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Enrique Shaw: Esposo, Padre y Empresario, será Beato

El Venerable Siervo de Dios Enrique Shaw será proclamado Beato, según un Decreto promulgado por el Papa León XIV. La decisión se basa en el reconocimiento de la curación milagrosa de un niño atribuida a su intercesión y en la evaluación integral de una vida marcada por la coherencia cristiana, tanto en el ámbito empresarial como en el familiar.

El proceso de beatificación valoró no solo hechos extraordinarios, sino la constancia de su testimonio en la vida cotidiana. A través de procedimientos históricos y científicos, la Iglesia reconoció en Shaw una trayectoria de fe encarnada en las responsabilidades diarias.

Además de su compromiso social y laboral, la causa destacó su modo de vivir los vínculos más íntimos. La Iglesia considera relevante la conducta en el ámbito familiar, y en este aspecto Shaw se distinguió como esposo y padre dentro del hogar que formó con Cecilia Bunge.

Esa dimensión se refleja en el libro “Enrique y Cecilia: Cartas de amor”, de su nieta Sara Critto de Eiras, que reconstruye el noviazgo a partir de una rica correspondencia. Las cartas revelan un amor respetuoso y maduro, que creció hasta el matrimonio y se prolongó en una vida familiar centrada en el diálogo y el cuidado mutuo.

Aunque el lenguaje responde a los usos de la época, las cartas revelan una relación afectuosa y consciente, marcada por el mutuo cuidado y la construcción compartida de acuerdos y proyectos. Ese amor se prolongó luego en la vida familiar, como relatan sus hijas en diversas entrevistas difundidas en redes sociales.

Según esos testimonios, el hogar era para Enrique Shaw el centro de la vida cotidiana: el espacio del diálogo, de la bendición de la mesa, del juego con los hijos pequeños, de la escucha atenta a los adolescentes y del descanso compartido. El reencuentro diario con su familia era, para él, el cierre privilegiado de una jornada laboral exigente.

Sus hijos recuerdan que lo esperaban con entusiasmo, atraídos por su buen humor y su permanente disponibilidad. Un gesto elocuente de su personalidad era que, al llegar a casa, lo primero que hacía era preguntar cómo se encontraba su esposa. Shaw sostenía de manera deliberada una actitud sonriente en la vida familiar, desafiando la idea extendida de que el cansancio justifica el malhumor.

Esta vivencia concreta de la familia dialoga con lo que el Papa Francisco expresa en la Exhortación Apostólica Amoris Laetitia, donde define al hogar como el “hospital más cercano” y como un ámbito privilegiado de sanación, estímulo mutuo y crecimiento espiritual (n. 321).

En un tiempo que sigue necesitando referentes cercanos, la figura de Enrique Shaw ofrece un modelo posible de vida familiar vivida con coherencia, paciencia y amor en medio de límites reales. Como recuerda Francisco, “ninguna familia es una realidad celestial y confeccionada de una vez para siempre, sino que requiere una progresiva maduración en su capacidad de amar” (n. 325).

En ese camino de maduración, la ejemplaridad de la vida familiar se vuelve un bien moral y espiritual de alto valor social. Como advierte el papa León XIV en Dilexit Te, existen pobrezas que no son materiales, sino morales y espirituales. Frente a ellas, testimonios como el de Enrique Shaw pueden actuar como antídoto, promoviendo vínculos más humanos, pacíficos y constructivos.

Por la Prof. Victoria Scarpatti, Directora del Departamento de Filosofía del Vicerrectorado de Formación de la Universidad del Salvador. 
 

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