18 de febrero: “Día Mundial del Síndrome de Asperger”: diagnóstico, apoyos e inclusión desde un enfoque de derechos humanos
A los fines de visibilizar el Día Mundial del Síndrome de Asperger, la docente de la Facultad de Psicología y Psicopedagogía de la Universidad del Salvador (USAL) y Consultora Internacional en Discapacidad, Flavia Palavecino compartió el siguiente informe:
Resulta fundamental revisar críticamente los modos en que se comprende, acompaña y garantiza el ejercicio de derechos de las personas con perfiles neurodivergentes. En la actualidad, el llamado Síndrome de Asperger se encuentra integrado dentro del Trastorno del Espectro Autista (TEA) según la Clasificación Internacional de Enfermedades, 11.ª edición (CIE-11/2022), lo que ha implicado transformaciones significativas tanto en los procesos diagnósticos como en los modelos de intervención y apoyo.
El proceso de identificación de estos perfiles ya no se concibe como la aplicación de una única prueba estandarizada, sino como una evaluación clínica integral y contextualizada. El diagnóstico se basa en la observación del desarrollo, la comunicación social, los patrones de comportamiento y la historia evolutiva de la persona, incorporando entrevistas, escalas de observación y el análisis del funcionamiento en distintos entornos. Desde una perspectiva de derechos, este proceso debe evitar enfoques reduccionistas o estigmatizantes, priorizando la comprensión del perfil individual y las necesidades de apoyo, más que la mera clasificación diagnóstica.
En cuanto a los apoyos y acompañamientos, los enfoques contemporáneos han desplazado la noción de “tratamiento” correctivo hacia estrategias de apoyo centradas en la persona. Tal como señalan modelos del desarrollo como los propuestos por Sally Rogers (2016), el ambiente cumple un rol decisivo: contextos estructurados, predecibles, emocionalmente disponibles y respetuosos de la diversidad favorecen el aprendizaje, la comunicación y la autonomía. Las intervenciones más efectivas son aquellas que promueven habilidades funcionales, autorregulación, comunicación y participación social, siempre mediante ajustes razonables y sin intentar suprimir rasgos identitarios.
Las familias y los educadores constituyen actores clave en este proceso. Su rol no se limita al acompañamiento individual, sino que se extiende a la construcción de entornos inclusivos. El acceso a información basada en evidencia, la formación en neurodiversidad y la adopción de prácticas pedagógicas flexibles permiten sostener trayectorias educativas significativas. Desde el modelo social de la discapacidad, apoyar no significa “normalizar”, sino eliminar barreras, ofrecer apoyos adecuados y reconocer las capacidades diversas.
En los últimos años, se han producido cambios sustanciales en la comprensión del Asperger y del espectro autista en general. La transición hacia un enfoque dimensional, impulsada por la CIE-11 y por los movimientos activistas de personas con autismo, ha contribuido a cuestionar jerarquías diagnósticas y a promover una mirada más inclusiva. Este cambio ha fortalecido el reconocimiento del derecho a la educación, a la salud, al trabajo y a la participación social en igualdad de condiciones, sin distinciones arbitrarias basadas en etiquetas clínicas.
La promoción de la inclusión y la aceptación social requiere acciones sostenidas a nivel institucional, educativo y cultural. Implica sensibilizar a la sociedad, formar profesionales con perspectiva de derechos, garantizar accesibilidad cognitiva y comunicacional, y fomentar políticas públicas que reconozcan la neurodiversidad como parte de la diversidad humana. La universidad, en particular, tiene un rol estratégico en la producción de conocimiento crítico y en la formación de profesionales comprometidos con la igualdad de oportunidades.
En la vida cotidiana, las personas con perfiles históricamente asociados al Síndrome de Asperger suelen enfrentar desafíos vinculados a la comunicación social, la sobrecarga sensorial, la rigidez de los entornos y las barreras actitudinales. Estos desafíos no derivan exclusivamente de características individuales, sino de la falta de ajustes y de la persistencia de modelos normativos que excluyen la diferencia. Reconocer esta realidad es un paso indispensable para avanzar hacia sociedades más inclusivas y respetuosas de los derechos humanos. Conmemorar este día supone, entonces, reafirmar el compromiso con un paradigma que sitúe a las personas neurodivergentes como sujetos de derecho, protagonistas de sus trayectorias y partícipes plenos de la vida social, educativa y cultural.
