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“Siempre tuve una vocación muy definida”. Entrevista a la Dra. Alicia Esther Farinati

Con la calidez que la caracteriza, la Dra. Alicia Esther Farinati dialogó con la Secretaría de Prensa de la Universidad del Salvador (USAL). Miembro de la tercera promoción de la Facultad de Medicina, repasó sus primeros años como estudiante y recorrió el camino que la llevó a convertirse en una figura fundamental de nuestra Universidad y referente académica a nivel nacional y regional en el ámbito de la microbiología. 

La vocación de la Dra. Farinati por las ciencias biológicas nació en su infancia gracias a su curiosidad por la naturaleza en su casa de Villa Devoto, donde experimentaba con insectos y lombrices. Su pasión se consolidó a los 11 años cuando su padre le regaló un microscopio, lo que le permitió observar células vegetales, tejidos e insectos. Esta inclinación temprana se fortaleció en el Colegio "Virgen Niña" de Villa del Parque, donde tuvo acceso a preparados de tejidos humanos, manteniendo desde siempre una vocación muy definida. El entorno familiar de la Dra. Farinati en Villa Devoto fue clave para despertar su curiosidad y amor por el conocimiento. Hija de un ingeniero naval —gran narrador de sus viajes— y de una profesora de piano dedicada a la crianza, destaca el impacto imborrable de una infancia equilibrada entre el estudio, el juego y el apoyo constante de sus padres. Esta crianza motivó a los cuatro hermanos, transmitiéndoles valores de compañerismo y habilidades prácticas y artísticas, como la pintura, una actividad que la doctora aún conserva.

La Dra. Farinati se define principalmente como autodidacta y recuerda con cariño a su colega José María Casellas, un brillante compañero de trabajo y jefe de trabajos prácticos ya fallecido. Sin embargo, su verdadera inspiración científica nació de la lectura. “Como me gustaba la biología, todo lo que viniera de esa parte era facinante”, afirma. Motivada por su fascinación por la biología y su admiración por Louis Pasteur, devoraba biografías y libros como Los cazadores de microbios en la biblioteca del Círculo de Oficiales de Mar, en la calle Sarmiento. De allí surgió su gusto por el pensamiento sutil, el razonamiento y el planteamiento de hipótesis, herramientas que luego aplicó con éxito en la atención de sus pacientes.

Eligió la Universidad del Salvador influenciada por la profundidad y el conocimiento de los profesores jesuitas que tuvo en el colegio. Para asegurar su ingreso y seguir su vocación, se preparó con gran rigurosidad, obteniendo en paralelo los títulos de maestra y de bachiller, este último rindiéndolo libre, ya que era un requisito de la época. “Mi preferencia fue la Universidad del Salvador”. Su ingreso a finales de 1958 coincidió con un hito histórico: la apertura de las primeras instituciones privadas en el país bajo la presidencia de Arturo Frondizi. En ese momento, el panorama de la educación médica era muy reducido: en el ámbito privado solo existían la Universidad del Salvador y la Universidad Católica de Córdoba, mucho antes de que se fundaran otras facultades de medicina actuales.
Antes de que se fundara la Facultad de Medicina, la Dra. Farinati ya frecuentaba el Instituto Universitario del Salvador (IUS) en cuarto año de secundaria, invitada por Eva Balagué, una conocida de la familia dedicada a la biología. Aprovechando su gran habilidad manual, la joven Farinati se ofreció a fabricar maquetas artificiales para representar la evolución fetal: “...‘Qué bueno sería tener modelos artificiales de fetos y de la evolución fetal’. ‘Yo te los hago’, le respondí. Y se los hice. Esas maquetas estuvieron ahí un tiempo (...) así empecé yo”.

Evoca con frescura los primeros años de la Facultad de Medicina de la Universidad del Salvador (USAL). Como miembro de la tercera promoción, su relato expone el espíritu fundacional de una época donde todo estaba por construirse: "Soy de la tercera promoción... yo le digo a los alumnos: 'Mirá, más o menos yo la fundé a esta facultad'. Y es verdad, nosotros hacíamos de todo porque funcionaba en el Colegio del Salvador.... ahí funcionó los primeros años. Así que ahí teníamos anatomía, todo”.

