“Donde fluye el agua, crece la igualdad”
El 31 de marzo conmemoramos el “Día Nacional del Agua”, una fecha instaurada en 1972 con el propósito de incorporar en la agenda pública la importancia del agua, su uso sostenible y hacer frente a la crisis hídrica a nivel global. Más adelante, esta fecha se alineó con lo establecido en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo, como parte de un plan de acción global.
Cada año, para estas fechas, la ONU (Organización de Naciones Unidas) propone distintos ejes temáticos que buscan vincular las múltiples dimensiones del desarrollo sostenible y el manejo del agua. En esta oportunidad, el foco está puesto en la relación entre la igualdad de género y la escasez de agua. Con este enfoque se visibiliza cómo el acceso al agua potable, un derecho humano fundamental, continúa siendo inaccesible para muchos sectores de la población mundial.
Bajo el lema “donde fluye el agua, crece la igualdad”, se promueve la participación activa de mujeres en la toma de decisiones vinculadas a la gestión hídrica. Esto no es casual, las mujeres e infancias son los grupos más afectados por esta crisis. Incorporar sus voces en los procesos de planificación y gestión no solo es una cuestión de equidad, sino también una oportunidad para construir soluciones más inclusivas, eficaces y sostenibles. La diversidad en los actores sociales involucrados, fortalece la capacidad transformadora de las políticas públicas y amplía las posibilidades de construir un futuro más justo.
A nivel nacional, la problemática adquiere características propias. En Argentina, persisten las desigualdades en el acceso y la distribución del agua. Las inundaciones, sequías y contaminación son manifestaciones de problemáticas fuertemente relacionadas: el cambio climático y los patrones de consumo insostenibles.
La docente de la carrera de Ciencias Ambientales de la Facultad de Ingeniería de la Universidad, Carla Acevedo, comparte los datos suministrados por AySA (Agua y Saneamientos Argentinos S.A.) donde señala que aproximadamente el 15% de la población no tiene acceso a agua potable segura, mientras que un 40% carece de sistemas adecuados de saneamiento. "Estas cifras reflejan una deuda en infraestructura y la falta interés en la ejecución de una gestión integral del recurso hídrico. El nuevo paradigma político-ambiental agrava este escenario y nos acerca a una situación crítica respecto a la disponibilidad y calidad del agua.
Sin embargo, es fundamental no caer en el pesimismo. La transformación es posible si nos reconocemos como actores sociales con capacidad de incidencia. La generación y circulación de información, el debate público informado y la participación ciudadana son herramientas claves para definir colectivamente qué modelo de desarrollo queremos construir y cómo gestionaremos nuestros recursos naturales", señaló.
El Día Nacional del Agua no debe ser solo una instancia simbólica, sino un llamado a la acción. Involucrarnos para garantizar un acceso equitativo al agua, es también avanzar hacia una sociedad más justa, saludable y resiliente.
En este contexto, la Secretaría de Prensa dialogó con la docente Carla Acevedo sobre la relevancia de esta efeméride y su impacto en la formación de los futuros profesionales de nuestra Universidad.
Al indagar sobre el enfoque pedagógico de la educación hídrica en la Licenciatura en Ciencias Ambientales, la docente explicó que —en sintonía con el espíritu de la Carrera— el estudio del agua se aborda desde una perspectiva integradora. Esta mirada permite articular estratégicamente el desarrollo económico, el rol de los actores sociales y una gestión ambiental sostenible.
Para Carla Acevedo, la desnaturalización del consumo es clave en la formación: “con frecuencia se considera al agua como un simple recurso que forma parte de distintos procesos orientados a un resultado productivo o económico. La tenemos tan incorporada en nuestras rutinas que muchas veces no dimensionamos que de ella dependen ecosistemas enteros, procesos geológicos, puestos de trabajo e incluso derechos humanos fundamentales que pueden verse vulnerados si, como profesionales y como habitantes de nuestro país, no la preservamos a través de nuestras acciones”.
Asimismo, subrayó su compromiso con la formación integral: “Como educadora, al igual que mis colegas, intentó fomentar la construcción de un pensamiento crítico con el que los estudiantes sean plenamente conscientes de la importancia que tiene su rol como futuros ambientólogos en la gestión adecuada y la protección de los recursos naturales”.
