Palacio de Justicia no para litigar, sino para recibir un premio, tuvo un condimento especial y profundamente simbólico para mí. Como abogada, uno imagina ese lugar desde otro rol, vinculado al ejercicio profesional cotidiano. Poder estar allí siendo reconocida por el máximo tribunal del país fue una experiencia difícil de describir, pero esencialmente inolvidable. Recuerdo especialmente el momento de mirar hacia adelante y encontrarme con mis padres observando la ceremonia con orgullo. Creo que ese fue uno de los instantes más emocionantes de toda la entrega, porque sentí que no solo estaba cumpliendo un sueño personal, sino también devolviendo, de alguna manera, tantos años de esfuerzo, acompañamiento y sacrificio familiar.
También fue muy significativo haber sido reconocida por los miembros de la Corte Suprema y que la entrega del premio haya sido concretada por Horacio Rosatti. Poder conversar con él y compartir ese momento fue realmente magnífico y algo que voy a recordar siempre”.
Finalmente, este reconocimiento le dejó la sensación de que la excelencia no depende de tener un legado profesional previo o una tradición familiar dentro del Derecho. “En mi caso, no provengo de una familia de abogados, y aun así pude construir mi propio camino con dedicación y convicción. Recibir este premio me confirmó, una vez más, que el esfuerzo, la disciplina y la perseverancia siempre terminan marcando la diferencia, tanto en lo académico como en lo profesional”.
Además del “Premio Corte Suprema de Justicia de la Nación”, contás con el “Premio a la Excelencia Académica” del Colegio de Abogados. ¿Sentiste que uno preparó el camino para el otro?
Sí, definitivamente sentí que uno preparó el camino para el otro. El “Premio a la Excelencia Académica” del Colegio de Abogados tuvo un valor emocional muy profundo para mí porque llegó en un momento muy especial de mi vida. Recuerdo que me enteré de la noticia mientras estaba preparando el último final de la carrera y asistí a recibirlo un 12 de diciembre, apenas un día después de haberme recibido. Fue cerrar una etapa soñada con un reconocimiento que simbolizaba todo el esfuerzo realizado durante años.
Ese premio significó, de alguna manera, la confirmación de que el compromiso y la constancia habían valido la pena. Y siento que el reconocimiento de la Corte Suprema vino luego a consolidar ese mismo camino, pero ya desde una mirada más amplia e institucional.
Además, el premio de la Corte llegó en un momento distinto, ya con casi un año de ejercicio profesional y matrícula propia. Por eso también tuvo otro significado, especialmente arraigado a demostrarme a mí misma que la excelencia académica no termina en la universidad, sino que puede trasladarse al ejercicio profesional, a la forma de trabajar, de capacitarse y de asumir responsabilidades.
¿Cuál era tu función como Asesora en la Cámara de Diputados de PBA? ¿Algún proyecto o debate que te haya marcado?
Mi función en la Honorable Cámara de Diputados de la Provincia de Buenos Aires era desempeñarme como asesora legislativa de un diputado. Nuestro trabajo consistía principalmente en analizar los distintos proyectos presentados, evaluando la incidencia y las consecuencias que podía tener un voto positivo, negativo o una abstención respecto de cada iniciativa.
Era una tarea que requería mucho análisis, capacidad de síntesis y una mirada jurídica integral. También trabajábamos en proyectos de reforma, especialmente vinculados al Derecho Penal y al Derecho de Familia, dos áreas que siempre despertaron un interés muy especial en mí y en las que actualmente ejerzo de manera independiente. Más allá de algún proyecto puntual, lo que más me marcó fue comprender la enorme responsabilidad que existe detrás de cada decisión legislativa. Muchas veces, detrás de un expediente o de un debate, hay situaciones humanas muy sensibles que requieren un abordaje serio, responsable y empático. Esa experiencia me permitió crecer muchísimo tanto en lo profesional como en lo humano.
Catalina Gallardo actualmente se dedica al ejercicio independiente de la profesión, principalmente en las áreas de Derecho de Familia y Derecho Penal. Luego de graduarse y matricularse en el Colegio de Abogados del Departamento Judicial Zárate-Campana, decidió comenzar a litigar de manera independiente, y “sinceramente fue una de las mejores decisiones que tomé”, agregó.
“Para mí, ejercer la profesión implica mucho más que aplicar normas jurídicas; significa acompañar personas en momentos muy delicados de sus vidas. Tanto el Derecho de Familia como el Derecho Penal trabajan sobre conflictos profundamente humanos y requieren no solo formación técnica, sino también sensibilidad, responsabilidad y compromiso.
Además, continúo capacitándome de manera permanente. Actualmente estoy realizando un Posgrado de Especialización en Derecho de Familia, porque considero que el estudio y la actualización constante son indispensables para brindar un asesoramiento serio y de calidad. También tengo la posibilidad de dar clases en la Universidad del Salvador, la universidad que me formó. Poder volver hoy desde el lugar de docente es algo muy significativo para mí, porque siento que es una forma de retribuir parte de todo lo que recibí durante mis años de formación”.
¿Qué desafíos afrontás en tu actual puesto de trabajo?
Uno de los principales desafíos es la enorme responsabilidad que implica trabajar con cuestiones tan sensibles para las personas. Tanto el Derecho Penal como el Derecho de Familia atraviesan situaciones de vulnerabilidad, conflictos personales y decisiones que pueden impactar profundamente en la vida de alguien. Por eso siento que como abogada debo ser muy rigurosa y responsable con la información y el acompañamiento que brindo. Cuando una persona deposita su confianza en un profesional, muchas veces está poniendo en juego cuestiones centrales de su vida, de su familia o incluso de su libertad. Eso exige preparación, actualización constante y muchísimo compromiso.
