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SECRETARÍA DE PRENSA
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El teatro como puente de amistad: del Théâtre des Nations al Día Mundial del Teatro

Para comprender la magnitud de lo que celebramos cada 27 de marzo, es necesario imaginar a la Europa de finales de los años 40. El continente quedó sumido en una crisis espiritual y existencial. Eran tiempos de una desolación profunda, donde el silencio de las sirenas de guerra había dado paso a un paisaje de ruinas físicas y morales. Las personas no solo tenían hambre de alimentos, sino de una reconciliación auténtica. Tras el horror de la guerra, el "otro" era visto con sospecha, y el tejido social estaba desgarrado por el trauma. En ese vacío de esperanza, surgió una intuición poderosa: el teatro, por ser un arte del presente y del encuentro físico, podía ser una herramienta eficaz para reconstruir los puentes que la pólvora y la insensatez habían dinamitado.

La unión de las naciones sobre las tablas
Bajo este impulso de sanación, en 1954 y de la mano de A.M. Julien —Director del Théâtre Sarah-Bernhardt—, el Festival d’Art Dramatique de París abrió sus puertas para recibir a compañías extranjeras. Ese año el festival se convirtió en un laboratorio de diplomacia cultural: por primera vez en una década, el idioma de quienes habían sido enemigos se escuchó en el escenario francés.

La llegada del Berliner Ensemble de Bertolt Brecht provocó un gran impacto intelectual, demostrando que el teatro podía ser un espacio neutral donde el dolor y la crítica social permitían reconocernos nuevamente como pares.  La puesta en escena de Madre Coraje y sus hijos, hizo sentir en los corazones del público la universalidad del dolor humano. 

Para 1957, el éxito de la convocatoria llevó a renombrar al Festival como Théâtre des Nations. París se convirtió en una "zona franca" donde convivieron la Ópera de Pekín, el realismo de Moscú y las vanguardias neoyorquinas. Mientras la política levantaba muros de hormigón, el teatro ofrecía un territorio de paz sobre las tablas. La “cuarta pared” permitió mirarse unos a otros sin temor. 

El nacimiento de un encuentro  global
La energía de estas temporadas parisinas fue tan potente que, en 1961, durante el noveno Congreso Mundial del Instituto Internacional del Teatro (ITI) en Viena, se propuso la creación del Día Mundial del Teatro. Se eligió el 27 de marzo -fecha en la que comenzaba la temporada del Théâtre des Nations-, para recordar al mundo que la experiencia viviente del teatro es una actividad humana fundamental. Así quedó sellado el nacimiento de un encuentro global.

A partir de entonces, se instauró una tradición que hoy es un pilar de nuestra identidad cultural: cada año, una figura relevante del teatro internacional es invitada a escribir un mensaje que se traduce a más de cincuenta idiomas y se lee en todas las salas teatrales del mundo antes de comenzar las funciones. Es un acto de sincronía global donde miles de espectadores escuchan, al mismo tiempo, la misma reflexión.

El mensaje de Jean Cocteau
La primera celebración oficial tuvo lugar en 1962, y el encargado de inaugurar esta tradición fue el poeta y cineasta Jean Cocteau. Su mensaje, que hoy en 2026 resuena con una notable vigencia, decía:

"El Día Mundial del Teatro marca el paso de lo irreal a lo real. Es un milagro de amistad entre los pueblos. A menudo se dice que el teatro es un arte de la ilusión. Yo digo que es el arte de la verdad más profunda. Las fronteras que separan a las naciones son solo líneas en un mapa; el teatro las borra porque habla al corazón del hombre, sin importar su lengua o su origen. En este escenario mundial, somos todos actores y espectadores de una misma tragedia y una misma comedia. No debemos olvidar que el teatro es una fiera sagrada. Es una necesidad humana que sobrevive a las guerras porque nos permite mirarnos a los ojos y reconocernos. Que este día sirva para recordar que el teatro no es un lujo, sino un puente invisible que une a la humanidad en un mismo suspiro."

La tradición del 27 de marzo
Nosotros, público y artistas, somos herederos de aquella voluntad de reconciliación. El teatro sigue siendo aquel encuentro vivo dedicado a recrear la existencia con arte, rigor y oficio; nos convoca para participar de una realidad creada para nosotros, que transcurre ante nuestra presencia.

En esta época saturada de pantallas, que nos impone bajar la vista y a usar solo algunos dedos para comunicarnos, el teatro nos invita a levantar la mirada. Nos reúne en un mismo espacio para contemplar una ficción que a menudo parece un espejo de nuestro mundo interior.  En la penumbra de la sala, estamos rodeados de desconocidos, aun así, nos sentimos unidos por emociones compartidas que nos apartan del vértigo cotidiano. 

Este 27 de marzo, en Buenos Aires, cuando se lea el mensaje de Willem Dafoe en el Teatro Nacional Cervantes y en cada sala de teatro independiente de la ciudad, volverá a hacerse realidad aquel "puente invisible" que imaginó Cocteau. Un puente que sigue firme en todo el mundo y se renueva cada vez que el público aplaude cuando termina una función. 

