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Adolfina Pérez: cuando la música y el periodismo encuentran una misma voz

Adolfina Pérez creció en Basavilbaso, Entre Ríos, una localidad de apenas diez mil habitantes, donde —según recuerda— “te conocen por nombre y apellido”. Ese rasgo comunitario, lejos de ser un límite, fue el primer impulso para animarse a cantar, subirse a escenarios locales e imaginar un futuro ligado al arte. Hoy, mientras cursa la Licenciatura en Periodismo en la Universidad del Salvador (USAL), combina su formación académica con una vocación musical que nunca dejó de acompañarla.

“Tuve una infancia muy feliz acá”, cuenta sobre su ciudad natal. La libertad de moverse sin horarios estrictos, la cercanía del barrio y una adolescencia vivida con confianza marcaron sus primeros años. La música, en ese contexto, apareció de forma natural: viajes en auto con canciones sonando de fondo y una fuerte influencia familiar. “Mi papá ponía mucha música cuando yo era chica. Creo que se lo adjudico bastante a eso”, recuerda.

A los nueve años comenzó a tomar clases de canto, aunque para eso debía viajar hasta Gualeguaychú, ya que en su pueblo no había formación musical. Sin embargo, esa misma escala reducida le permitió algo clave: empezar a cantar en festivales y bares locales, frente a un público conocido. “Estaba bueno porque vas ganando seguridad. Ves a la gente que conocés y eso te da confianza”, explica.

Del primer pago al sueño profesional
Hubo un momento bisagra que la llevó a pasar de la música más del hobby. Fue cuando la contrataron para cantar en un bar y tuvo que armar su propio repertorio. “Me dijeron que podía elegir lo que yo quisiera cantar. Eso me encantó”, afirma. 

Desde entonces la idea de dedicarse profesionalmente empezó a tomar forma: “Desde muy chica lo pensé como mi objetivo, como mi sueño”.

Esa búsqueda la llevó a participar de un intensivo en la Academia de Cris Morena, experiencia que recuerda con entusiasmo. Tras enviar un video cantando y recibir la confirmación por mail, la emoción fue inmediata. “Me puse la música al palo en el auto. Fue la primera vez que audicioné para algo y quedé”, cuenta.

Aunque el intensivo duró solo cinco días, fue suficiente para abrirle una puerta simbólica al mundo del espectáculo. “Te sentías dentro de una novela”, dice. Sin embargo, lejos de idealizarlo, la experiencia también le sirvió para reafirmar su eje principal: la música. “Me ayudó a entender que el canto es lo que realmente quiero, y que el baile o la actuación pueden ser complementos”.

Periodismo: la otra vocación
La elección de la carrera no fue difícil. Desde el colegio, Adolfina se sentía cómoda hablando en público, participando en la radio escolar o en actos. “Siempre me gustó comunicar”, señala. Con el tiempo, descubrió que también le atraían las materias de humanidades y comunicación social, y la decisión se volvió clara. 

Eligió la USAL por una combinación de tradición familiar y clima académico. “Me dijeron que era un ambiente muy acogedor, con contacto directo con los profesores. Y es verdad: me siento muy cómoda”, afirma. El barrio y la escala de la universidad terminaron de cerrar esa elección.

Estudiar en Buenos Aires, lejos de su familia, implicó un desafío emocional. Hija única y muy unida a sus padres, la adaptación no fue sencilla, pero la ciudad le aportó herramientas. “Buenos Aires no te deja quedarte quieta, tenés que seguir su ritmo”, reflexiona.

Dentro de la Universidad, destaca especialmente el vínculo con sus compañeras. “Me hice un grupo de cinco amigas desde el primer día. Son el motor para tener ganas de ir todos los días”, dice, y resalta también el rol de los docentes: “Hacen sentir que tu palabra importa”.

Además de compartir covers en redes sociales, Adolfina tuvo experiencias en vivo que recuerda con entusiasmo. “Me siento muy cómoda en el escenario. Me gusta mucho grabar”, asegura. Aunque por cuestiones de agenda no pudo cantar tanto como hubiera querido, hoy busca reactivar ese camino, contactándose con bares y centros culturales.

Durante el año pasado atravesó un momento de quiebre, cuando la exigencia académica la llevó a dejar la música de lado. “Me sentía mal anímicamente”, admite. Fue entonces cuando entendió que no podía abandonarla. “La música es lo que me recarga de energía. Ese es mi sustento”.

Reconoce que el arte implica una montaña rusa emocional: dudas, inseguridades y, a veces, palabras ajenas que devuelven confianza. “Juega mucho con las emociones”, resume.

Música y periodismo: dos lenguajes que dialogan
Para Adolfina, subir a un escenario y salir a buscar una historia no son experiencias tan distintas. Ambas implican una exposición, nervios y la necesidad de conectar. “El periodismo también tiene algo artístico”, afirma. Esa mirada se refleja en su interés por contar historias ligadas a la cultura y la música.

A futuro, imagina un cruce entre ambas pasiones. Sueña con trabajar de periodista musical —menciona premiaciones como los Grammy— y también con concretar un proyecto personal largamente postergado: grabar su primera canción. “Este año quiero contactar a un productor, grabar un tema y subirlo a Spotify”, confiesa. 

Entre la palabra y la melodía, Adolfina Pérez construye un camino propio, donde la comunicación y el arte no se oponen, sino que se potencian. Un recorrido que recién empieza, pero ya tiene una certeza: la música, como la voz, no se apaga.


 

Por Jimena Rocío Lucero, estudiante de la Licenciatura en Periodismo de la Facultad de Ciencias Sociales, Educación y Comunicación de la Universidad del Salvador (USAL) en el marco de las prácticas educativas.
 

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