Más allá de la exigencia académica en el Colegio del Salvador, durante sus años universitarios, la Dra. Farinati canalizó su vocación de servicio tanto en la gestión estudiantil como en la docencia temprana; por un lado, participó activamente en la Liga de Estudiantes de Medicina del Salvador (LEMS) asumiendo con humildad tareas cotidianas —“¿Sabés cuál era la mía? Atender el baño. Quería que estuviera bien pintado, que siempre estuviera impecable!. Mientras otros se ocupaban de la biblioteca o de las invitaciones, yo me encargaba de eso. El motor era puramente social” —, mientras que, por el otro, descubrió su pasión por la enseñanza al convertirse en ayudante de biología del curso de ingreso y de histología cuando apenas cursaba el primer año de la carrera, una época de gran exigencia académica en la que convivió con pioneros de la Facultad como el Dr. Jorge Vasena, Dra. María Otilia Conforti y el Dr. Víctor José Grignaschi. 

Para la Dra. Farinati, el aprendizaje de la medicina fue una integración constante del estudio del ser humano donde cada materia representaba un desafío único. Su paso de las aulas al ámbito hospitalario, específicamente en el Hospital Rivadavia bajo la tutela del Dr. Víctor José Grignaschi y el Dr. Miguel Ángel Echeverry, marcó un hito al publicar su primer trabajo científico en hematología, consolidando su temprano deseo de dedicarse a la investigación y a la docencia. En su formación fue clave la disciplina de profesores como Grignaschi y el neurólogo Ortiz de Zárate, sumada a lecturas inspiradoras de José Ingenieros en El hombre mediocre: "La rutina es como el esqueleto fósil cuyas ruinas resisten la carcoma de los siglos". Una defensa de esa rutina valiosa que logra resistir al tiempo. Y, fundamentalmente, a una máxima de su propio padre que la marcó de por vida: "Hacer las cosas bien no es un mérito, sino una obligación". Aquellas palabras calaron tan hondo que terminó escribiéndolas con marcador en la pared de su cuarto de estudio. 

A sus 28 años y recién graduada, la Dra. Farinati cofundó la especialidad en microbiología en la Universidad Nacional de Asunción junto a los doctores Francisco Maglio y José María Casellas, una colaboración internacional estratégica que dotó al campus de San Lorenzo de un nuevo laboratorio y transformó el panorama epidemiológico regional. Además de este hito, su trayectoria científica y docente cosechó importantes reconocimientos internacionales, tales como un premio de Salud Pública en Ecuador, una distinción de la American Society for Microbiology junto a su equipo, y de manera muy especial, la Orden de Anzoátegui en Venezuela; galardones que, más allá de lo económico, la especialista valora profundamente como el "mimo diario" que impulsa su vocación.

Al consultarle durante la entrevista sobre cómo cambió el estudiante de Medicina con los años, La Dra. Alicia Farinati, Profesora Emérita Titular de Microbiología Clínica y Parasitología de la Universidad del Salvador (USAL), analiza con nostalgia y lucidez el impacto de la tecnología en las aulas. De la época dorada de rastrear reprints en papel y pasar horas en la biblioteca, a la era de la inmediatez dominada por Google y la Inteligencia Artificial, esta es una radiografía que contrasta el nivel de entrega del pasado con las prioridades de las nuevas generaciones: “El alumno de hoy quiere la inmediatez, y eso está muy motivado por la tecnología; todo tiene que ser ya. Si bien se esfuerzan, nosotros nos esforzábamos más, quizá porque teníamos más dificultades. Teníamos que ir a la biblioteca cuando había que escribir un trabajo, a la Academia de Medicina o a la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires a buscar la bibliografía; si la revista se había discontinuado, había que pedir el reprint por correo al autor.  La misma dificultad que teníamos quizá te hacía más responsable, más dedicado. Muchas veces los chicos, y con todo cariño porque los quiero mucho, te dicen: «Y, pero yo tengo una vida también». Es lógico, pero quizá nosotros teníamos más dedicación. Yo creo que eso es lo que lo que ha cambiado”

