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Santa Misa de Inicio del Año Académico 2024

La Comunidad Universitaria de la Universidad del Salvador (USAL) participó de la celebración de la Santa Misa de Inicio del Año Académico2024, que se realizó el lunes 4 de marzo en el Auditorio de la Facultad de Medicina. Todos los asistentes colaboraron con útiles escolares para la  Escuela "Coronel Desiderio Sosa", de Gobernador Virasoro, Provincia de Corrientes.

La Misa fue oficiada por el Padre Juan José Milano, quien estuvo acompañado por el Padre Andrés Tocalini y el Padre Eduardo Pérez del Lago.

La Vicerrectora Académica, Romina Cavalli, realizó la lectura del Santo Evangelio y a continuación, el Padre Andrés Tocalini leyó el Libro de San Lucas 4, 25-30.

El Padre Juan José Milano, antes de su homilía, primero invitó a ofrecer en la Eucaristía, no solo la acción de gracia por el Comienzo del Año Académico sino también por cuatro miembros de nuestra comunidad que partieron a la Casa del Padre: Gabriela Parodi, Raúl Angeluk, Ramón Cáceres y José Paradiso. 

Comenzó su Homilía señalando: “Como decía el Salmo, mi alma tiene sed de Dios, cuando veré el rostro de Dios. Me tomo de ahí el comienzo. ¿Por qué? Para poder comprender la incomprensión de esa gente, de los religiosos, sobre todo los cuidadores, de esta estructura religiosa, que no veían en Jesús a quien deberían ver. Porque ocurre habitualmente a todos, cuando tenemos una idea de algo tan formada y tan arraigada, aunque veamos otra verdad, no la vamos a reconocer. Y eso pasó con Jesús. Por eso esta frase que hasta los mismos antiguos la pueden decir. A veces la escuchamos: nadie es profeta en su tierra. Ni en su tierra, ni en su pueblo, ni en su credo religioso, mucho menos. De hecho, durante toda esta Cuaresma, en esta Pascua, vamos a ver fragmentos donde Jesús es perseguido no por el pueblo sencillo, que lo escuchaba con agrado, sino por los más religiosos”. Agregó que: “los sacerdotes les juraron venganza a Jesús. Ahí está al que mataron. Viene a atentar contra nuestra estructura de poder. No religión sacramente. Se había terminado con el tiempo aquello que había comenzado con esa fidelidad de Adán como representante del pueblo elegido a una infidelidad progresiva hasta tener armada una gran estructura religiosa de preceptos, de ritos, de tradiciones. Como le decía Jesús, tú no cumples con las tradiciones de nuestros padres, tú no cumples los preceptos, etc. Tú eres libre como tus discípulos. ¿Cómo es eso? Se convirtió en el gran enemigo del sistema religioso. ¡Qué paradoja! El pueblo que se supone que estaba preparado para recibirlo, lo rechaza. No el pueblo sencillo, sino los dirigentes religiosos. ¿Cómo es que entonces hay factores de poder que se aseguran más a sí mismos que lo que tienen que custodiar? ¿Qué tenían que custodiar? Para ellos era una religión, sea cual sea, para facilitar el encuentro de Dios con su criatura. Eso es. Si no hay mediación, entonces no sirve, será la religión, que será. Por eso mismo, eso sería un escándalo. Acá vemos que lo quisieron matar como en otra oportunidad. No era su tiempo, salió entre medio de ellos y siguió camino, como diciendo todavía tengo tarea, me quieren matar, pero yo voy a seguir. Hasta cuando entrega libremente su vida. Y donde todos estos religiosos lo terminamos poniendo en la cruz. Sin embargo, allí, como todo lo que es evangélico es una aparente contradicción, a Aquel que le dio la vida para que nosotros tengamos vida. Y allí donde llegan la muerte y la destrucción y la derrota de aquel que era peligroso, el sistema religioso, significó realmente la vuelta a la voluntad de Dios de salvar su criatura, por lo cual celebramos la Pascua de esa manera. Esto de quiero ver tu rostro, Señor, ¿no? ¿Cómo lo iban a ver en Jesús? Si justamente por eso después le dice y le menciona, por eso es la Lectura previa de Naamán y la vida de Zarefta, la hermana en Sirio, el Señor le dice: ve, este es el rostro de mi Padre, este es el rostro verdadero de Dios. La misericordia que es de todos, no de una raza particular, como una secta, sino de todos. Dios es Padre de todos, no importa la raza, el color, y eso jamás lo iban a aceptar, ni lo aceptan. La exclusividad, nuestro Dios, nuestro, el hombre puede conquistar a Dios, no, ni el más virtuoso. Creían que cumpliendo normas y preceptos se ganaba a Dios y se lo ponían en el bolsillo. Y esto que les pasó a los hebreos, a los israelitas, sin tener queriendo, sin saber lo que puede pasar también, de armarnos un Dios y no poder vernos en la realidad de cada acontecimiento, de cada día. Sí, en teoría sabemos quién es Jesús, perfecto, pero en el acontecimiento de cada día, a veces, no lo veo y no lo comprendo. Como de nuestra querida amiga y compañera Gabriela. Se nos fue de una manera inesperada. Es el Dios que se desconoce a veces, siempre le preguntamos, ¿no? Que esperaban un Mesías determinado, guerrero, triunfador, liberador. Es la Pascua que se celebra, liberación de la opresión egipcia.

