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Fotos de sus producciones teatrales

Ciclo de testimonios y entrevistas a los graduados destacados

El 16 de junio, la Lic. Magali Acha, egresada de la licenciatura de Artes del Teatro, y la Lic.  Liliana Diez, egresada de la Licenciatura en Escenografía, dictarán un webinar sobre la producción teatral.

Es por este motivo que en el marco de la celebración del 60° aniversario de la carrera Escenografía perteneciente a la Facultad de Arte y Arquitectura se encuentra iniciando un “Ciclo de testimonios y entrevistas a los graduados destacados”. 

En esta oportunidad, la Lic. Magali Acha cuenta cómo fue su paso por la universidad y desarrollo profesional. Es escenógrafa y docente, egresada de la Licenciatura en Artes del Teatro de la Universidad del Salvador, que se especializa en el diseño de escenografías; y ha trabajado tanto en Argentina como en Alemania, Bolivia, Chile y Uruguay. 

Por sus diseños fue nominada a los premios ACE, María Guerrero y Florencio Sánchez, y recibió distinciones en los Premios Teatro del Mundo.

Como graduada destacada, la invitamos a contarnos sobre sus estudios y vida profesional.

¿Qué es la escenografía para vos?
Para mí la escenografía es pasión, amar completamente lo que hago; y en términos prácticos: transformar espacios, descubrir nuevos mundos. Es creación, pero también aprendizaje constante, uno termina entendiendo que los “errores” de hoy son las fortalezas de mañana. Pero tal vez lo más lindo del diseño escenográfico sea saber que lo que uno sueña puede ser real. La escenografía es mi vida, no me imagino sin ser lo que soy. 

Estudiaste Artes del Teatro en la Universidad del Salvador, ¿cómo fue esa época de estudiante?
Disfruté mucho de cada momento y cada aprendizaje. Es una carrera super completa: se estudia historia del arte, del traje, del espacio escénico; también nos enseñaron a dibujar, a diseñar y realizar, trabajar en equipo y distintas técnicas para plasmar las ideas creativas. Creo que un escenógrafo necesita saber todo; sino, no hay forma de transmitir lo que querés.

Durante la carrera como todo “joven estudiante” encontraba cosas que no me gustaban o no entendía para que me iban a servir. Hoy como profesional puedo asegurar que todo lo que aprendí me sirvió. La facultad fue la base de la escenógrafa y la persona que soy hoy.

¿Cuáles fueron tus primeros trabajos como escenógrafa? ¿y cómo fue evolucionando tu carrera?
Junto a compañeras de la Universidad, diseñamos y realizamos algunas escenografías; y trabajé en la construcción de muñecos de goma espuma para carrozas, entre otros proyectos. Éramos un grupo heterogéneo pero muy compañero.

Cuando terminé la carrera trabajé 3 años como asistente de Gonzalo Córdova (iluminador); y gracias a eso conocí la mayoría de los teatros de Buenos Aires, y... ¡trabajé con todos los directores que admiraba! En ese momento creía que ser diseñadora de luces era mi futuro. 

Estando en los teatros y trabajando en iluminación sentía que necesitaba transformar profundamente los espacios, que con la luz los modificaba, pero que no era suficiente. Entonces empecé a diseñar escenografía y luces; primero para los directores más amigos, y después me fui centrando únicamente en lo escenográfico, que es puntualmente a lo que me dedico hoy en día.

Mi carrera estuvo siempre acompañada por el esfuerzo, el trabajo, la predisposición, y también un poquito de suerte. Trabajé de manera incansable. Disfruto tanto mi trabajo que sacrifiqué muchas cosas de mi vida personal: no tenía sábados ni domingos. Hubo una época en la que estrenaba cerca de 30 obras al año y hacíamos giras por todo el país, Latinoamérica y Europa. Gané una beca y me fui a estudiar a Alemania, allá trabajé para el teatro “Schaubühne” en Berlín, conocí a los grandes escenógrafos alemanes, y me maravillé con ellos. Aprendí todo lo que pude, y nunca dejé de trabajar a distancia.

¿Cuáles son tus proyectos favoritos? ¿Por qué?
Todos! Cada proyecto es mi favorito! Me gustan mucho los procesos, disfruto de cada momento de la previa: tener la idea, hacer los bocetos o maquetas, los planos, los presupuestos, y también la realización. Pero el momento que más me fascina es cuando entra la escenografía a la sala y ver cómo se construye lo que soñaste. Me gusta cuando los proyectos me desafían, cuando aprendo. Cada vez más, mis proyectos favoritos son los que me permiten soñar más grande. 

Teniendo tanta experiencia en el mundo escenográfico, ¿qué es lo que no le puede faltar a un escenógrafo? ¿Cuáles son sus herramientas básicas?
Creo que el talento tiene que ir acompañado de la fuerza de trabajo, pasión y ganas. No se logra ser un buen escenógrafo sin amor por lo que haces, ni deseos de sorprenderse y aprender. A nivel práctico creo que tener buena comprensión de lectura, entender y escuchar lo que quiere el otro; y saber mediar entre tus propias ideas y deseos, y los del director. 

Es fundamental estudiar el espacio, cada uno de sus rincones y sus posibilidades técnicas,  identificando las sensaciones estéticas que nos transmite. Conocer la maquinaria, las nuevas tecnologías (y las antiguas también), saber manejar escalas y medidas, y hacer buenos planos, son herramientas imprescindibles.  Un buen escenógrafo no es sólo el que dibuja bien o hace maquetas bellas sino quien entiende cómo llevar eso a la realidad y comprende que el espacio que creó va a ser habitado por actores, luces, sonidos, vestuarios y por el imaginario del espectador.

¿Qué crees que diferencia al escenógrafo USAL de otros profesionales?
El escenógrafo USAL aprende a leer obras, a mirar teatro, estudia su historia y la del espacio escénico.  La USAL me dio una visión amplia, un lugar de reflexión. Se aprenden las bases de la profesión y las aristas de la escenografía, trabajando en equipo, en un ambiente de compañerismo. 


 

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