In Memoriam: Francisco García Bazán. Un legado de sabiduría y enseñanza
La Universidad del Salvador (USAL) expresa su profundo pesar por el fallecimiento de Francisco García Bazán, un destacado investigador y profesor que dejó un legado imborrable en el mundo de la filosofía y la historia de las religiones.
Francisco García Bazán, quien ingresó en la Carrera de Investigador Científico del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) hace cincuenta años, alcanzó el nivel de Investigador Superior en 2003 y se destacó por su vasta producción académica, que incluye más de 200 artículos científicos, 460 artículos de alta divulgación, comentarios bibliográficos y 38 libros.
Un maestro de la filosofía
García Bazán fue un profesor apasionado y dedicado que enseñó en varias universidades, incluyendo nuestra Casa de Estudios, donde obtuvo su título de Doctor en Filosofía Summa Cum Laude y Doctor Honoris Causa debido a que es considerado como uno de los catedráticos más destacados en el ámbito de la Filosofía y la Historia de las Religiones, en particular en las relaciones entre el cristianismo primitivo y la filosofía antigua y la fenomenología e historia de las religiones. Su enfoque en la filosofía y la historia de las religiones lo llevó a ser un experto en temas como la gnosis, el maniqueísmo y el neoplatonismo.
No cabe duda de que su vastísimo currículum y trayectoria académica quedará en los anales de las diversas instituciones de las que formó parte. La inmensa cantidad de artículos y libros de su autoría permanecerán como repositorio obligatorio para investigaciones y seguirán siendo fuente de consulta obligada entre los especialistas de todo el mundo.
Un hombre de fe y convicción
Fue un hombre de fe y convicción que vivió su vida de acuerdo a sus principios. Su compromiso con la verdad y la justicia lo llevó a ser un defensor de la educación y la investigación y su legado continuará inspirando a futuras generaciones de filósofos y académicos.
Aunque Francisco García Bazán ya no esté físicamente con nosotros, su legado vivirá para siempre en la memoria de aquellos que lo conocieron y en la obra que nos deja. Su ejemplo de dedicación, pasión y compromiso con la verdad es un recordatorio de que la verdadera grandeza se logra a través de la búsqueda constante de la sabiduría y la enseñanza.
Maestro de maestros, ha estado siempre estrechamente unido a nuestra Universidad del Salvador. Su calidad de persona, su claridad meridiana en las explicaciones como docente al frente de las aulas, su compromiso y su contagioso entusiasmo por cada nuevo proyecto o investigación, quedará por siempre en el recuerdo de quienes fueron sus alumnos y discípulos.
La familia comparte un fragmento de uno de los cursos en la Fundación Hanna Arendt, un legado que refleja su pasión y compromiso, y así es como quieren recordarlo:
“Ustedes, a través de la bibliografía, también pueden descubrir la biografía de la biblioteca; porque, en realidad, para un investigador, la biblioteca es algo que adhiere a su desarrollo vital. Y, por supuesto, que ahí al lado empujando, ¿quiénes están? La familia. La familia es central. Después están, por supuesto, las instituciones, los amigos; y a esto de la familia ingresan los discípulos. ¿Saben por qué? Lo decía Platón: porque los discípulos son libros vivientes. Si se tienen discípulos, el futuro ya está integrado en el presente. Y, por otra parte, fíjense, esto nos llena de optimismo; hay que ser optimistas en la vida particular, y si podemos, fluir en la pública. Esto se los dice un inmigrante que llegó al país con una vocación determinada hace 64 años. Soy, con mucho gusto para mí y para toda mi familia, soy inmigrante, y lo he hecho todo en la Argentina, y se lo debo todo a la Argentina. Eso quiero que lo sepan todos, porque lo proclamo y lo digo permanentemente”.
Que descanse en paz y que su memoria sea una bendición para todos aquellos que tuvieron el honor de conocerlo. Acompañamos a su familia y seres queridos en este doloroso momento. Rogamos a Dios una oración por el eterno descanso de su alma.