Dentro de este marco, la Secretaría de Prensa de la Universidad del Salvador (USAL) conversó con Flavia Palavecino sobre cómo se diagnostica el síndrome de Asperger y qué pruebas se realizan para su diagnótico. Al respecto señaló que: “En la actualidad, el denominado “Síndrome de Asperger” se encuentra integrado dentro del Trastorno del Espectro Autista (TEA) según los manuales diagnósticos vigentes (DSM-5-TR y CIE-11). El diagnóstico es clínico, basado en la evaluación interdisciplinaria del desarrollo, la comunicación social y los patrones de comportamiento restringidos o repetitivos. No existen pruebas biológicas específicas; se utilizan entrevistas estructuradas (como ADOS-2 o ADI-R), escalas estandarizadas, evaluación neuropsicológica, valoración del lenguaje y análisis del funcionamiento adaptativo. El proceso debe considerar la historia evolutiva y el contexto sociocultural, en los últimos años la evidencia científica evidencia una tendencia creciente en la detección de casos en las primeras infancias y en la adultez”.
Al consultarle sobre las opciones de tratamiento y apoyo, la docente remarcó que no se trata de “curar”, sino de brindar apoyos personalizados. “Las intervenciones incluyen terapia, con mayor prevalencia cognitivo-conductual, entrenamiento en habilidades sociales, apoyos psicopedagógicos, orientación familiar y, cuando corresponde, abordaje fonoaudiológico o terapia ocupacional. En adultos, resultan clave los programas de inserción laboral con apoyos”. Agregó que “El enfoque actual prioriza la calidad de vida, la autonomía y el respeto por la neurodiversidad, el lema del año pasado fue el hashtag #somosinfinitos, revalorizando la diversidad y la inclusión”.
Para Palavecino es de primera consideración que las familias tengan acceso a la información, la detección temprana y los apoyos reducen notoriamente impactos negativos. “El bienestar familiar, más allá del sostén económico, prever la comunicación familiar y el sostén para que los padres puedan acompañar hace a la calidad de vida. Es fundamental promover entornos estructurados, previsibles y emocionalmente seguros. Se recomienda el uso de apoyos visuales, anticipación de cambios, enseñanza explícita de normas sociales y fortalecimiento de intereses especiales como recursos pedagógicos. La coordinación familia–escuela y la formación docente en educación inclusiva son determinantes”.
Sobre los cambios que se han producido en la comprensión y el tratamiento: “Se ha transitado desde una mirada centrada en el déficit hacia un enfoque basado en derechos y neurodiversidad. Hoy se reconoce la heterogeneidad del espectro, se promueve la detección temprana y se enfatiza la autodeterminación. Asimismo, ha crecido la participación activa de personas autistas en investigación y diseño de políticas públicas”, señaló.
A los fines de cómo promover la inclusión y aceptación social, Flavia Palavecino propone políticas educativas inclusivas, ajustes razonables en el ámbito laboral, campañas de sensibilización y formación comunitaria. “La inclusión implica remover barreras actitudinales y estructurales, garantizando accesibilidad comunicacional y respeto por los estilos cognitivos diversos”.
Para finalizar, nos indica que entre los desafíos más comunes en la vida diaria se encuentran “dificultades en la interacción social recíproca, comprensión de códigos implícitos, regulación sensorial, flexibilidad cognitiva y acceso al empleo. También enfrentan estigmatización y falta de apoyos adecuados, lo que impacta en la salud mental si no se interviene oportunamente.
Hablar de salud mental en la neurodiversidad es una gran deuda pendiente, porque mayormente el enfoque está en la ‘adaptación’ pero los indicadores de depresión han impactado en muchos casos. La exigencia del medio y la falta de apoyos terminan en instancias graves por guardar silencio”.
Referencias:
- Clasificación Internacional de Enfermedades, undécima revisión (CIE-11), Organización Mundial de la Salud (OMS) 2019/2021. https://icd.who.int/browse11.
-Rogers, S. J. (2016). Early Start Denver Model for young children with autism: Promoting language, learning, and engagement. The Guilford Press.
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