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SECRETARÍA DE PRENSA
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Arte ignaciano: su principio y fundamento

La experiencia vital transformadora de San Ignacio de Loyola –expresada en su breve autobiografía y en sus Ejercicios Espirituales– hace referencia a la búsqueda de una plenitud humana integral. Esto incluye la educación de los sentimientos y de los sentidos; es decir, de la percepción visual, auditiva y táctil. O sea, una educación estética en que se pasa de los sentidos externos al desarrollo de los sentidos espirituales, más profundos. No se trata de “mucho saber”, sino de “sentir y gustar las cosas internamente” (Ejercicios Espirituales, 2) para “ver como nuevas todas las cosas”. En ese sentido, el arte nos puede ayudar a ver con ojos nuevos y a ser personas más conscientes de la realidad y de nosotros mismos.

Por el contrario, acostumbrados por el consumismo a mirar sin ver, no procesamos ni interpretamos el verdadero significado de las cosas (falta de atención), pasando de una cosa a otra superficialmente. En ese sentido, contemplar una obra de arte nos ayuda a concentrarnos y a prestar atención. El arte abre y dilata la mirada, permite pensar fuera del marco habitual, despertando dimensiones a veces desconocidas por nosotros mismos.

De esta manera, el arte es un medio de humanización –sin negar al mismo tiempo su valor en sí mismo– que Ignacio inició estudiando en París y que la Compañía de Jesús continuó a través de los tiempos, cultivando la fuerza educadora del arte y su importancia para la evangelización.

Así fue como entre los jesuitas surgieron destacados artistas o la Compañía encargó obras a notables autores en diversas áreas del arte: literatura, danza, teatro, arquitectura, pintura, música, etc. Por solo dar un ejemplo, señalamos al célebre pintor Peter Paul Rubens (1577-1640), estrechamente vinculado a los jesuitas, que confeccionó algunas de las pinturas más difundidas de San Ignacio.

A nivel local, Guillermos Furlong S.J en “Los jesuitas y la cultura rioplatense”, hizo un notable inventario de miembros de la Compañía como poetas y prosistas, arquitectos, escultores, pintores, impresores grabadores, promotores de la música y el canto, y de las artes en general.

De todos modos, los especialistas consideran que no es del todo acertado hablar de un “estilo jesuítico” pese a las múltiples creaciones artísticas a lo largo de tantos tiempos y lugares, más bien, los jesuitas y los formados por ellos se han acomodado siempre al estilo de su tiempo y a las costumbres de cada lugar. 
En próximas publicaciones iremos destacando algunas de las realizaciones más sobresalientes. 




Mg. Eloy Mealla
Seminario Permanente Pedagogía Ignaciana
Vicerrectorado de Formación
Universidad del Salvador
 

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