Otro gran desafío es justamente lograr equilibrar el ejercicio profesional con la capacitación permanente. El Derecho cambia constantemente y considero fundamental mantenerse actualizado para poder ofrecer siempre el asesoramiento más especializado y humano posible. Nunca dejé de estudiar y creo que esa búsqueda constante de formación es parte esencial de mi manera de ejercer la profesión.
Pasaste de la formación en la Universidad directo a trabajar en el ámbito legislativo. ¿Cuáles crees que son las principales herramientas que te proporcionó la carrera?
La carrera me brindó herramientas fundamentales para poder desenvolverme rápidamente en el ámbito legislativo. Una de las más importantes fue la capacidad de análisis y síntesis. Desde el primer año tuve el hábito de leer, resumir y trabajar activamente sobre el material de estudio, y eso terminó siendo una herramienta muy valiosa en la Cámara de Diputados, donde constantemente debíamos analizar grandes volúmenes de información y transformarlos en conclusiones claras y útiles para el trabajo legislativo.
Además, la Universidad me dio una formación muy sólida en cuanto al razonamiento jurídico y también en el trato humano. Creo que el Derecho no puede ejercerse únicamente desde lo técnico; requiere escucha, empatía y capacidad para comprender distintas realidades sociales. La Universidad del Salvador también me enseñó a sostener la disciplina y la responsabilidad académica, herramientas que luego trasladé directamente al ámbito profesional y laboral.
¿Qué te llevás de los años como estudiante de la USAL?
De la USAL me llevo muchísimo, pero sobre todo la calidad humana y académica. Siempre sentí que era un espacio donde uno no solo iba a estudiar, sino también a aprender desde el intercambio, el acompañamiento y la cercanía con los docentes. Me llevo el hábito de ir a aprender, de preguntar, de escuchar y de no conformarme únicamente con el contenido teórico. Las clases siempre tenían una riqueza especial porque los profesores transmitían no solo conocimientos, sino también experiencias prácticas y vivencias reales del ejercicio profesional.
Además, la Universidad es sumamente presente en los actos culturales y en la formación integral de los estudiantes. Tuve la posibilidad de participar en el Euromodelo Joven de la Unión Europea, una experiencia muy enriquecedora que me permitió desarrollar herramientas de análisis, debate y trabajo en equipo. La USAL constantemente nos brindaba oportunidades para participar activamente en este tipo de actividades, que amplían muchísimo la formación académica y humana.
También valoro especialmente que la Universidad siempre nos mostrara las múltiples áreas en las que puede desarrollarse un abogado. Si bien yo elegí el ejercicio independiente y la litigación, el Derecho tiene innumerables ámbitos de aplicación, y la USAL siempre nos acercó esas distintas posibilidades para que, una vez recibidos, cada uno pudiera elegir el camino que mejor se adapta a sus intereses y vocación. Finalmente, me llevo grandes valores humanos, amistades y una formación sólida que me permitió afrontar con seguridad el ejercicio de la profesión desde el primer momento.
¿Qué estrategia o hábito te funcionó para sostener durante toda la carrera el promedio más alto?
El hábito que más me ayudó fue, sin dudas, la constancia. Siempre intenté, con éxito, llevar las materias al día y sostener una rutina de estudio organizada. Mi método consistía en leer previamente el material, resumirlo y luego completar esos resúmenes con todo lo trabajado en clase. También considero que asistir y participar activamente en las clases fue fundamental. En la USAL las clases son muy enriquecedoras porque los docentes aportan constantemente experiencias prácticas que complementan la teoría. Además, siempre estudié con anticipación suficiente y traté de no limitarme únicamente al contenido obligatorio. Me interesaba investigar más allá de lo que exigía el programa porque genuinamente disfrutaba aprender Derecho.
Creo que haber sostenido esa disciplina durante toda la carrera fue lo que realmente marcó la diferencia. Y también la pasión. Incluso sin venir de una familia de profesionales o abogados, siempre tuve una curiosidad y una vocación muy fuerte por esta profesión.
¿Qué mensaje, en base a tu experiencia como estudiante, le dejarías a un alumno de la USAL?
Le diría que disfrute la experiencia universitaria y que aproveche cada oportunidad que la carrera le ofrece. La universidad no es solamente un lugar de formación académica; también es un espacio de crecimiento personal y humano. Que no tenga miedo de preguntar, de participar y de involucrarse. No existen preguntas absurdas, incluso una vez con el título en nuestras manos. Quien hace preguntas es aquella persona que tiene muchas ideas en la cabeza, que analiza cada una de las incidencias de sus decisiones y eso es lo que luego, nos convierte en grandes profesionales. Los docentes tienen verdadera vocación por enseñar y siempre valoran el interés genuino de los alumnos.
También les diría que confíen en el esfuerzo y en la constancia. Muchas veces uno cree que los resultados llegan por suerte, pero en realidad llegan después de años de trabajo silencioso, disciplina y dedicación. Todo el tiempo invertido estudiando, capacitándose y preparándose termina dando frutos. Y, sobre todo, que nunca pierdan la vocación. El Derecho es una profesión profundamente humana y ejercerla con compromiso, sensibilidad y responsabilidad hace toda la diferencia.
Celebramos este importante reconocimiento, que refleja el compromiso, la excelencia académica y la formación integral de nuestros graduados.
Por Mgtr. Mariana Bonelli, de la Secretaria de Prensa de la Universidad.
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