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Cuadro con gráficas y objetos de Alberto Greco que fue armado por Eduardo Bergara Leumann.

Greco: el pintor informalista más grande de América

Alberto Greco (Buenos Aires, 1931 – Barcelona, 1965) es un artista inaugural de la escena contemporánea. Las primeras vinculaciones artísticas de Greco están ligadas al ámbito literario y a figuras como Sara Reboul, Ernesto Schoo, Juan Rodolfo Wilcock y María Elena Walsh. Entre 1947 y 1948 asistió a los talleres de Cecilia Marcovich y de Tomás Maldonado y Lidy Prati; en esta línea se vinculó con Edgar Bayley, teórico del invencionismo. Durante 1950 recorrió el Noroeste argentino y se interesó por la cultura y la música de la región. 

En el Museo Escenográfico “Botica del Ángel” se encuentra exhibido, en el pasillo “Di Tella”, un cuadro con gráficas y objetos de Alberto Greco que fue armado por Eduardo Bergara Leumann.

En 1954 obtuvo una beca del gobierno francés, y en junio se embarcó a París. Allí vendió sus dibujos y pinturas tachistas en el café Les Deux Magots y en el Café de Flore, y en 1955 expuso por primera vez en la galería La Roue. En 1956, Greco regresó a Buenos Aires y exhibió en la galería Antígona los gouaches realizados durante su estadía en París. En 1957 viajó a Brasil: en Río expuso en la Petite Galerie y en San Pablo presentó sus obras informalistas en el Museu de Arte Moderna; a su regreso a Buenos Aires, en 1958, realizó la muestra 9 Artistas de San Pablo (entre los cuales se incluye a sí mismo) en la galería Antígona. En 1959 integró el Movimiento Informalista argentino, junto con Enrique Barilari, Kenneth Kemble, Fernando Maza, Mario Pucciarelli, Towas y Luis Alberto Wells. Greco exhibió su serie de “pinturas negras” en la galería Pizarro en 1960. También en 1960, en el VI Salón Arte Nuevo, realizado en el Museo de Artes Plásticas Eduardo Sívori, Greco mostró un tronco quemado y unos trapos de piso. En 1961 efectuó dos intervenciones claves de su carrera: en octubre, su exposición Las monjas, en la galería Pizarro; en noviembre, su primera intervención urbana: una pegatina en el centro porteño con las leyendas “¡Greco qué grande sos!” y “Greco: el pintor informalista más grande de América”.

En 1962, ya nuevamente en París, participó en la muestra “Pablo Curatella Manes et trente Argentins de la nouvelle génération”, organizada por Germaine Derbecq en la Galería Creuze, donde presentó su primera obra de “arte vivo”: 30 Ratones de la nueva generación. En marzo realizó la Première Exposition Arte Vivo en las calles de París, señalando y firmando personas, objetos y lugares; en esta experiencia participó el artista argentino Alberto Heredia. De Francia se desplazó a Italia, y en Génova, el 24 de julio de 1962, publicó en italiano el “Manifesto Dito dell’Arte Vivo”. En enero de 1963, en el Teatro Laboratorio, junto a Carmelo Bene y Giusseppe Lenti, presentó Cristo 63: omaggio a James Joyce: el escándalo que suscitó esta acción terminó con su expulsión de la ciudad. De Italia huyó a España; alternó su estadía entre Madrid y Piedralaves, una pequeña localidad de Ávila. Allí comenzó a trabajar en su obra Gran manifiesto-rollo del arte-dito. En Madrid se relacionó con Adolfo Estrada, Manolo Millares y Antonio Saura, entre otros. En esta ciudad, organizó numerosas acciones; entre ellas, Viaje de pie en el metro de Sol a Lavapiés. En 1963, con la ayuda de Lawrence Viola, se instaló en un departamento en Madrid, y desde allí lanzó Galería Privada. En mayo de 1964 expuso estas obras en la muestra individual Objets vivants, en la galería Juana Mordó de Madrid, y en un viaje a Buenos Aires realizó en la galería Bonino Mi Madrid querido, espectáculo vivo-dito con la colaboración del bailarín español Antonio Gades.

En 1965, hizo la Rifa vivo-dito en la Central Station de Nueva York, con la colaboración de Christo, Roy Lichtenstein, Daniel Spoerri y Allan Kaprow, entre otros. En mayo retornó a España con Claudio Badal, un viejo amor con el cual se reencontró en Nueva York. Greco pasó ese verano en Ibiza junto con Badal, y allí trabajó en Besos brujos: 120 láminas intervenidas con textos, pinturas y collages. Ya alejado de Badal, regresó a Madrid y de allí siguió a Barcelona. Se suicidó un 12 de octubre. En diciembre de ese mismo año, la galería Pizarro realizó una muestra homenaje y, a los cinco años de su muerte, Luis Felipe Noé, junto con la galería Carmen Waugh, le dedicó una segunda exposición póstuma.
 

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