Una evocación de Francisco García Bazán, por Bernardo Nante
Pareciera que toda referencia a la obra y a la vida de Francisco García Bazán corre el riesgo de ser reductiva. Creo que ello no se debe solamente a la vastedad oceánica de su legado, sino sobre todo a su rigurosa profundidad. Por ello, le cabe plenamente el título de “investigador”, a saber, aquel que indaga en los “vestigia” (vestigios), más aún, aquel que penetra en esas huellas hasta hallar o evocar su recóndito fundamento. Pero el investigador no descansa en pos de una compenetración con la Sabiduría, pues Ella misma se muestra y se vela en sus manifestaciones múltiples. Por ello, García Bazán con rigor histórico-filológico y filosófico se detiene en las distinciones y precisiones que requiere cada texto, pero con claro compromiso espiritual y stricto sensu metafísico defiende la realidad de la Sabiduría - o, si se quiere, de las diversas expresiones de lo sagrado - en buena medida opacada desde la modernidad, para no mencionar sus epígonos posmodernos. Ya decía Paul Valéry que lo moderno se contenta con poco. Me animo a decir que el pensamiento de García Bazán no claudica ante las modas y su valentía lo llevó a discutir o a “corregir” a Agamben, Vattimo, Gadamer y hasta al propio Heidegger, entre tantos otros. Su pensamiento es “fuerte”, acaso porque el reconocimiento de lo “sagrado” o “religioso” como la manifestación operativa de una Realidad insondable se torna patente a cada paso en su obra. La vida no es tibia, nacemos y morimos en permanencia y solamente la sacralidad responde con una potencia insoslayable. Y si escribo en presente es porque si bien la partida de Francisco García Bazán nos ha dejado huérfanos, su legado está vivo y da cuenta de otro de sus méritos, a saber, el de haber hecho escuela. Como ya señaló Antonio Antón Pacheco, García Bazán no sólo consolida el lenguaje cientíco y filosófico, en el marco de los estudios de la antigüedad tardía, sino que crea una auténtica y creciente escuela de especialistas que se enriquecen con su labor pionera en el ámbito del gnosticismo, hermetismo, neoplatonismo hierático, etc., sus antecedentes y sus gravitaciones posteriores, sin desconocer -por ejemplo- sus estudios comparativos entre Plotino y el Maestro vedantino Shankara. García Bazán no solamente descubre contextos pretéridos sino que, con gran maestría, enseña métodos y, más aún, propone una epistemología de lo sagrado. A la labor precisa histórico- crítica y filológica, agrega su aproximación fenomenológica de raigambre husserliana y, desde allí, argumenta el filósofo que ya ha reconocido esa Sabiduría subyacente que sobrepuja a la filosofía misma.
Corría el año 1975. Quien esto escribe era a la sazón un simple estudiante de la carrera de Filosofía de la Universidad del Salvador. Un afiche sorprendente anunciaba que en menos de una hora se defendía una tesis doctoral sobre “Plotino y los gnósticos” en la Sala de Televisión del Colegio del Salvador. Aún recuerdo a un brillante investigador que exponía a sala llena, un tema tan fundamental como ignorado en nuestro medio. Entre el público destacado puedo mencionar a un Eugenio Pucciarelli, entre otros estudiosos, y al jurado – me animo a decir algo azorado - compuesto por Ismael Quiles, Víctor Marangoni, Roberto Prieto. La tesis publicada tiempo después, como señala Juan Carlos Alby, anticipa conclusiones a las que recién hoy están llegando investigadores de otras latitudes. Por cierto, en esa tesis García Bazán ya venía trabajando desde hacía un lustro, en particular con la guía de Antonio Orbe – su maestro de Roma, sin contar al argentino Armando Asti Vera -, de quienes reconoce haber recibido un sello formativo indeleble en lo filosófico y en lo metodológico. Ya entonces las primicias de sus investigaciones le habían merecido el apoyo intelectual de figuras señeras como Puech, Marrou, Pétrement, Trouillard, Quispel, Bausani, Farina, Igal, etc.
A partir de esa ocasión, Francisco García Bazán me honró con su amistad y con su generosa maestría. Entre tantas colaboraciones, tuve la oportunidad de trabajar con él en algunos volúmenes de la Obra Completa de Carl G. Jung., editada por Trotta, Madrid. La última vez que lo traté fue en ocasión de su investidura como Doctor Honoris Causa de la Universidad del Salvador, en donde nos deslumbró con una clase magistral sobre las órdenes religiosas. No deja de ser simbólico para mí que haya sido la Universidad del Salvador en donde lo vi por primera y por última vez. García Bazán gravita e irradia su sello en nuestra Universidad y, por ello, no puedo dejar de mencionar al propio Juan Bautista García Bazán – a quien conozco de pequeño - también un gran estudioso del gnosticismo y el neoplatonismo, entre otras cuestiones, quien con su propio ethos retoma y recrea la labor paterna y cumple con una encomiable labor de gestión, investigación y docencia en la USAL.
