Pasar al contenido principal

SECRETARÍA DE PRENSA
a/c Rectorado

Rodríguez Peña 752, C1023AAB
Ciudad Autónoma de Buenos Aires - Argentina
Tel. (+54-11) 6074-0522, ints. 2499 / 2444.

La esperanza terapéutica del COVID-19

El Decano de la Facultad de Medicina, Dr. Daniel Martínez, escribe sobre la pandemia del COVID-19, sus estudios, medicamentos y tratamientos utilizados y la esperanza que queda para el futuro de nuestra humanidad con la posible cura para el Coronavirus, además de mostrarnos cómo el tratamiento con plasma puede ser una solución a corto plazo teniendo en cuenta las consideraciones científicas y epidemiológicas.

El Coronavirus fue declarado pandemia por la Organización Mundial de la Salud (la OMS) y lo catalogó así el 11 de marzo provocando un gran cambio en la vida de todas las naciones del mundo. No hay evidencia que ningún medicamento sea seguro y efectivo para tratar el Covid 19. Se están utilizando antivirales como Lopinavir y Ritonavir e inmunomoduladores como hidroxicloroquina o interferon Beta que actuan sobre la respuesta inmunologica del paciente.

La administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) no ha aprobado ningún medicamento específico para tratar a las personas con Covid 19. Son más de 115 proyectos de desarrollo de vacunas que hay en el mundo, para lograr proteger a la poblacion mundial desde este Virus que sorprendio a toda la humanidad.

Nuestro país, asesorado por expertos argentinos (algunos de ellos Profesores de nuestra Universidad), decidió realizar una cuarentena estricta desde el inicio con flexibilizacion posterior, modificando en cada región del país que tuviera menor circulación viral. Todo esto permitió preparar el sistema sanitario y achatar la tan mencionada curva de infectados.

Un equipo de científicos argentinos está trabajando en lograr una vacuna con proteínas recombinantes, como la que se da en la Hepatitis B, y con adyubantes similares a los utilizados para la gripe por Influenza. Ya fue descubierto, también, un método de diagnóstico rápido del virus por cientificos de nuestro país (esta tecnología es aprobada en cuatro paises, pero solo hay kits para su uso en Japón y Argentina) y contribuyen al testeo, que consiste en una amplificación molecular isotérmica. Es muy sensible y específica, por lo que reduce la posibilidad de falsos positivos.

Mientras leemos diariamente el aumento de infectados dejamos a veces por alto la gran cantidad de pacientes que se curan y son la esperanza para otros infectados.

También, científicos argentinos trabajan en la terapia con plasma de personas convalecientes. Es un tratamiento experimental que algunos médicos están usando para aquellos que tienen una enfermedad del Coronavirus grave.

Los que se han recuperado del COVID-19 tienen anticuerpos (son proteínas que el cuerpo usa para combatir infecciones) de la enfermedad en su sangre. La sangre de las personas que se han recuperado se conoce como plasma de personas convalecientes, que es la parte líquida de la sangre. Se puede dar el plasma de personas convalecientes a los pacientes con contagiados en estado grave para estimular su capacidad de combatir el virus. También podría ayudar para que a los pacientes que tienen una enfermedad moderada no se les agrave su cuadro y no presenten complicaciones relacionadas al virus, que no progrese a etapas más severas de la enfermedad como neumonías severas o trastornos de la coagulación con embolias severas, entre otras.

El plasma es obtenido de donantes voluntarios que se hayan recuperado de la enfermedad mediante el proceso de aféresis, una modalidad en la que se separan desde un principio los componentes de la sangre. La atención del donante y el estudio del componente sanguíneo se está haciendo en hospitales públicos y privados y en los distintos sectores de la atención por Obra Social y sistemas de medicina privada.

Para donar sangre se necesita un protocolo médico escrito que asegure al donante que es seguro el proceso y, además se debe acompañar de un consentimiento informado ya que la donación es voluntaria. El paciente convaleciente va por sus propios medios a donar plasma, ya que nadie puede obligar a una persona a donar plasma. Además, se requiere otro protocolo para que, luego de obtenido el plasma, si los anticuerpos que posee son los específicos contra el virus este se pueda utilizar. Por último, el enfermo debe dar el consentimiento informado por escrito para recibir la donación de plasma que el médico considere.

El tratamiento con plasma se ha utilizado en países como Estados Unidos e Italia, y nuestra experiencia aquí en Argentina cada vez mayor.

Se debe apuntar a pacientes con mayor comorbilidad para evitar que se agraven y requieran terapia intensiva, acorten su estadía en el hospital y todo conlleve a disminuir la mortalidad.

