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Fray Mamerto Esquiú

Beato, patriota y constituyente

Notas sobre Fray Mamerto Esquiú - Juan Carlos Frontera
El viernes 19 de junio llegó la esperada noticia a Catamarca y al resto del país, el papa Francisco autorizó a la Congregación para la Causa de los Santos del Vaticano a "promulgar el Decreto sobre el milagro, atribuido a la intercesión del Venerable Siervo de Dios Mamerto Esquiú, de la Orden de los Frailes Menores, Obispo de Córdoba (Argentina)”.

En el mes de abril de este año se confirmaba la noticia de que la Comisión de Teólogos del Vaticano aprobó por unanimidad el milagro de Fray Mamerto Esquiú en la causa de una niña que padecía osteomielitis y coincidieron con la Comisión de Médicos cuando expresaron que la recuperación de la menor no tenía explicación científica.

No siempre el patriotismo y la vida pública conjugan con la santidad. Fray Mamerto Esquiú nos brinda generosamente el ejemplo de que la santidad no tiene porque separarse de la vida política y del deber con la patria.

Retumban en nuestra memoria constitucional las palabras del Fray hoy Beato “…He dicho, señores, que mi propósito es fundar las glorias de mi patria en los acontecimientos que se abrazan en el 9 de julio, y enunciar aquéllas verdades que dicen en relación al bien de ella: ni sería lo que debo ser como sacerdote y como patriota, si solo me ocupara en perorar sobre la justicia de la independencia, sobre el heroísmo de sus defensores, en contemplar eternamente el sol de mayo, y lanzarme fascinado en ese idealismo poético. Basta de palabras que no han salvado a la patria. Aplaudo, felicito, me postro ante los héroes de la independencia; cantaré vuestras glorias, tributo mi admiración a la nobleza de los argentinos; pero también señalaré sus llagas, apartando los ricos envoltorios que encubren vuestra degradación. Se trata, señores, de edificar la república argentina, y la religión os envía el don de sus verdades…” (F. Mamerto Esquiú, Sermón, 9 de Julio de 1853). Difícil es dejar pasar inadvertido sus sermones cuando buscamos comprender las necesidades e idearios de su tiempo.

El Fray Jorge Martínez OFM publicó en el año 2014 un anecdotario sobre Esquiú, editado en Buenos Aires por Dunken. Recoge en sus páginas algunas citas sobre la vida del Santo.  Recuerda el relato del Fray Luis Cano OFM sobre el nacimiento de Esquiú, cuenta que el 11 de mayo de 1826 a las 11 de la noche en una humilde casa de piedra nacía Mamerto de la Ascensión, pues ese día la fiesta de San Mamerto y la festividad de la Ascensión, el padre Cortés lo bautizó inmediatamente, y al inscribirlo en el registro correspondiente por inspiración venida desde lo Alto puso el nombre de don Mamerto de la Ascensión, el evidente que la palabra “don” indicaba las gloriosas posibilidades y era honrado desde el mismo momento que abría sus ojos.

Según quienes han estudiado su vida indican que Mamerto fue un niño normal, con picardías propias de su edad, muy inteligente y bondadoso. Existe más de una historia sobre su capacidad de estudio.  

Su labor como eclesiástico y patriota destacó su figura en el siglo XIX. Es impensable analizar el nacimiento y los primeros pasos de nuestro país olvidando el andar sereno y ejemplar de Fray Mamerto Esquiú.  

Vivió tiempos turbulentos en los que se definieron los destinos de nuestra tierra. Quienes han estudiado la personalidad del catamarqueño lo describen como un hombre sereno, prudente, contemplativo, y de reflexión elevada.

Fueron en la época bien conocidos sus sermones en los reflexionó sobre las circunstancias políticas atravesaba el país. Entre ellos pueden mencionarse: el pronunciado en la iglesia matriz de Catamarca el 9 de julio de 1853 a raíz de la jura de la Constitución Nacional; el del 28 de marzo de 1854 con motivo de la instalación de las autoridades federales de la nación; el del 25 de mayo de 1856 en la instalación del gobierno provincial conforme a la Constitución de 1855; el del 27 de octubre de 1861 luego de la batalla de Pavón; el del 24 de septiembre de 1875 debido a la reforma constitucional provincial catamarqueña; el pronunciado en la catedral de Buenos Aires el 8 de diciembre de 1880 luego de la capitalización de la ciudad y a pocos días de su investidura como Obispo de Córdoba; y el del 23 de diciembre de 1881 con motivo del elogio fúnebre al fundador de la Universidad de Córdoba, Dr. Fernando Trejo y Sanabria. 

