“Un trabajo seguro es garantizar en primer lugar el valor más importante de todos: el bienestar de las personas”
Cada 28 de abril se conmemora el Día Mundial de la Seguridad y la Salud en el Trabajo, una fecha que invita a reflexionar sobre la importancia de prevenir accidentes y enfermedades laborales y promover entornos de trabajo seguros y saludables. En Argentina, esta reflexión se refuerza el 21 de abril, día en que se celebra la Seguridad e Higiene en el Trabajo en conmemoración de la sanción de la Ley 19.587.
En un contexto donde las organizaciones evolucionan y los riesgos laborales se transforman, la Seguridad e Higiene se consolida como una disciplina estratégica. Ya no se trata solo de cumplir con la normativa, sino de proteger el activo más importante: las personas.
Los trabajadores pasan gran parte de su vida en el ámbito laboral. Por eso, garantizar condiciones seguras no solo impacta en la operación de las empresas, sino también en la calidad de vida de las personas, sus familias y la sociedad en su conjunto.
En este sentido, es importante comprender que las condiciones de Seguridad e Higiene no solo protegen a los trabajadores, sino también a la comunidad en general. Están presentes en espacios cotidianos como universidades, hospitales, colegios, centros comerciales, transporte público y otros ámbitos donde circulan miles de personas a diario, ampliando su impacto mucho más allá del entorno laboral.
Hablar de seguridad hoy es hablar de bienestar físico, mental y social. Es comprender que cada acción preventiva tiene un impacto que trasciende el trabajo y se proyecta en la comunidad.
Promover una cultura preventiva es, en definitiva, asumir un compromiso colectivo: cuidar a quienes trabajan es también construir una sociedad más saludable y sostenible. En este camino, es fundamental el rol de las universidades en la formación de futuros profesionales con una mirada integral, comprometida y con liderazgo en la gestión de la seguridad, así como el acompañamiento de los colegios profesionales de higiene y seguridad en la jerarquización y fortalecimiento continuo de la disciplina.
Dar a la Seguridad e Higiene en el Trabajo el lugar que realmente merece no es solo una decisión organizacional, sino una necesidad social. Porque cuando la prevención ocupa el espacio que debe tener, no solo mejoran los entornos de trabajo: mejora la vida de las personas.
En este marco, la Secretaría de Prensa de la Universidad del Salvador dialogó con el Ezequiel Centorbi, docente de la Licenciatura en Seguridad e Higiene en el Trabajo de nuestra Universidad, quien profundizó sobre el impacto de esta efeméride y los desafíos de la formación profesional en la actualidad señaló: "Es una fecha clave para visibilizar la importancia de la prevención en los entornos laborales y en la sociedad. Nos invita a reflexionar sobre el impacto real que tienen las condiciones de trabajo en la vida de las personas y a reforzar el compromiso de todos los actores —empresas, profesionales y trabajadores— en la construcción de espacios seguros.
En este contexto, el rol de las universidades es fundamental, ya que son las responsables de formar a los futuros profesionales que tendrán en sus manos el cuidado del bienestar de los trabajadores. Formar con conciencia preventiva es, sin dudas, formar para una sociedad más saludable”.
La complejidad de las organizaciones modernas ha redefinido las habilidades necesarias para liderar áreas de prevención. Al ser consultado sobre la transformación del rol y los nuevos desafíos en la formación académica, el Profesor analizó las competencias que hoy marcan el diferencial de un Licenciado en Seguridad e Higiene en el Trabajo: “Hoy el profesional debe tener una mirada integral: no solo técnica, sino también estratégica. Se vuelve clave la capacidad de gestión, liderazgo, comunicación efectiva, análisis de datos y adaptación a entornos dinámicos. Además, debe comprender aspectos vinculados a salud mental, nuevas tecnologías y cultura organizacional.
A esto se suma un factor cada vez más determinante: las competencias blandas. La capacidad de interactuar con todos los niveles de una organización —operativos, mandos medios y directivos—, junto con la sensibilidad y la calidad humana, son esenciales para lograr que la seguridad deje de ser una obligación y se transforme en un valor compartido. El verdadero diferencial del profesional está en su capacidad de acercarse a las personas y generar compromiso genuino”.