Según el Ministerio de Salud, los pacientes confirmados de Coronavirus estarán en condicion de donar su plasma pasados los 14 días de su recuperación y contando con dos pruebas negativas para COVID-19, con un intervalo de 24 horas con toma de muestra nasofaríngea.

Este procedimiento puede también ayudar a otras personas que quizás estén con riesgo de enfermedad grave, con enfermedades cronicas como Diabetes y enfermedades cardíacas con un sistema inmunitario debilitado. También puede ser utilizado para trabajadores de la salud muy expuestos a un paciente para prevenir se infecten. Todas estas indicaciones aún no son indicadas en nuestro país.

El plasma no es la cura, son metodos para tratar de bajar la mortalidad, el paciente recibe anticuerpos contra el virus de otro paciente curado. Se continúa investigando las características de los anticuerpos, su densidad, su capacidad de neutralizar que impidan generar un cuadro más grave. Todos los resultados son preliminares.

Estamos luchando contra un enemigo invisible que provoca mucho daño, pero la ciencia cada día está más cerca de llegar a las vacunas y a tratamientos que puedan neutralizar el virus, evitar mayores complicacion y disminuir la mortalidad. En Argentina, en 1970 el Dr. Julio Maiztegui, médico y epidemiólogo argentino, fue el primero en usar este método a pacientes con fiebre hemorrágica argentina (llamado “mal de los rastrojos”, causada por el Virus Junin). Se logró, con plasma de pacientes recuperados, pasar la mortaildad del 30% al 1%. Posteiormente se usó en otras pandemias, por ejemplo, contra el ébola, la gripe “H1 N1” y para distintas infecciones con otras mutaciones del Coronavirus que no son la actual. Es entonces nuestro país pionera en esta terapéutica.

Es por eso la importancia que tiene el actual trabajo que realizan investigadores argentinos en volver a utilizar el plasma como medida terapéutica que disminuiría las complicaciones y la mortalidad del COVID-19.

Podemos entonces aplicar la parábola del buen samaritano que en ocasión del encuentro Pastoral de “manos abiertas“ en el año 2016 en la Ciudad de Santa Fe, el Papa Francisco envía un mensaje que nos dice “el corazón del buen samaritano fue tocado por la miseria de dolor, y la miseria de ese hombre apaleado que vio el samaritano. El corazón se junta con la miseria del otro y eso es Misericordia”. Donar plasma a un enfermo infectado es Misericordia, es donar vida.

Espero en este articulo haya podido transmitir, desde la Facultad de Medicina un mensaje de esperanza en lograr vencer a gérmenes con los que luchamos de sol a sol, pero que hoy se ha convertido en el “enemigo invisible “de toda la humanidad.

A su vez, el Prosecretario Académico de la Facultad de Medicina, Dr. Martín Cornut, dejó una reflexión final desde el lado humano y solidario de la enfermedad que tanto nos afecta en nuestra vida cotidiana.

El punto esencial es: no se trata de una enfermedad en abstracto. Se trata de una persona enferma. Ese es el punto. Una persona, más aún por la magnitud del fenómeno, podríamos decir que una parte de la humanidad está padeciendo. Dios mediante, con el cuidado actual y el advenimiento de una futura vacuna, la enfermedad será superada.

Hay una dimensión que plantea el verdadero desafío: ¿aprenderemos de esta experiencia? Se da una aparente contradicción. Por un lado, el miedo al contagio que puede llevarnos a aislarnos al punto de que no nos preocupen las demás personas. Por otro, la dramática situación de muchos que nos mueve a ayudarlos sin reparos más allá de los que impone la sana prudencia. Esta última opción, claramente, es la que nos define no sólo como personas solidarias sino como “prójimos”.

En el Evangelio, el mismo Jesús define quién es nuestro prójimo en la parábola del Buen Samaritano. Ciertamente Dios, aún en esta adversidad, nos permite ejercitarnos en el arte de la verdadera humanidad. Me permito citar parte de la reflexión que nuestro querido Papa Francisco hizo en aquella gris y lluviosa tarde del 27 de marzo, en una Plaza de San Pedro vacía ejerciendo de modo sublime su paternidad espiritual para con todos nosotros: “nos sorprendió una tormenta inesperada y furiosa. Nos dimos cuenta de que estábamos en la misma barca, todos frágiles y desorientados; pero, al mismo tiempo, importantes y necesarios, todos llamados a remar juntos, todos necesitados de confortarnos mutuamente. En esta barca, estamos todos. También nosotros descubrimos que no podemos seguir cada uno por nuestra cuenta, sino sólo juntos”, cerró.

Compartir: