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El arte sacro de Diego Curutchet presente en la nueva Capilla "Santa Mama Antula".

En el marco de la reciente bendición e inauguración de la Capilla “Santa Mama Antula” en el Campus Universitario “Nuestra Señora del Pilar”, el destacado artista Diego Curutchet fue el responsable de dar vida a la imagen central de este nuevo espacio de oración.

Con una trayectoria que se remonta a 1979, y más de 5.000 obras en su haber, Curutchet es un referente en la talla en madera y el arte sacro. Sus obras no solo embellecen catedrales, monasterios y capillas, sino también lucen en colecciones privadas, tanto en nuestro país como en el exterior. El artista compartió su visión sobre el proceso creativo y el desafío de plasmar “la espiritualidad en la madera” para esta Sede de nuestra Universidad. En el Campus es el creador de la Imagen de San José, la imagen de la Inmaculada Concepción, el Cristo, el altar, y el Sagrario del Oratorio ubicado en Pabellón N° 1 del Campus. 

Más que una imagen religiosa, la escultura de Santa Mama Antula que hoy preside la nueva Capilla es el resultado de un largo diálogo entre la historia y la madera: “Primero fue conocer a Mama Antula, conocer su historia”.

Sobre el proceso, que le llevó unos dos meses, destacó la buena predisposición de las autoridades de la Universidad del Salvador “Con la Vicerrectora de Formación y su equipo hubo una sintonía total; no hubo dudas ni cambios de rumbo. Estoy convencido de que cuando se trabaja con buena gente, los proyectos salen casi como por arte de magia”

Desde lo técnico, Diego Curutchet se propuso un desafío: innovar sobre una iconografía que, al no existir registros fotográficos reales, se había vuelto rígida y distante. Su intervención no fue solo estética, sino una forma de devolverle a la Santa su identidad geográfica y social. Así explica el artista este cambio fundamental. El artista buscó capturar la esencia de una mujer en constante movimiento, cuya Fe no se encerraba en un convento, sino que caminaba el territorio. En tal sentido, expresa: "Técnicamente, lo que quise fue innovar sobre las pocas imágenes que existen de Mama Antula. Decidí ponerle un poncho porque ella era santiagueña y el poncho es un elemento muy nuestro, muy del norte argentino. Además, era un gran caminante; lo más lógico era que usara uno. Mi intención fue sacarle esa imagen de monja de hábito negro, que a veces resulta muy dura, para mostrar a alguien mucho más humana. Era una mujer laica que caminaba mucho y no pertenecía a una congregación; por eso su imagen debía ser más suelta. Aunque mantuvimos ciertos rasgos religiosos para que fuera reconocida, buscamos reflejar su verdadera esencia".

Para Diego Curutchet, esculpir en madera a Mama Antula no fue un ejercicio de repetición iconográfica, sino un acto de justicia histórica. Al enfrentarse a la madera, el artista se propuso alejarse de los estereotipos de pasividad que suelen rodear a las figuras femeninas de la Iglesia. En este fragmento, Curutchet explica por qué decidió representarla como una mujer de acción, de carácter y, sobre todo, de una inquebrantable fortaleza: “Me propuse modificar un poco esa imagen tan dura de una monja por alguien más... bueno, era una mujer. Lo importante es que se vea que era una mujer. Si vemos la historia, ella se peleaba con los obispos, mandaba cartas; fue una mujer muy fuerte que valoraba mucho el rol femenino. Siempre en la Iglesia está la imagen de la mujer santa y buena, pero hubo mujeres muy fuertes en la institución, y  Mama Antula fue una de ellas.. Realmente fue una mujer muy combativa, muy luchadora, y logró lo que quería, y en un momento muy difícil de la historia de los jesuitas y de la Argentina”. 

Ver la imagen de Mama Antula procesionar por el Campus, rodeada de cantos y devoción, fue para Diego Curutchet un momento de profunda introspección. El escultor describe esa sensación casi mística de ver cómo la madera, tras un proceso larguísimo, deja de pertenecer al autor para pertenecer a la gente: "A los artistas nos pasa mucho que, cuando terminamos una obra, es como si se despegara de uno. Hoy la miro y casi no puedo creer que la hice. El proceso para crear una imagen es larguísimo y verla ahí, en medio de la procesión, me emocionó mucho. Fue muy lindo vivir todo ese momento, los cantos... Me impactó decir: 'Yo hice eso'".

Para Diego Curutchet, la conexión que el público logra con sus obras nace de la humanidad depositada en cada golpe de cincel. A diferencia de una pieza fabricada en serie, sus esculturas llevan consigo las dudas, el esfuerzo y la entrega del artista, algo que los fieles perciben de manera casi instintiva. Sobre este misterio de la creación y la figura de Mama Antula, el artista reflexiona: "A veces se me hace difícil ver la obra terminada porque uno trabaja tanto en ella que, al mirarla, siempre encuentra un detalle que cambiaría. Pero la gente se emociona mucho. Me ha pasado con  varias imágenes de Cristos en parroquias de Buenos Aires: yo veo un defecto y quiero retocarlo, pero la gente me pide que no lo toque. Eso sucede porque la imagen se 'hace carne' en las personas; sienten que no es algo hecho por una máquina o un molde, sino que tiene la entrega de quien la creó. Eso queda en la imagen y por eso conmueve".



Por Mgtr. Mariana Bonelli, de la Secretaria de Prensa de la Universidad del Salvador.


 

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