Sufrimiento y Esperanza
La muerte de Noelia, eutanasiada en España, me conmueve especialmente. Una mujer joven, de 25 años, que venía padeciendo diferentes tormentos desde temprana edad, que luchó años para que finalmente se aceptara su pedido de eutanasia.
Luego de una primera infancia que ella misma rotula como feliz, aparece la primera amenaza: se derrumba no sólo la economía familiar sino su propia familia, con la separación de sus progenitores y el alejamiento de su padre, a quien veía poco, y generalmente embriagado por el alcohol.
La posterior admisión en una variante de orfanato, y un vínculo violento de pareja en su temprana juventud, fueron dos experiencias enormemente traumáticas, incluyendo haber padecido violaciones sexuales múltiples. Su estabilidad psíquica se resquebrajó, y fue asistida por padecer depresión y otros trastornos que potenciaron su sufrimiento – incluso el diagnóstico de personalidad límite.
Tantas amenazas, incluyendo el miedo a la propia existencia generado en la violencia padecida, la llevan en el año 2022 a un intento de suicidio que fracasa en el objetivo de anular su vida, pero la deja con una parálisis de los miembros inferiores y sus indeseables consecuencias: imposibilidad para deambular sin ayuda, incontinencia fecal y urinaria, dolor neurítico recurrente,… Cargas que resultan insoportables para su existencia de 20 años.
En al año 2024, y en relación con la reciente legalización en su país, decide solicitar eutanasia: tuvo que recorrer un prolongado camino judicial (en diferentes instancias incluyendo un Tribunal Internacional Europeo) hasta la aprobación definitiva, ya que su padre, apoyado por un grupo de abogados, se oponía activamente argumentando que los problemas psiquiátricos de su hija la incapacitaban para tomar tal decisión. Su madre no compartía el pedido de Noelia, pero optó por acompañarla sin impedir legalmente la aprobación de su solicitud de eutanasia.
Es obvio que la historia de Noelia incluye una carga de sufrimiento intenso, marcado por el miedo a vivir que tiñó de modo indeleble sus años finales. Las amenazas superaron su capacidad humana. Sus palabras finales “por fin puedo descansar” resumen esa torturante vivencia, que terminó el jueves 26 de marzo de 2026 con la ejecución del pedido.
Siguiendo las enseñanzas del filósofo contemporáneo Byung-Chul Han, considero que las experiencias de vida de Noelia le bloquearon la posibilidad de transitar el camino de la esperanza.
El pensador coreano define la esperanza como una fuerza revolucionaria y comunitaria que contrasta con el miedo y la parálisis de la sociedad actual: a diferencia del pensamiento positivo, la esperanza trasciende el yo, promoviendo la acción y el vínculo con el "nosotros" para concebir un futuro distinto. Han argumenta que el miedo genera una "sociedad del cansancio", paralizada. La esperanza, en cambio, rompe con la negatividad y permite actuar a pesar de la desesperación. El autor vincula la esperanza con el amor, la fe y la trascendencia; es un acto que requiere salir del propio "ego" para conectar con los demás. La esperanza ofrece una resistencia al aislamiento, vinculando a las personas en lugar de separarlas, permitiendo un viraje hacia un futuro no determinado por las amenazas existentes. Han define la esperanza no como un optimismo ingenuo, sino como la certeza de que las acciones tienen sentido, independientemente del resultado.
En resumen, la esperanza para Byung-Chul Han es una "tierna y bella audacia" que permite mantener la acción y la capacidad de transformación frente a un panorama de angustia. No se trata de “abolir” el sufrimiento, sino de buscar juntos el modo de aliviarlo y resignificarlo.
Como sociedad, sostengo que es un imperativo ético crecer en la compasión y en la esperanza, que – en lugar de aceptar el camino oscuro y riesgoso de legitimar la muerte provocada como única vía hacia la liberación del sufrimiento – nos acerque a una construcción conjunta de alivio y de esperanza sustentada en el cuidado.
Mis reacciones y respuestas frente a la historia de vida y muerte de Noelia incluyen una profunda tristeza porque un ser humano ha muerto, y la necesidad de reflexionar sobre nuestra responsabilidad como sociedad – no sólo limitada a la geografía española, sino al contexto global de nuestra condición humana - que legitima la opción de provocar la muerte en desmedro del camino de la compasión genuina y de la esperanza.
Somos todos nosotros, como sociedad, quienes (sin haber padecido en carne propia los tormentos que sufrió Noelia) no la hemos acompañado para construir juntos esa fuerza transformadora.
Que su historia se convierta en una inspiración: quizás ello sea el resignificado profundo del sufrimiento de Noelia, para crecer como personas humanas en el cuidado compasivo y el cultivo personal y conjunto del espíritu de la esperanza.
Por Gustavo G. De Simone, Médico Especialista en Medicina Paliativa. Docente ad Honorem de la Facultad de Medicina de la Universidad del Salvador (USAL). Director del Instituto Pallium Latinoamérica, Buenos Aires.
https://pallium.org.ar/
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