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SECRETARÍA DE PRENSA
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El testimonio de fe y servicio del Padre Tomás: un camino de las periferias al corazón de la Universidad

¿Qué sucede cuando la vocación no se manifiesta como un evento extraordinario, sino como el resultado de caminar junto al prójimo? Para el Padre Gabriel Tomás, su historia es una construcción progresiva nacida en la escucha y el servicio cotidiano. En diálogo con la Secretaría de Prensa de la Universidad del Salvador (USAL), el sacerdote recorrió sus 29 años de ministerio, marcados por el trabajo pastoral, el acompañamiento y el compromiso con las periferias humanas y sociales.

Su recorrido no fue lineal. Antes de ingresar al seminario, cursó la carrera de Psicología, una experiencia atravesada por la escucha y la comprensión de las personas. Sin embargo, fue el trabajo social en una parroquia lo que despertó las primeras preguntas vocacionales.

“No creo que haya una sola cosa que me haya llevado al seminario”, recordó. “Cuando miro hacia atrás, pienso en mi trabajo en una parroquia. Yo no era muy religioso: había tomado la comunión, pero después me alejé de la Iglesia hasta la secundaria. Ahí conocí a un cura que me invitó a ayudar en la parroquia y empezamos a trabajar en un barrio de Merlo-Moreno, preparando la leche para los chicos y haciendo apoyo escolar. Creo que el primer acercamiento fue el trabajo social. Después apareció también el descubrimiento de la persona de Jesús. Fueron muchas cosas que confluyeron”.

El encuentro con Bergoglio y las periferias
El Padre Tomás recordó sus años de formación y trabajo junto a Jorge Bergoglio en Buenos Aires. La relación se remonta a 1997, cuando el entonces arzobispo definió su primer destino pastoral. “Mi primer destino me lo dio Bergoglio”, recordó. “Tenía mucho trato y era muy cercano. Venía un Jueves Santo a lavar los pies a los pacientes del hospital”.

Uno de los capítulos más significativos de su ministerio fue su labor como capellán en los hospitales neuropsiquiátricos Borda y Moyano, una misión que solicitó personalmente al entonces cardenal Bergoglio.

“Le pedí trabajar con mayor dedicación en el acompañamiento de pacientes psiquiátricos y me lo permitió. Primero me nombró capellán del Moyano y, al año siguiente, de los dos hospitales”.

Durante cuatro años, el sacerdote desarrolló una pastoral adaptada a una realidad compleja y muchas veces invisible. Organizaba salidas con pacientes para participar de celebraciones y compartir encuentros en distintas parroquias porteñas. “Era una fiesta para gente que no salía nunca del hospital”, recordó.

En ese contexto descubrió, según sus palabras, “una de las mayores pobrezas”: el abandono. “Muchos se preguntaban: ‘¿Por qué estoy acá?’, ‘¿Por qué me dejaron?’, ‘¿Por qué no está mi familia?’. Creo que ahí aparece una fe muy sencilla y profunda”.

Al reflexionar sobre esa experiencia, también citó al filósofo Michel Foucault y su análisis sobre los neuropsiquiátricos como espacios históricamente vinculados al aislamiento social: “Las periferias no son solamente físicas o materiales; también existen periferias existenciales”.

La figura de Bergoglio atraviesa gran parte de su historia personal. Entre las anécdotas que recuerda, destaca un gesto sencillo que lo marcó especialmente.

“Una vez fui a verlo al arzobispado y, en medio de la charla, surgió Dostoievski. Me preguntó si había leído Los demonios. Le respondí que no, que no conseguía el libro en las librerías. Al día siguiente me lo mandó a la parroquia. Generoso”.

Para el sacerdote, esa cercanía caracterizó luego el pontificado de Francisco. “No nos sorprendió como Papa, porque siguió haciendo lo que ya hacía como obispo. Sus preocupaciones eran las mismas: las periferias, la misericordia, volver a Jesús. Todo eso ayudó a mostrar un rostro más humano y cercano de la Iglesia”.

La misión en la Universidad
Hoy, desde su labor en la Universidad del Salvador, el Padre Tomás describe su tarea como una misión centrada en el acompañamiento cotidiano de estudiantes, docentes y personal de la institución. “Mi misión dentro de la comunidad USAL tiene mucho que ver con acompañar”, explicó. “Junto al equipo del Vicerrectorado de Formación impulsamos distintas iniciativas solidarias y pastorales: visitas a geriátricos, actividades en barrios vulnerables y experiencias misioneras”.

Entre ellas recordó especialmente una misión realizada en Las Marianas, un pequeño pueblo cercano a Navarro, donde participaron estudiantes de distintas carreras.

A partir de esa experiencia, destacó el aporte específico que puede realizar la universidad a través de cada profesión: “No se trata solamente de ir y ayudar, sino de pensar qué puede ofrecer cada carrera desde su propia formación. Un estudiante de Psicología, de Psicopedagogía o de Odontología puede aportar herramientas concretas desde su disciplina”.

Para el sacerdote, allí reside uno de los mayores desafíos de la vida universitaria: ampliar la mirada y comprender la profesión como servicio.

“El desafío es mostrar que la vocación profesional también puede ponerse al servicio de otros. Que la universidad no quede reducida solamente a ‘mi carrera’ o ‘mi profesión’, sino que ayude a pensar en el bien común”.

En ese sentido, remarcó que el ámbito universitario constituye un espacio privilegiado para promover valores vinculados al Evangelio y a la construcción de una sociedad más justa. “A veces parece que el objetivo es solamente estudiar una carrera para recibirse y vivir bien. Pero también debería existir una preocupación por el bien común, por la sociedad y por construir un mundo más humano”.

Un mensaje para la comunidad
Como cierre, y en el marco del 70° Aniversario de la Universidad del Salvador (USAL), el Padre Gabriel Tomás compartió un mensaje inspirado en el pensamiento de Bergoglio sobre la unidad y la diversidad: “El desafío es construir una comunidad no solamente con quienes piensan o creen como uno, sino descubrir que siempre existen coincidencias más profundas desde las cuales podemos construir juntos”.



Por Lic. Vanesa Sola, de la Secretaria de Prensa
 

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