Me resulta imposible elegir qué obra de nuestro autor mencionar. Recuerdo, sin embargo, que años atrás, en la presentación de Gnosis Eterna III que completa la antología de textos gnósticos por fuera de la Biblioteca de Nag Hammadi, García Bazán señaló que esos tres volúmenes – a no dudarlo un aporte único - probablemente eran su principal legado. No quiero contradecir al propio García Bazán, pero a la luz del conjunto de toda su obra (no sólo escrita, sino oral) el legado no sólo permite que se lo tilde de un gran “especialista” – stricto sensu - sino que le alcanza acaso la definición de Balzac, quien en su novela Louis Lambert (máxima xvi) señala: “La Especialidad consiste en ver tanto las cosas del mundo material en sus manifestaciones originarias y consecuencias. Los mejores genios humanos parten de las tinieblas de la Abstracción para llegar a las luces de la Especialidad; species, vista, especulación, verlo todo y de golpe, speculum, espejo, medio para apreciar las cosas reconociéndolas en su integridad. Jesús era un ´especialista´: veía el hecho en las raíces y en las producciones, en el pasado que había generado, en el presente en que se manifestaba, en el futuro en que se desarrollaba (…) La perfección de la vida interior da a luz el don de la Especialidad.” En otras palabras, quizás más modestas y como ya sugerí, en García Bazán converge el philologus yel philosophus. En García Bazán se da el philologus como aquel (Frínico el gramático) que ama las palabras, pero no para maltratarlas o diseccionarlas o para caer en esa diseminación de los significantes como decía Ellémire Zolla de ciertas vanguardias, sino para escudriñar su núcleo recóndito, acaso inexaurible, apofático, como aquella carta que el niño oriental del “Himno de la Perla” en su exilio occidental descubre ya escrita en su interior. Y así, García Bazán, que siempre subraya la importancia del étimo, reconoce la reserva de sentido no como una arbitrariedad propia de una lingüística por así decirlo semiótica, sino como una dimensión apócrifa que no nos enmudece, sino que alumbra. Por ello, si bien me eximo de citar la interminable bibliografía de Francisco García Bazán, recomiendo una obra que consigna toda la producción de nuestro autor hasta diciembre de 2017, compuesto por 754 trabajos. Se trata de Gnosis Apócrifa. El conocimiento oculto. Homenaje a Francisco García Bazán compilado por Juan Carlos Alby, Patricia Ciner y Juan Bautista García Bazán (hijo), Buenos Aires, Ed. Trotta Guadalquivir, 2020, que es asimismo un homenaje al insigne investigador, filósofo, amigo y maestro de varias generaciones de estudiosos. Por cierto, en algún momento se completará la bibliografía, ya que García Bazán produjo hasta pocos días antes de partir. Todo le interesaba; por ejemplo, recientemente hizo una curiosa contribución referida al Libertador General San Martín y su relación con Málaga, lugar de nacimiento de García Bazán y en donde nuestro prócer pasó gran parte de su juventud.
El día de su funeral se pudo apreciar el indecible dolor de la familia y de quienes tanto lo queremos, pero, sobre todo, el inmenso afecto de su esposa Lily, de sus seis hijos, hijos políticos, diecinueve nietos, amigos, colegas, discípulos. Uno de sus yernos me contó ese día que Paco – así lo llamamos cariñosamente – estaba “estudiando” ciencias. Paco era todo menos un “insípido”, a saber, alguien que no “sabe” o que no disfruta el saber. Como leemos en la Vulgata de los Salmos (13, 1 y 52, 2): Dixit insipiens in corde suo: non est Deus “Dice el insípido (necio) en su corazón Dios no existe.” Para quienes tenemos la Gracia de la fe, aunque la muerte es dolorosa, prima la esperanza y, acaso, el amor que no acaba. Hace no mucho, en respuesta a que nos volveríamos a ver, Paco dijo algo así: “el espíritu ya se va”. Hace ya tiempo, en ocasión de la detección de una enfermedad grave, me dijo con serena firmeza: “Soy un gnóstico”. El propio Antonio Piñero, un especialista que entiendo es más bien “agnóstico”, escribió generosamente: “Puedo afirmar – como lo he hecho otras veces- que el Dr. García Bazán entiende los textos (gnósticos) mejor que nadie porque él mismo es un gnóstico.” No me atrevo a contradecirlo, sí puedo atestiguar que su “entusiasmo” (“Dios en uno”) era o es indeclinable y contagioso. Una Luz que no le pertenecía iluminaba sus ojos y sus palabras. Me permito ensayar en su memoria unos versos en griego “helenístico”: Phoos arreeton elamprynen heautou kardieen heesychon; / hos theous anthroopous th’ eeidee, mee heautou, all´Archees.” “Una Luz indecible serenó y embelleció su propio corazón; / quien comprendió a dioses y a hombres, no por lo que era suyo, sino por lo que viene del Origen”.
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