En base sobre los escenarios modernos a los que deben anticiparse los estudiantes, Centorbi pone el foco en los factores psicosociales, a menudo relegados: “Como profesionales de la prevención, lo que nos distingue es la capacidad de identificar aquellas condiciones de trabajo que pueden transformarse en riesgos. Sin embargo, hoy se vuelve imprescindible comprender una variable cada vez más presente: el impacto del estrés laboral y de la vida cotidiana en los trabajadores.
El trabajador no “desconecta” su vida personal al ingresar a su puesto. Llega con preocupaciones, contextos, días buenos y días difíciles, que pueden afectar no solo su desempeño, sino también su comportamiento. Esto puede convertirse en una condición de riesgo muchas veces invisible para las organizaciones. Por eso, el desafío actual no es solo detectar riesgos físicos, sino también comprender los factores psicosociales. Aquí es donde la sensibilidad del profesional y su cercanía con los trabajadores se vuelven herramientas clave para anticiparse y prevenir”.
Del aprendizaje académico al terreno operativo
Uno de los pilares de la formación de la Universidad del Salvador es reducir la brecha entre el estudio teórico y la práctica profesional. Para que los futuros graduados puedan intervenir “a través de casos reales, análisis de situaciones concretas, simulaciones y el desarrollo del pensamiento crítico. Es fundamental que el alumno entienda que la seguridad no es un concepto teórico, sino una herramienta de gestión que se aplica todos los días en contextos reales”
La efectividad de un sistema de prevención se mide por su capacidad de arraigarse en la cultura diaria de una organización. Al abordar la brecha que suele existir entre la normativa y la práctica, surge una advertencia sobre los riesgos de priorizar la apariencia sobre la operatividad: “Uno de los errores más comunes es creer que la seguridad se limita a cumplir requisitos mínimos o a “pasar una inspección”. Cuando la prevención se gestiona de forma reactiva, el riesgo sigue estando presente.
Las organizaciones que realmente funcionan bien son aquellas que integran la seguridad como un valor en todos sus niveles y procesos. Sin embargo, aún es frecuente ver empresas que persiguen objetivos impuestos y los presentan como valores, generando una gestión de la seguridad más orientada a lo formal o documental que a la realidad operativa.
Cuando las acciones preventivas se realizan únicamente por este tipo de motivaciones, al perderse el control o cambiar el foco, también se pierde el rumbo. Una gestión de seguridad “para la foto” no protege a nadie; la verdadera prevención es la que se sostiene incluso cuando nadie está mirando”.
La labor del Licenciado en Seguridad e Higiene en el Trabajo trasciende los límites físicos de una fábrica o una oficina; su impacto se extiende hacia el tejido mismo de la comunidad. Para el Profesor Ezequiel Centorbi, esta disciplina es una pieza clave en la construcción de una sociedad más sana y equilibrada, y así lo explica al abordar su impacto social ya que “no solo protege trabajadores, protege a las comunidades. Un entorno laboral seguro reduce accidentes, enfermedades, impacto en el sistema de salud y mejora la calidad de vida general.
Los invito a una reflexión: ¿cuántas horas del día dedicamos al trabajo o al traslado hacia él? En muchos casos, esto representa hasta el 70% del día, sin considerar las horas de descanso. Por eso, cuando hablamos de seguridad, no hablamos sólo de condiciones físicas, sino también de aspectos psicológicos y sociales. Garantizar ambientes de trabajo seguros es, en definitiva, cuidar a las personas en una parte central de su vida, con impacto directo en sus familias y en la sociedad en su conjunto”.
Como cierre, el especialista comparte un mensaje para quienes están pensando en iniciar este camino académico, destacando que la formación como Licenciado en Seguridad e Higiene en el Trabajo es mucho más que una disciplina técnica: es un compromiso con el cuidado del otro. “Es una profesión con enorme salida laboral, pero sobre todo con propósito. Brinda la posibilidad de generar un impacto real en la vida de las personas todos los días. Además, es una disciplina que interactúa con múltiples áreas: ingeniería, medicina laboral, relaciones laborales, medio ambiente, entre otras. En cada proceso, por más diverso que sea, siempre está presente la Seguridad e Higiene.
Cuando esta profesión se ejerce con compromiso y pasión, el impacto es enorme. De alguna manera, quienes trabajamos en esto asumimos el rol de cuidar a otros. Y en ese sentido, es una profesión que, simbólicamente, solo necesita una capa”.
“Un trabajo seguro es garantizar en primer lugar el valor más importante de todos: el bienestar de las personas”.
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