Misa de Cierre del Año Académico 2025 en el Campus Universitario “Nuestra Señora del Pilar”
El martes 16 de diciembre, se celebró la Santa Misa de Cierre del Año Académico 2025 en el Campus Universitario “Nuestra Señora del Pilar”. Un encuentro significativo al que asistieron el Rector, Carlos Ignacio Salvadores de Arzuaga; la Vicerrectora Académica, Romina Cavalli; la Vicerrectora de Formación, Roxana Ruffo; la Adjunta al Vicerrectorado Económico, Sandra Florio, Decanos, Directores, académicos, personal administrativo y de servicios generales.
La Santa Misa fue oficiada por los Padres Hugo Acuña y Gabriel Tomás. Las lecturas de la Palabra del Santo Evangelio estuvieron a cargo de Silvia Vázquez, Javier Cavandoli, Silvia Villamagna. En la Homilía el Padre Hugo Acuña señaló: “La Palabra de Dios en el Evangelio según San Mateo 21, 28-32 que acabamos de escuchar es breve, casi sencilla, pero profundamente incómoda. Jesús no cuenta una historia abstracta, sino una escena cotidiana: un padre, dos hijos, una viña… y una pregunta final que nos compromete. ¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre?
No el que habló bien, sino el que terminó actuando bien. No el que dio la respuesta correcta, sino el que se dejó corregir por la verdad. En un ámbito universitario como el nuestro —donde la palabra, el discurso, el saber y la argumentación tienen un valor enorme— esta parábola toca un punto sensible.
El segundo hijo dice: “Sí, señor”, pero no va. No es un rebelde, no es agresivo, no discute… simplemente no hace. Jesús advierte sobre una tentación muy sutil: la de confundir la adhesión verbal con la fidelidad real, la de creer que decir lo correcto equivale a vivir lo correcto.
El Papa Francisco insistió muchas veces en esto con una frase simple y punzante: “La realidad es superior a la idea. Podríamos traducir el Evangelio de hoy así: la viña del Reino no se cultiva con ideas brillantes solamente, sino con vidas que se dejan trabajar por la verdad.
Pero el primer hijo dice “no”. Es tosco, poco diplomático, quizá decepcionante. Pero luego ocurre algo decisivo: se arrepiente y va. Aquí aparece una palabra clave del Evangelio: metanoia —cambio de mente, cambio de rumbo—.
Jesús no elogia el pecado, pero elogia el arrepentimiento. No justifica el error, pero abre siempre la puerta a la conversión. Y por eso escandaliza a los oyentes: “Los publicanos y las prostitutas se les han adelantado…” No porque sean mejores, sino porque se dejaron transformar.
Francisco lo decía con fuerza pastoral: “Dios no se cansa de perdonar; somos nosotros los que nos cansamos de pedir perdón.”
Al final del año académico, esta Palabra nos invita a una pregunta muy concreta: ¿a qué viña nos está enviando hoy el Señor como comunidad universitaria?
La viña no es un lugar ideal: es el aula, el laboratorio, la cátedra, la investigación, pero también la fragilidad del alumno, la precariedad social, la búsqueda de sentido de tantos jóvenes.
Una universidad católica no se define solo por lo que enseña, sino por lo que elige servir.
Podemos decir muchas veces “sí” a valores como la verdad, la justicia, la dignidad humana… pero el Evangelio nos pregunta hoy: ¿hemos ido realmente a trabajar allí donde esos valores se juegan?
Al recordar las palabras y los gestos del Papa Francisco, este Evangelio adquiere un relieve especial. Él nos enseñó —no con discursos perfectos, sino con gestos— que la Iglesia debe parecerse más al segundo hijo que al primero: capaz de reconocer errores, de pedir perdón, de volver a empezar. Una Iglesia —y una universidad— que no tenga miedo de ensuciarse las manos en la viña del mundo.
Al cerrar este año, pidamos una gracia sencilla y exigente: no ser una comunidad que solo dice lo correcto, sino una comunidad que, aun con límites, va. Que el Señor nos conceda un corazón capaz de escuchar, arrepentirse y volver a comenzar.
Porque al final, como nos recuerda Jesús hoy, la voluntad del Padre no se cumple con palabras… sino con una vida entregada.”
Al finalizar la celebración de la Santa Misa, la comunidad USAL se reunió en un brindis de camaradería.
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