No veían la liberación más importante que toca todos los tiempos, fuera de los imperios, opresores y oprimidos, que es la peor de las esclavitudes, la que podemos llevar adentro. Porque se suele decir que el peor enemigo lo tengo adentro. Porque yo soy libre, por más que me ponga en riesgo para el cuerpo y la mente, sigo siendo libre. Y además puedo caminar libremente en la calle y seguir siendo un esclavo, un esclavo de mi miseria, de mi mal, de mi pecado. Y esto le pasó a él. Y nos pasa todos los días cuando no comprendemos algo, porque también tenemos el hábito, todo es normal, el tema es que aceptemos lo que es de Dios, no lo que pensamos. No podemos encasillar a Dios ni a su providencia. El único que lo definió fue Juan. Dios es Amor porque lo único que no tiene medidas es el amor. Por eso se puede definir. Si no, sería un atrevimiento definir a Dios. El hombre siempre quiere comprender, y no está mal, aquello que lo supera. Eso sí está bien. Es el misterio. Si no, Dios no sería Dios. ¿Y por qué pasa esto, esto y esto y esto? Y cuando no hay comprensión, cuando no hay previsión, porque es una ilusión poder prever tanto las cosas, me hago un plan y después resulta otra cosa, está la promesa divina, es aceptar. ¿Qué es lo más difícil? Aceptar algo que no queremos, no buscamos, no deseamos. Sin aprender a que somos libres de qué hacer con aquellos que no hemos elegido. Eso sí. Esto te digo, este mar, esta dificultad, esta cruz, como al Señor, como al discípulo de Jesús. Ahora, ¿qué hacemos con esto? ¿Qué hacemos con esto?” 

Para concluir remarcó: “El corazón de nuestra salvación, está en Cristo Jesús, no en nosotros. No nos salvamos, Él nos salva. Entonces vamos a pedirle la enorme gracia de poder aceptarlo en nuestro corazón, que es donde Él siempre apuntó, siempre habló del corazón. El Señor juzga por el corazón, no por apariencias. No se fija en poderes ni apariencias, sino en lo que realmente somos. Como dice Agustín, soy lo que soy en mi corazón, no tanto lo que hago, lo que piensa de mí, lo que digo, sino que soy lo que soy en mi corazón. Y como Tú eres más íntimo que mi propia intimidad, Tú solo me conoces realmente. Que podamos aceptar aquello que justamente es el gran misterio por el cual no aceptaron a Jesús, porque tenían ya un esquema elaborado que era un peligro, el imperio de ver al verdadero Cristo. Pidamos nosotros sí podamos verlo en cada acontecimiento, por diferente que sea lo que hemos imaginado, que debería ser”.

Al finalizar la Santa Misa invitó a todos los presentes a rezar la Oración a Santa Mama Antula.



Por Mariana Bonelli, Secretaría de Prensa.
 

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