Personas compasivas
Retomamos la presentación de la “excelencia humana” en la perspectiva de la Pedagogía Ignaciana, refiriéndonos esta vez a la tercera cualidad: la compasión.
Personas compasivas son aquellas “capaces de abrir su corazón para ser solidarias y asumir sobre sí el sufrimiento que otros viven”, así se expresaba el Seminario Internacional sobre Pedagogía y Espiritualidad Ignacianas, celebrado en Manresa (España) en 2014. En ese sentido, ser compasivo no es equiparable a experimentar sentimientos de simple pena o lástima.
El vocablo compasión, lo podemos traducir literalmente como padecer o sufrir con otro. El mismo origen tienen los términos apatía, simpatía, telepatía, etc. De forma similar, la sicología a principios del siglo XX acuñó el concepto de empatía para indicar la participación de un individuo en los sentimientos, conducta, ideas, posturas intelectuales de otro
Ahora bien, la persona competente y consciente, lejos de encerrarse en un sentimiento pasivo o depresivo ante las penurias de personas o grupos sociales, adopta una actitud de compasión activa. Tras abrir los ojos ante la realidad dolorosa de nuestro mundo; la compasión auténtica mueve a la acción.
Johann Baptist Metz propone una “mística de ojos abiertos”, atenta al sufrimiento del otro y mirar más allá de nuestros pequeños intereses y preocupaciones que nos vuelven indiferentes o resignados. La compasión, a diferencia de la lástima o la emotividad pasajera, es un motor de esperanza en la posibilidad de remover las causas de tanta humanidad herida.
De este modo, la compasión lleva a la solidaridad entendida no como un sentimiento superficial y pasajero, sino como la "determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común" (Juan Pablo II). Para ello la universidad es un ámbito muy propicio para ejercitarse –profesores y estudiantes– en una mirada sistemática del sufrimiento humano y ofrecer propuestas superadoras.
La raíz cristiana de la compasión la encontramos en el propio Jesús que “se conmovió hasta las entrañas” cuando vio la multitud cansada y sin pastor o cuando se encuentra con el leproso, el ciego, el paralítico y tantos otros. Ante ellos, no pasa de largo, sino que cura, enseña y restaura.
San Ignacio en los Ejercicios Espirituales traza una pedagogía para llegar a conocer y “sentir” internamente la compasión de Dios. De esa experiencia brota la respuesta personal –el compromiso– de ser compasivos como nuestro Padre es compasivo.
Mg. Eloy Mealla
Seminario Permanente Pedagogía Ignaciana
Vicerrectorado de Formación (VRF) de la Universidad del Salvador (USAL)
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