Más allá de la formación teórica, la entrevista derivó en el papel crucial de las nuevas herramientas para enfrentar los desafíos hídricos actuales. Al consultarle sobre el rol de la tecnología en la gestión y conservación del agua, la docente fue contundente: “Es importantísimo el rol que tiene la tecnología respecto a la continuidad del agua como recurso renovable. Se requieren investigaciones, inversión en ciencia y tecnología para hallar nuevas formas de incorporar el agua a los procesos productivos que sean compatibles con el desarrollo sostenible y, a su vez, remediar las condiciones de escasez o contaminación que afrontamos”.
La docente ilustró sobre cómo la innovación ya está transformando la gestión hídrica en Argentina a través de casos de éxito que integran ciencia y territorio: “gracias a los avances en SIG (Sistemas de Información Geográfica) o en diferentes sensores climáticos y ambientales, hoy es posible gestionar el agua y otros recursos naturales de manera mucho más eficiente, optimizando su uso y mejorando los procesos de monitoreo y planificación.
Esto lo podemos ver reflejado en proyectos como Paisaje Productivo Protegido, que trabaja sobre el análisis de imágenes satelitales con el propósito de preservar la biodiversidad y delimitar zonas para la producción.
La incorporación de sensores que se realiza en el INTA (Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria) para automatizar el riego y mejorar las condiciones de los cultivos, es otro caso que representa esta vinculación entre tecnología y preservación del agua”.
A menudo, la clasificación del agua como recurso renovable genera una falsa sensación de seguridad. Para desmitificar esta idea y entender la urgencia del presente, profundizamos en las causas reales de la crisis hídrica y la escasez: “Hablamos de una crisis hídrica porque la existencia de un “ciclo de agua” no evita el output que generan las distintas actividades antrópicas sobre el mismo. La contaminación, la mala distribución, la huella hídrica de nuestros productos y servicios son algunos de los problemas que ocasionan esta escasez”.
El compromiso con el medioambiente también implica una ciudadanía activa informada sobre los marcos legales que nos protegen. En su reflexión final sobre la gestión hídrica, la docente hizo una invitación directa a involucrarse en la defensa de nuestro patrimonio: “es sustancial analizar el marco legal que protege al agua y a los ecosistemas asociados.
Me gustaría aprovechar este espacio para invitarlos a participar en los debates públicos y realizar un seguimiento de las modificaciones que se proponen a la Ley de Glaciares.
Contrario a lo que algunos expresan, los glaciares “no son rocas congeladas que no sirven para nada” sino que son la reserva más grande de agua dulce que tenemos. Como nación, debemos ocuparnos de la soberanía sobre nuestros recursos y comprender que muchos de los daños ambientales que se generan sobre ellos pueden ser irreversibles”.
Ante la pregunta sobre quién debe liderar el cuidado del agua, la respuesta apunta a una sinergia necesaria. Para la especialista, la clave reside en una responsabilidad compartida que articule la gestión pública con la acción individual: “La responsabilidad es compartida. Gracias al Acuerdo de Escazú tenemos la posibilidad de participar activamente en los procesos para la toma de decisiones respecto a cuestiones ambientales.
Además, como mencioné previamente, desde nuestro lugar desde consumidores y ciudadanos debemos accionar, demostrando el interés sobre alternativas sostenibles y la transparencia en los procesos productivos.
Las autoridades gubernamentales por su parte, son las responsables de la gestión de nuestros recursos, tanto la supervisión como la preservación de los mismos.
La acción conjunta es la que nos va a permitir seguir celebrando el “Día del Agua” no como una fecha simbólica de un recurso más, sino como un elemento fundamental que es sostén de miles de ecosistemas, economías y vidas”.
Para finalizar, la conversación se centró en el potencial transformador de las nuevas generaciones. La educación ambiental no solo busca transmitir conocimientos, sino también empoderar a quienes liderarán el mañana. Sobre el compromiso de los estudiantes y su capacidad para cuestionar el presente, Carla Acevedo reflexiona: “Los jóvenes son agentes de cambio y merecen ser escuchados, porque en perspectiva, el futuro depende de ellos. Puede sonar trivial, pero no debemos subestimar su capacidad de generar innovación, cuestionar prácticas establecidas y aportar nuevas perspectivas.
Citando al Papa Francisco, los jóvenes deben “hacer lío”: aprender, equivocarse, cuestionar y soñar con la posibilidad de transformar la sociedad con esperanza. Muchos ya cuentan con una base de educación y conciencia ambiental. El desafío actual es trasladar esa formación al plano práctico, integrarlas con su futuro profesional y con una comprensión más profunda de los impactos que generan sus decisiones en temáticas ambientales”.
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