El primero de ellos y uno de los más recordados, que ata la vida del Fray a la Constitución de 1853, es el que pronunció el 9 de julio de 1853 en la Iglesia Matriz de la Provincia de Catamarca en ocasión de la jura de la Constitución por parte de la Provincias. Puede leerse un fragmento de ese documento al inicio de este texto donde puede verse una maravillosa reflexión del fraile.

Aquí se reproduce otro de los fragmentos “…Hubo en el siglo pasado la ocurrencia de constituir radical y exclusivamente la soberanía: lo proclamaron, lo dijeron a gritos, el pueblo lo entendió: venid se dijo entonces recuperemos nuestros derechos usurpados: ¡Con qué autoridad mandan los gobiernos? Y destruyeron toda autoridad. Subieron los verdugos al gobierno; vino el pueblo y los llevo al cadalso Y el trono de la ley fue el patíbulo (...): La Francia se empapó de sangre, cayó palpitante, moribunda. ¡Fanáticos!. He ahí el resultado de vuestras teorías. Yo no niego que el derecho público de las sociedades modernas fija en el pueblo la soberanía, pero la religión me enseña que es la soberanía de intereses, no de autoridad, por éste o por aquél otro medio toda autoridad viene de Dios Omnis Potestas a Deo ordinata est.” 

Fray Esquiú trasciende al escenario nacional con este sermón, en el que realizó una encendida defensa de la Constitución del general Justo José de Urquiza. Su presencia en la política provincial fue fundamental para sancionar la Constitución de Catamarca, donde en 1855, fue vicepresidente de esa convención. Fue elegido diputado por el departamento de Valle Viejo en su Provincia natal y desde ese cargo promovió la minería, creó rentas públicas, fundó escuelas y fomentó el periodismo. 

En 1875 en la Provincia de Catamarca se convocó a una Convención para reformar la Constitución provincial. El gobernador no podía no convocar al ilustre Fray recién llegado de Tierra Santa, por ello Mardoqueo Medina, lo invita a ser convencional y fue elegido en ese cargo por el Valle Viejo para ser su representante.

El 23 de agosto de 1879, Esquiú publicó en los diarios “La Unión” y “El Andino” su proyecto constitucional, el que no fue aceptado por los políticos de ese tiempo. Entre sus artículos propuso: la religión católica apostólica romana será la religión de la provincia, el cargo de gobernador será semi gratuito, el cargo de diputado será gratuito, no podrán ser ministros del gobernados los parientes por consaguinidad o afinidad hasta el tercer grado, para votar se exige la edad mínima de 21 años, el sufragio popular se tiene como la expresión de la voluntad e intereses del pueblo y no de las opiniones e intereses privados de uno o más partidos, el que no fuese natural de la provincia debe poseer bienes raíces o ejercer una profesión honesta en ella, tener honradez jurídica, el Poder Ejecutivo debe respetar y someterse como un gobierno católico a la Iglesia en lo que a ella le incumbe, no pasarán jamás a ser leyes aquellos proyectos o doctrinas contrarias a la verdad y autoridad de la Iglesia, la propiedad literaria es absolutamente inviolable, los miembros del clero secular no pueden ser ministros de gobierno ni elegidos para el cargo de gobernador interino.     

El llamado “Orador de la Constitución” muere, tres años después de ser nombrado Obispo de Córdoba, el 10 de enero de 1883.

Varias plumas de este continente escribieron prosas refiriéndose al fraile, entre ellos Leopoldo Lugones y Rubén Darío, aquí un fragmento de César Vera Ance

“…Sereno, silencioso, sencillamente santo cuando
nosotros vivamos el sosiego
Y dejemos al olvido tanto espanto.
Tu cordón atará de blanco nuestras penas ese
desaliento tan de años,
Y lo echará lejos, pero tan lejos que no regresará
jamás para acecharnos…
Y tú, Mamerto Esquiú, el hortelano.
Vendrás así, fray San Mamerto,
Alguna vez por Dios a ser el santo”.

(Fragmento. César Vera Ance  “Serenamente Santo”)

Amó a Dios y a su patria siendo su vida fiel testimonio de ello.   
(Fuente: Horacio M. Sánchez de Loria Parodi, El pensamiento político de Fray Mamerto Esquiú” file:///C:/Users/DELL/Downloads/Dialnet-ElPensamientoPoliticoDeFrayMamertoEsquiu-2869976.pdf )
 
 

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