Desde su especialidad, la Dra. Farinati desmitifica ideas comunes sobre los microorganismos aclarando que los antibióticos no provocan resistencia, sino que seleccionan bacterias resistentes, que estos fármacos no sirven para todo y que la gran mayoría de las bacterias son beneficiosas. De cara al futuro y a los desafíos epidemiológicos, la especialista enfatiza la necesidad de formar a los médicos bajo el enfoque integrador de "Una Salud" (One Health). Este paradigma, que se abordará en unas jornadas en la facultad los días 20 y 21 de agosto, entiende la salud humana, animal y ambiental como un todo interconectado, advirtiendo cómo el entorno y las zoonosis, como el dengue, la rabia o la fiebre hemorrágica argentina, impactan directamente en la salud pública, un enfoque ambiental que ya promovía el célebre pediatra Carlos Gianantonio al evaluar el contexto de cada paciente.

Al pedirle que cierre los ojos y viaje "allá lejos y hace tiempo" en su trayectoria como Profesora Emérita de la USAL, la respuesta no tarda en llegar. Aunque el característico olor del laboratorio de microbiología es un recuerdo inevitable, lo primero que inunda su mente es la música. Para ella, la música clásica y el folklore son un cable a tierra y una constante. Su pasión es tal que suele integrarla en el ámbito académico: recientemente, al cerrar una presentación sobre infecciones dermatológicas para la Universidad de Murcia, decidió coronar la ponencia con una melodía. “Me gusta porque me parece que la música es algo que te transporta, te hace pensar cosas hermosas”. Pero hay otra vocación que comparte el espacio con la ciencia: la pintura. Por eso, para la Dra. Farinati, al evocar sensaciones, el aroma que compite con el del laboratorio es el del óleo “a mí me gusta mucho pintar, entonces el olor que tiene el óleo cuando vas inclusive a una galería o a un museo que tiene un olor particular”.

A pesar de dominar la tecnología actual, la Dra. Farinati defiende el valor insustituible de los libros físicos: “...nada me va a cambiar el tener un libro en las manos, porque yo digo que el libro es sensual. Estimula los sentidos: el olor, el tacto y la vista…”, y revela que actualmente escribe uno sobre la infección urinaria en la mujer. Al mirar atrás, reafirma con gratitud su elección profesional y destaca cómo la microbiología le abrió las puertas para viajar por el mundo y nutrirse de otras culturas. Finalmente, ante la velocidad de la medicina moderna, reivindica el arte de saber escuchar, advirtiendo que los profesionales hoy no lo hacen o ni revisan al paciente por falta de tiempo: “Vos a lo mejor le estás dando un soporte psíquico que le hace un bien tremendo (...) lo dejás tranquilo al paciente, y eso hace mucho bien, porque el estrés es un factor de riesgo importantísimo”.

Más allá de sus logros profesionales y científicos, la Dra. Farinati reflexiona con serenidad y gratitud sobre el transcurso de la existencia, definiéndola como un trayecto inevitable de luces y sombras: “La vida te va ofreciendo un camino con piedras, con rosas, con espinas (...) pero es un camino a recorrer, y uno lo va recorriendo saltando las piedras, pinchándote, pero también aspirando el perfume de la rosa”. Como consejo final para afrontar las dificultades actuales, la especialista enfatiza la importancia de mantener el orden, cultivar buenos hábitos y actuar con honestidad para generar confianza mutua, concluyendo con una profunda valoración de los vínculos afectivos y la necesidad de ser un individuo conciliador que promueva la paz en el entorno familiar, laboral y de la amistad: “El rodearte de buenos afectos, de tener buenos amigos y tratar de poner paz en tu entorno (...) Los amigos son geniales”.

 

Por Mgtr. Mariana Bonelli. Colaboración de Lic. Vanesa Sola, ambas de la Secretaría de Prensa.

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