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Nuestra Universidad comprometida con una perspectiva humanista e inclusiva

Cada 21 de marzo se conmemora el Día Mundial del Síndrome de Down, una fecha instaurada por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) con el objetivo de promover la conciencia pública, la igualdad de derechos y la plena inclusión social de las personas con esta condición genética. 

La docente de la Facultad de Psicología y Psicopedagogía de la Universidad del Salvador (USAL) y Consultora Internacional en Discapacidad, Flavia Palavecino, nos comparte un informe sobre el Síndrome de Down.

El Síndrome de Down es una condición genética causada por la presencia de una copia adicional del cromosoma 21, lo que se conoce como trisomía 21. Esta condición forma parte de la diversidad humana y no debe ser comprendida únicamente desde una perspectiva biomédica, sino también desde un enfoque social y de derechos, tal como lo plantea la Organización Mundial de la Salud (2011) y la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad de la Organización de las Naciones Unidas (2006).

En Argentina la estadística informa que hay 46.002 personas con Síndrome de Down en el país. Los datos disponibles evidencian persistentes brechas en el acceso a derechos para las personas con síndrome de Down. Un 58% de quienes declaran no tener cobertura médica son niños y niñas, lo que revela desigualdades tempranas en el acceso al sistema de salud. En el ámbito educativo, las dificultades también son significativas: el 17% de las personas entre 3 y 17 años nunca ingresó al sistema educativo, y el 48% de los mayores de 12 años no accedió al nivel secundario, mientras que solo el 3% alcanzó estudios terciarios o universitarios. Estas limitaciones impactan directamente en la inclusión laboral: el 66% no cuenta con formación para el empleo, el 85% permanece fuera del mercado laboral y, aun entre quienes recibieron capacitación, el 93% no logra acceder a un trabajo. Asimismo, los niveles de autonomía residencial son muy bajos —apenas el 0,14% vive de manera independiente— y persisten déficits estadísticos relevantes, ya que 12.759 niños y niñas con síndrome de Down continúan sin ser registrados en los censos desde 2010, lo que dificulta la planificación de políticas públicas basadas en evidencia.

En el marco de esta conmemoración, distintas instituciones educativas, organizaciones sociales y comunidades académicas impulsan acciones destinadas a visibilizar las capacidades, los aportes y el derecho a la participación plena de las personas con Síndrome de Down en todos los ámbitos de la vida social: educación, trabajo, cultura y vida comunitaria.

Esta fecha invita a reflexionar sobre la necesidad de construir comunidades que valoren la diversidad, reconociendo que la inclusión no es solo un ideal ético, sino también una responsabilidad colectiva.

La Universidad del Salvador (USAL), comprometida con una perspectiva humanista e inclusiva, reconoce la importancia de fortalecer la producción de conocimiento, la formación profesional y la sensibilización social en torno a la discapacidad. Promover entornos accesibles, eliminar barreras actitudinales y favorecer políticas inclusivas constituyen desafíos centrales para avanzar hacia sociedades más justas.

Flavia Palavecino, señaló que “La promoción de la inclusión se desarrolla a través de múltiples estrategias. Entre ellas se destacan las campañas de sensibilización pública, la educación inclusiva, la difusión de información basada en evidencia científica y la promoción de marcos normativos alineados con los derechos humanos y la promoción de la vida independiente.

Las universidades, los medios de comunicación y las organizaciones de la sociedad civil cumplen un rol central al visibilizar experiencias de participación social, promover lenguajes respetuosos y cuestionar estereotipos históricos asociados a la discapacidad. Estas acciones contribuyen a desplazar miradas asistencialistas hacia enfoques centrados en la autonomía, la dignidad y la participación social”.

En base al Informe que nos acerca y a los aportes de Flavia Palavicino, la Secretaría de Prensa  le consultó  sobre cómo se puede mejorar la calidad de vida de estas personas. Al respecto, señaló que “La mejora de la calidad de vida requiere una perspectiva integral que articule salud, educación, participación social y apoyo familiar. El acceso temprano a programas de estimulación y acompañamiento interdisciplinario favorece el desarrollo de habilidades cognitivas, comunicativas y sociales.

Asimismo, la educación inclusiva, el acceso al empleo con apoyos adecuados, la participación cultural y deportiva, y el reconocimiento de la capacidad jurídica constituyen factores fundamentales para garantizar trayectorias vitales más autónomas.

Desde un enfoque de derechos, mejorar la calidad de vida implica también reducir barreras estructurales —arquitectónicas, comunicacionales y actitudinales— que restringen la participación plena en la vida comunitaria. Asimismo, resulta fundamental cuestionar prácticas culturales persistentes, como la infantilización de las personas con síndrome de Down, que tiende a representarlas socialmente como “niños eternos”. Diversas campañas de sensibilización impulsadas por organizaciones de la sociedad civil, entre ellas las promovidas por Down Syndrome International en el marco del Día Mundial del Síndrome de Down, han buscado precisamente interpelar estos estereotipos —por ejemplo, a través de consignas como “Síndrome de números o Iguales de Distintos”— con el objetivo de reafirmar la igualdad, la dignidad y el derecho a la participación plena dentro de la sociedad”.

Agregó: “La familia constituye el primer entorno de cuidado, socialización y construcción de la identidad. Su rol es clave en el acompañamiento afectivo, el acceso a apoyos terapéuticos y educativos, y la promoción de expectativas positivas respecto del desarrollo y la autonomía. Por tanto, es vital como comunidad educativa, cobijar a las familias, con información clara desde una mirada humanizada.

Sin embargo, la inclusión no puede recaer exclusivamente en las familias. La comunidad, las instituciones educativas, el sistema de salud, el ámbito laboral y las políticas públicas deben constituirse como redes de apoyo que acompañen los procesos de inclusión social".

Finalizó señalando que la evidencia muestra que cuando existen comunidades informadas, entornos accesibles y políticas inclusivas, las personas con Síndrome de Down pueden desarrollar proyectos de vida significativos, participar activamente en la sociedad y ejercer plenamente sus derechos.
 

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