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Kevin Zalimben.

Caminar con Fe: la experiencia de Kevin Zalimben en la procesión de Mama Antula

La procesión avanzó lentamente por los senderos del Campus Universitario “Nuestra Señora del Pilar” de la Universidad del Salvador (USAL). Entre autoridades, docentes y miembros de la comunidad universitaria que acompañaron la celebración de la bendición e inauguración del espacio dedicado a María Antonia de San José, llamada “Mama Antula”.

Un estudiante tuvo un rol particular: llevar la imagen de la primera Santa Argentina durante el recorrido junto a Gustavo D’ Urbano, docente del Vicerrectorado de Formación (VRF); Juan Rivas, del Área de Servicios Generales y Javier Cavandoli, de la Secretaria Unificada del Campus de Pilar.

Se trata de Kevin Zalimben, estudiante avanzado de la Licenciatura en Periodismo de nuestra Casa de Estudios, quien participó activamente de la celebración organizada por nuestra Universidad para recordar la misión y el legado espiritual de la religiosa santiagueña.

La figura de Mama Antula, nacida como María Antonia de Paz y Figueroa en el siglo XVIII, se convirtió en un símbolo de perseverancia misionera. Tras la expulsión de los jesuitas del territorio colonial, continuó difundiendo los ejercicios espirituales inspirados en Ignacio de Loyola y recorrió extensas regiones para mantener viva esa práctica espiritual.

La participación de Zalimben surgió a partir de una invitación recibida pocos días antes del encuentro. El primer contacto llegó a través de un mensaje de WhatsApp y luego se formalizó en un encuentro en el Campus de Pilar. “Cuando me invitaron, al principio tuve algunas dudas”, recuerda. “Pero también sentí que era un honor poder acompañar ese momento”.

El estudiante Kevin participa de las actividades de la Pastoral Universitaria del Vicerrectorado de Formación (VRF) de la Universidad, lo que facilitó su integración en la actividad. Sin embargo, reconoce que asumir un rol visible dentro de una celebración religiosa tan importante implica una reflexión previa. “Sabía que iba a haber fotos y registros de tan destacado encuentro, entonces uno también piensa en la imagen que transmite”, comenta. Antes de la celebración, Zalimben buscó prepararse de manera sencilla. Durante la mañana del evento, rezó un rosario, una práctica habitual dentro de la tradición católica.

Según explicó, en ese tipo de oración se suele pedir por el bienestar de otras personas o por el buen desarrollo de una situación determinada. “En este caso pedí que la celebración saliera bien para todos”, señala.

Aunque participó activamente del homenaje, él admite que conocía poco sobre la figura de Mama Antula. “No había escuchado demasiado sobre ella”, reconoce. El proceso de preparación para la celebración le permitió acercarse a su historia y comprender el impacto que tuvo en la difusión de los ejercicios espirituales de San Ignacio de Loyola.

Ese aspecto le resultó especialmente cercano, ya que él mismo participó en un retiro Espiritual Ignaciano, una experiencia espiritual caracterizada por el silencio y la introspección. “Había hecho uno de esos retiros, pero no sabía que ella había tenido un papel importante en promoverlos”, explica.

Zalimben reconoce que la vivencia de la fe no siempre ocupa un lugar central entre los jóvenes de su generación. “Dentro de mi generación es un poco más difícil”, afirma. Muchos de sus amigos no participan en actividades religiosas. “Ellos respetan lo que hago e incluso me felicitan por las actividades en las que participo”, comenta.

El estudiante subraya, además, que su vida cotidiana no difiere demasiado de la de otros jóvenes universitarios. “Soy un chico con los mismos intereses y pasatiempos que cualquier estudiante”, sostiene.

Uno de los momentos más significativos para él fue el momento de la procesión, el recorrido que acompañó la imagen de “Mama Antula” por el Campus de Pilar hacia la Capilla. Desde su perspectiva, ese caminar tuvo un significado simbólico que trasciende el acto religioso. “La vida también puede entenderse como una peregrinación constante”, reflexiona. En ese recorrido, señaló que cada persona deja una marca. “Lo importante es que esa huella sea buena, como la que dejó Mama Antula”.

Al finalizar la jornada, Zalimben resume su participación con una sensación de alegría y gratitud. También considera que participar de la Pastoral Universitaria de nuestra Universidad puede ser un espacio de encuentro para otros estudiantes. Incluso para aquellos que todavía no se acercaron a la vida religiosa, sostiene. Puede convertirse en una oportunidad para compartir experiencias y reflexionar sobre valores como el respeto, la empatía y el compromiso con la comunidad.

 

Por Jimena Rocío Lucero, estudiante de la Licenciatura en Periodismo de la Facultad de Ciencias Sociales, Educación y Comunicación de la Universidad del Salvador (USAL) en el marco de las prácticas educativas de capacitación.

 
 

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