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Experiencia Work Camp “Subir al Sur”

Los alumnos USAL, Catalina Canosa, estudiante de la carrera Servicio Social, y Nicolás Ramos, estudiante de la carrera de Medicina, fueron seleccionados a través del Área de Responsabilidad Social Universitaria y Acción Social de la Secretaría de Bienestar Estudiantil para ser beneficiarios de la beca Work Camp brindada por Subir al Sur.

Catalina y Nicolás participaron siete días como voluntarios en Villa Ana, Santa Fe, en el mes de julio, realizando tareas en conjunto con más voluntarios como: 
- Reconstruir el centro cultural a través de la bio-construcción.
- Brindar talleres a la comunidad de temáticas específicas de sus carreras. 

Estas fueron: 
"Lavado de manos” dirigido a los niños de la comunidad.
"Reanimación cardio-pulmonar” dirigido a los voluntarios, madres y adolescentes de la Comunidad.
"Violencia de Género" a mujeres de la comunidad.

La Secretaría de Bienestar Estudiantil comparte a toda la Comunidad USAL, parte de los testimonios de los alumnos respecto a la experiencia. 

Catalina Canosa, alumna de la carrera de Servicio Social, reflexionó sobre la técnica de bio-construcción: “Nunca pensé que realizar esta técnica iba a ser una experiencia tan transformadora ¿Qué es hacer bio-construcción? Es realizar una construcción con materiales de procedencia local y con un bajo impacto ambiental para lograr que la edificación sea sostenible. Si lo vemos en las tareas concretas que llevamos a cabo en Villa Ana, significó recolectar lo que íbamos a necesitar (adobe, pasto y agua), combinar esos componentes, hacer bollitos con la mezcla y, luego, lanzarlos y desparramarlos en la pared para lograr fortalecerla. Ahora bien, ¿Qué significó para mí hacer bio- construcción en Villa Ana?

Déjenme ejemplificarlo de esta manera. Estábamos sentados en nuestro cuarto Nicolás, Natalia y yo. Traje mi libreta y comenzamos a pensar cómo íbamos a lograr que los niños del comedor al que íbamos a visitar comprendan realmente la importancia del lavado de manos. Nicolás estudia Medicina entonces conoce muy bien la explicación biológica del tema, Natalia se desenvuelve muy bien con los niños y sabe cómo encarar las actividades de una manera más lúdica, y yo soy muy curiosa y trato de pensar y repensar distintas maneras de poder llevar a cabo un ejercicio. Los tres logramos una combinación muy poderosa y pudimos armar un taller sencillo pero muy enriquecedor para los niños de Villa Ana.

Cada integrante del grupo era una pieza fundamental para ayudarnos y potenciarnos. Cada uno poseía un enfoque distinto debido a las diferentes disciplinas que ejercemos y las experiencias que traemos con nosotros. Por esa razón, al unirnos logramos hallar una manera especial y distinta de abordar las actividades que nos proponíamos. De esta manera, rescato la importancia del trabajo interdisciplinario. Estoy convencida que el taller fue muy beneficioso debido al trabajo en equipo que logramos. De eso se trató para mí hacer bio-construcción, de mezclar todos los componentes. Unir el pasto y el agua al barro. Esto forma una pasta simple pero que muestra que, sin uno de los elementos, la pasta estaría mal hecha y la pared se derrumbaría. En cambio, la mezcla correcta de estos ingredientes generará una pared fuerte y duradera”. 

Nicolás Ramos, estudiante de la carrera de Medicina expresó: ¨...el haber podido ser parte de la concientización en el conocimiento de las prácticas de RCP y uso de DEA (aunque aún no cuenten con uno de estos dispositivos en la localidad), me pone muy feliz.

A modo personal, creo que el verdadero arte de la medicina no está en curar, sino en prevenir, y lo que realizamos en esos dos talleres brindados a la comunidad, fue medicina preventiva en estado puro.

Con que uno solo de esos niños no contraiga una enfermedad porque se lavó las manos antes de comer, después de jugar o después de ir al baño; y con que uno solo de los presentes en el taller de RCP, sea un potencial rescatador de una víctima en parada cardiaca, no solo me siento realizado como estudiante y futuro médico, sino como persona.

Villa Ana y la gente de la Asociación Civil Quebrachito, que nos recibieron, tienen una magia y una energía que es muy enriquecedora.

Me traje muchísimas anécdotas, miradas, risas, actos, charlas, conocimientos, saberes, lagrimas, emociones, sentimientos y un sinfín de valores recolectados de le gente y del lugar, que no solo me servirán para seguir caminando, y para futuros voluntariados, sino para mi crecimiento como ser humano.

Me siento inmensamente agradecido a Bienestar Estudiantil que me dio la oportunidad de quedar seleccionado, a Fundación SES por su labor y a la asociación civil Quebrachito, por todo lo vivido y aprendido.

Sin duda, fue una de las experiencias más hermosas que me tocó vivir en la vida”. 


 

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