Aprender desde adentro
Soy Jimena y estudio en el Campus Universitario “Nuestra Señora del Pilar” y llegué a la Secretaría de Prensa de la Universidad del Salvador a partir de una propuesta concreta. Fiorella Palmucci y Fernando Gorza, de la Facultad de Ciencias Sociales, Educación y Comunicación, conversaron con Mariana Bonelli, de la Secretaria, para convocar a estudiantes de la Licenciatura en Periodismo que cubrieran el cierre de un evento de fútbol en el Campus. No soy fan del fútbol —vengo del patín artístico, disciplina que practiqué de forma profesional antes de entrar a la carrera—, pero acepté el desafío.
Fiorella me explicó qué necesitaban y Mariana me detalló el modo de trabajo de la cobertura. En ese intercambio surgió la invitación a comenzar las prácticas educativas de capacitación.
Mi vocación comenzó a temprana edad. A los cinco años miraba distintos canales de televisión y, sin entender del todo lo que decían, me fascinaba el clima de estudio: las luces, los brillos y el ritmo del vivo. Recuerdo ver a Beto Casella en Canal 9 y sentir que quería estar ahí, en ese espacio público donde la palabra tiene alcance. A los diez años, en el jardín de mi casa, tomé una decisión consciente: quería ser periodista. De manera curiosa, no fue la escritura lo que me atrajo —no es lo que más disfruto—, sino la comunicación en sí: la presencia, la conversación y la construcción de sentido frente a otros. Con el tiempo, referentes como Tatiana Schapiro, Cristina Pérez y Gisele Sousa Díaz reforzaron esa elección y le dieron forma a mi modo de entender el oficio.
No me sorprendió la dinámica profesional porque ya colaboro con medios independientes y sostengo un recorrido en crecimiento. Hoy me desempeño como periodista con coberturas políticas, culturales y de actualidad. Antes integré el taller de la Revista Asterisco, de la Facultad, donde obtuve dos primeras menciones en la categoría "Entrevista Periodística" en EXPOCOM 2024 y 2025 por trabajos dedicados a la periodista Carolina Amoroso y a la investigadora Laura María Alberto.
Hace poco tiempo recibí una nominación en la categoría "Mejor Entrevista" en los Premios "Te Muestra" de la Universidad del Quindío (Colombia). No obtuve el premio, pero me siento una ganadora: la nominación funcionó como un reconocimiento al camino recorrido y como una confirmación de que quiero seguir profundizando en la entrevista.
En paralelo, profundicé mi formación en el trabajo en aire. Fue también el momento en que me amigué con ese formato: todos los jueves, en la emisora del campus, produzco, guiono y conduzco Sala Abierta, un espacio semanal grabado de entre 15 y 20 minutos. Trabajo de forma integral: busco los temas, escribo el guion completo —pensado como una conversación con un otro— y coordino cada salida. En ese marco, desarrollo la columna Historias que esconde Buenos Aires y abordo entrevistas y relatos en primera persona, como una conversación con una bailarina de folklore o la crónica de un recital. Se convirtió en un espacio de práctica, donde sostengo la radio incluso cuando algo se desordena y confirmo, en la entrevista, un terreno en el que me siento cómoda y segura.
Aun así, elegí sumarme a la Secretaría de Prensa de la Universidad para observar de cerca los procesos institucionales. Quería entender cómo se planifica y ejecuta la comunicación desde adentro de una universidad.
Estas prácticas significan para mí un espacio de formación con responsabilidad real. Aprendí a trabajar con tiempos de producción concretos y a fortalecer la entrevista como herramienta central del oficio. Entendí que cada pregunta define el rumbo de una nota y que la profundidad depende, muchas veces, de animarse a repreguntar.
Un momento clave fue la entrevista a Marcela Feudale. No hubo repreguntas y esa
experiencia me dejó una lección directa: para sostener una conversación viva y lograr matices, la repregunta resulta indispensable. La devolución de Mariana Bonelli me impulsó a entrenar esa parte del trabajo con más disciplina.
Vivo estas prácticas también como un paso estratégico en mi camino profesional. El periodismo es la carrera que elegí y en la que proyecto crecer dentro de un medio consolidado. Aspiro a continuar mi formación con posgrados que fortalezcan mi perfil. La Universidad, en este contexto, funciona como un ámbito donde puedo poner a prueba lo aprendido, hacerme visible por mi trabajo y construir criterio propio.
A futuro, me veo en un canal de televisión, en un noticiero, como Telefé, dando las noticias del día con claridad, preparación y responsabilidad. Aspiro a consolidar una presencia frente a cámara basada en el rigor informativo y en una formación lingüística sólida que me permita comunicar también en otros idiomas. Mi objetivo es construir credibilidad a través del estudio y del trabajo constante.
Si tuviera que resumir mi paso por la Secretaría de Prensa de la Universidad del Salvador, diría que fue un laboratorio real: tiempos que corren, palabras que pesan y una comunidad que empuja a afinar la voz propia. Aprendí a mirar la escena completa —luces, contextos,
personas— y a entender que comunicar en público exige método, escucha y presencia. Ese es el rumbo que elijo para mi carrera.
Por Jimena Rocío Lucero, estudiante de la Licenciatura en Periodismo de la Facultad de Ciencias Sociales, Educación y Comunicación de la Universidad del Salvador (USAL) en el marco de las prácticas educativas de capacitación.
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