En una conversación con la Mg. María Clara Beitía, Directora de la carrera de Artes del Teatro- Escenografía, de la Facultad de Arte y Arquitectura de nuestra Casa de Estudios con respecto a qué papel juega la escenografía en la creación de un espectáculo teatral señaló que: “Cada espectáculo está pensado para despertar todos los sentidos. La escenografía es un disparador para la vista y, por medio de ella, para el tacto y el gusto; da señales para que el cerebro interprete lugares, épocas y climas. Por ejemplo, si al abrirse el telón, vemos a un personaje entrar con abrigo de piel y guantes a un interior con una chimenea ardiendo, y ventanas que muestran un bosque nevado, es posible que imaginemos sentir frío, aunque sea pleno verano en la ciudad. El paisaje visual en el escenario evoca experiencias personales.

La escenografía articula un espacio real y uno imaginario, creando una estructura sólida que sostiene los desplazamientos de los actores con seguridad. Al mismo tiempo, define su poética otorgándole una materialidad ficticia mediante el uso de colores, texturas y objetos. La escenografía no reproduce la realidad, la aumenta y le da significado; aprovecha los recursos plásticos para acentuar el efecto emocional de la trama. Es una construcción real y, también es un territorio poético sin límites, capaz de cambiar un ambiente por otro, ante la vista del público”.


Agregó que le el principal desafío que enfrenta la carrera de Escenografía en la actualidad es conectar con los jóvenes artistas y mostrarles que el escenario invita a una experiencia física y emocional única, donde pueden hacer realidad sus ideas y construir espacios ilusorios colaborando con otros que comparten su misma pasión. “Por otro lado, trabajamos en planificar actividades de colaboración con otras instituciones, utilizando nuestros propios recursos. Es necesario entender cuáles son las expectativas y considerar bien nuestras posibilidades reales. Este es un trabajo colectivo en el que deben participar miembros de ambas instituciones. Hoy, el gran desafío es convocar, formar y coordinar equipos de gestión para sostener y ampliar estos vínculos.
 
Un tema actual es la utilización de la inteligencia artificial en la producción artística. Para esta carrera implica analizar y discernir, cuáles son instrumentos que se amoldan mejor a los procesos de creación y producción escenográfica.  Nuestros profesores combinan la práctica artesanal con los medios digitales para que los alumnos se motiven con ambos tipos de aprendizaje. El desafío está en actualizar los programas de las materias incorporando estos recursos en la metodología.

El equipo de la carrera se mantiene fiel a la certeza de que la escenografía supone una evolución permanente, y que nuestra misión es estar atentos y disponibles para aprender, dialogar y acompañar las nuevas sensibilidades”.


Con respecto al papel que juega la tecnología en la creación de escenografías teatrales señaló que es un recurso más en la etapa del proyecto. Para María Clara Beitía la inteligencia artificial ha enriquecido la búsqueda de referencias y facilita el relevamiento; permite ahorrar tiempo y explorar alternativas. “Enseñamos aplicaciones 2D y 3D para ver las ideas en maquetas virtuales antes de pasar a lo físico, y técnicas como la impresión 3D para obtener modelos a escala. Si hablamos de la etapa de producción, hace tiempo que es posible imprimir estampados originales para dar texturas únicas al vestuario o telones de gran tamaño. En ocasiones, la utilería puede resolverse con impresión 3D”. 

Agrego que este reemplazo no representa necesariamente menos trabajo ni menores costos. “Es “otro” trabajo, aunque vamos aprendiendo cómo hacerlo, a menudo, al usar tecnología, se crea un distanciamiento entre el artista y la obra, y ya no se siente como propia. Al mostrar “nuestra” creación, a menudo la pregunta es. “con qué app lo hiciste?”. 

Para María Clara el escenario sigue siendo un espacio de juego, dinámico y viviente. La tecnología deslumbra, pero cobra sentido cuando se incorpora para ofrecer un espectáculo cautivador.  Todavía sigue siendo imprescindible el trato humano entre los artistas y técnicos del equipo de creación y producción. El objetivo es satisfacer al espectador en su butaca, para eso, los artistas del escenario han recurrido siempre a lo que al público le gusta.  Para discernir esos gustos, los escenógrafos desarrollan sensibilidad, ingenio y capacidad de experimentar.

En base a cómo se puede promover la accesibilidad y la inclusión en el teatro a través de la escenografía remarcó que cabe aclarar que en el teatro existen casos particulares en los que el escenógrafo debe resolver situaciones puntuales, ya que los artistas son seres humanos con sus propias peculiaridades. “Dentro del escenario, la escenografía debe facilitar que los actores con limitaciones motrices o visuales puedan acceder y desplazarse de acuerdo a las indicaciones de la dirección, diseñando un dispositivo espacial de manera específica.
Fuera del escenario, la escenografía puede ofrecer marcos estéticos para transformar realidades”. La Directora de la carrera de Artes del Teatro- Escenografía, de nuestra Casa de Estudios marcó que actualmente, están planificando una colaboración con una escuela de la Localidad de Quilmes donde les están solicitando aplicar contextos escenográficos para motivar el aprendizaje directo en los niños. “Es un proyecto de una graduada donde nuestros estudiantes podrán aplicar su saber para que el espacio no sea solo un lugar, sino una motivación. El diseño escénico puede ser un puente solidario que repare y potencie la realidad de nuestra comunidad”.

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