Inicio
Áreas USAL
Close
Pasar al contenido principal

SECRETARÍA DE PRENSA
a/c Rectorado

Avenida Callao 801, C1020ADP
Ciudad Autónoma de Buenos Aires - Argentina
Tel. (+54-11) 4813-3997 o 4014 (ints 2111 o 2108).
María Rosa Lojo

“La poesía es un lenguaje esencial e irremplazable”. Una charla con María Rosa Lojo

La UNESCO adoptó por primera vez el 21 de marzo como Día Mundial de la Poesía durante su 30ª Conferencia General en París en 1999, con el objetivo de apoyar la diversidad lingüística a través de la expresión poética y fomentar la visibilización de aquellas lenguas que se encuentran en peligro.

El Día Mundial de la Poesía es una ocasión para honrar a los poetas, revivir tradiciones orales de recitales de poesía, promover la lectura, la escritura y la enseñanza de la poesía, fomentar la convergencia entre la poesía y otras artes como el teatro, la danza, la música y la pintura, y aumentar la visibilidad de poesía en los medios. A medida que la poesía continúa uniendo personas en todos los continentes, todos están invitados a unirse.

Dentro de este marco, la Secretaría de Prensa de la Universidad del Salvador conversó con la destacada escritora María Rosa Lojo, docente de la Facultad de Filosofía, Historia, Letras y Estudios Orientales. Durante la charla señaló que: “La poesía es un modo de mirar lo real, de instalarnos en el mundo. Es una experiencia interior que rompe la secuencia de lo utilitario, la cadena de los medios y los fines. Es un fin en sí misma, no algo que sirve “para otra cosa”. En ese sentido no produce ningún beneficio exterior.  No es que no pueda haberlos: antes, al menos, conocer y poder citar a los poetas clásicos formaba parte del bagaje obligatorio de una persona culta, era un signo de educación. Pero eso no tiene que ver con lo interior, con la transformación que provoca en un sujeto, tanto si se trata de un movimiento expresivo y creativo (escribirla, gestarla), como de esa co-creación que es la lectura. Desde ya que hay muchas modulaciones de la experiencia poética. Puede estar más asociada con la esfera de los sentimientos, con el asombro y la revelación metafísica, con el experimento y el juego lingüístico. Pero siempre, cuando es buena, cuando es potente, descubre e innova, es un lenguaje esencial e irremplazable, cuyo efecto e impacto no pueden ser sustituidos por ninguna explicación externa”.   

Añadió: “Parece que ahora se vuelve a usar, y se reivindica, la palabra “poetisa”. Durante mucho tiempo (recuerdo encuestas de los ’80 en el ya pasado siglo XX) cuando nos preguntaban a las “poetisas” que entonces éramos jóvenes, si queríamos que nos llamaran así, en general optábamos por rechazar el término. Arrastraba indeseables connotaciones, se asociaba a clichés sentimentales, a recitadoras melodramáticas o ridículas, a la caricatura de la mujer con “pretensiones literarias”. Hoy esa madeja de conexiones despectivas se ha depurado, y las nuevas generaciones de escritoras retoman la palabra como lo que es: el sustantivo que nombra a la mujer que escribe poesía, ni peor ni mejor que la de los varones, pero desde su identidad de género. Está muy bien esa resignificación.

Con respecto al “ranking” o al “top” de poetas (y de poetisas), en general, no me gusta proponerlo. Los cánones son históricos, tienen que ver con la historia del gusto y de la sensibilidad, van cambiando. La historia literaria está hecha de recolocaciones y rescates. En cuanto al presente, está demasiado cerca para hacer balances. Si pienso en las poetisas significativas del pasado, no puedo dejar de nombrar a Alfonsina Storni, desdeñada por los vanguardistas de la revista Martín Fierro, y mucho más apreciada hoy día, porque abordó con audaz intensidad expresiva el campo del deseo y el erotismo desde la subjetividad femenina, así como denunció irónicamente la hipocresía de la doble moral masculina. Más adelante, pienso en las grandes voces de Olga Orozco y de Alejandra Pizarnik, las dos, a mi juicio, de extraordinaria calidad, aunque Pizarnik, por las circunstancias particulares de su vida y su muerte, también es un personaje que ha generado un mito y un gran impacto en el imaginario del lectorado de poesía”. 

Cuando se le consultó sobre los diferentes géneros que tiene la poesía remarcó: “La poesía es una sola en lo que hace a iluminación y revelación de un mundo que es la vez develado y construido por la palabra. Aunque tiene formatos, acentos, focos que han sedimentado en clasificaciones históricas: desde la poesía épica hasta la lírica amorosa, desde la mordacidad social hasta la iniciación mistérica. El arco que va de un Homero a una Safo, un Catulo o un Garcilaso de la Vega; de los punzantes e ingeniosos sonetos satíricos de Quevedo a los Sonetos a Orfeo de Rilke o la poesía mística de San Juan y Santa Teresa…Pero siempre está esa particular invención envolvente hecha de imagen, ritmo, música, deslumbramiento”.  

¿Qué representa para usted la poesía?
Me lo preguntaron muchas veces. Creo que una de las más detalladas respuestas que di se encuentra en una entrevista publicada precisamente en Gramma , de la Universidad del Salvador (USAL), que me hizo Carolina Depetris, estudiosa argentina que es profesora de la UNAM en Mérida, México. Es una reflexión muy personal que vale para mí, para mi experiencia y mi búsqueda, no pretende dar definiciones generales. La pregunta de Depetris apunta particularmente al vínculo de mi poesía con la de Hölderlin y al diálogo de mis textos con la filosofía y la religión.

Reitero algunos conceptos vertidos en ese reportaje: “No es que vea la poesía como una religión. Y mucho menos aún como una religión institucional. Pero creo que la poesía sí está vinculada con la experiencia religiosa en un sentido “salvaje”. No establece dogmas, no edifica sistemas teológicos. Su territorio, sin embargo, coincide en parte con el religioso. La poesía no es una especulación racional ni se fundamenta en ella. Requiere fe en sus propias visiones. Afirma lo que construye sin que esto pueda ni deba ser sometido a pruebas de validación. Me gusta la imagen del chamán porque está vinculada con la magia. Y tanto la poesía como la magia son procesos de transformación de la realidad, e implican un descubrimiento de afinidades profundas y secretas entre los seres. Por otra parte, los chamanes, si bien operan dentro de un marco de creencias colectivas, son aventureros individuales. Practican el éxtasis: el salir de sí mediante la experiencia de un “vuelo” que los lleva a un plano no ordinario de realidad (o a una realidad no ordinaria). En el caso de los chamanes de la tradición universal, se supone que estos viajes del alma les permiten acceder a conocimientos sagrados y poderes curativos. ¿La poesía cura también? No lo sé. Perturba, inquieta, azora, desconcierta, deslumbra, des-coloca. Saca al ser fuera de sí para devolverlo a un centro abismal. Se parece a un viaje místico. (…) En otro sentido, la poesía se relaciona con la filosofía (en particular con la metafísica) justamente por su poder de perturbación. Por su inquietud, por su inconformismo. Por su radicalidad en su búsqueda de sentido. Por su voluntad de conocimiento absoluto.”


1. Depetris, Carolina. 2018. “Poesía, Poética, Creación: Diálogo con María Rosa Lojo”. Gramma, Año XXIX, n.° 60: 163-172. 
https://p3.usal.edu.ar/index.php/gramma/article/view/4567
 

Compartir: